Por mucho que Benassi lo esconda, Lendoiro fue el presidente del Dépor que ganó la Liga

Donato, en el 25º aniversario de la Liga del Dépor. / RCD
Resultaría ridículo que el Deportivo cierre el 25º aniversario del título de Liga del 2000 sin contar con Augusto César Lendoiro, artífice de aquella gesta.

El Real Club Deportivo de La Coruña ha conmemorado este viernes en la explanada de O Parrote el 25º aniversario del mayor hito de su historia: la Liga ganada el 19 de mayo del año 2000. Lo ha hecho con una escultura espectacular que inmortaliza el salto y remate de Donato, el gol que abrió el camino al título. Con tecnología punta, impresión 3D y un relato épico, el club ha querido rendir homenaje a aquella gesta irrepetible. Ha querido hablar de orgullo, de legado, de identidad. Pero, en el proceso, se ha olvidado de algo fundamental: de nombrar a quien hizo posible todo aquello. De reconocer públicamente al arquitecto del milagro. De citar, siquiera una vez, a Augusto César Lendoiro.

Porque sí, el Deportivo ganó aquella Liga. Pero no la ganó por accidente. No fue fruto del azar ni de una alineación cósmica. Fue la culminación de un proyecto que llevó casi dos décadas de construcción, visión y esfuerzo. Y ese proyecto tiene un nombre propio: Lendoiro. Resultaría ridículo que el Deportivo cierre el 25º aniversario del título de Liga del 2000 sin contar con Augusto César Lendoiro, artífice de aquella gesta.

Fue él quien soñó en grande cuando nadie lo hacía. Fue él quien convirtió a un club modesto en un referente europeo. Fue él quien trajo a Riazor a Donato, a Djalminha, a Mauro Silva, a Makaay. Fue él quien convenció a Irureta. Fue él quien creyó que A Coruña podía mirar de tú a tú a Madrid y Barcelona. Y lo consiguió. No solo llevó al Dépor a ganar la Liga. Hizo posible vivir la Champions en A Coruña, con remontadas legendarias y noches europeas que aún erizan la piel.

Hoy, 25 años después de aquella gloria, el Deportivo que gestiona el italiano Massimo Adalberto Benassi parece empeñado en reescribir la historia. En silenciar al hombre que la escribió. En sustituir su nombre por una escultura, unas camisetas doradas y una narrativa que prescinde del pasado incómodo. Como si el Deportivo se hubiera hecho solo. Como si el gol de Donato hubiese caído del cielo sin que nadie lo fichara, lo trajera, lo mantuviera.

El presidente más importante en la historia del club

Augusto César Lendoiro no es un personaje cualquiera del pasado. Es el presidente más importante en la historia del club. Su exclusión de los actos conmemorativos no es solo una falta de cortesía. Es una ofensa a la memoria colectiva del deportivismo. Es un intento burdo de enterrar un legado incómodo para quienes hoy ocupan los despachos de Riazor. Es, también, una falta de gratitud hacia alguien que puso a A Coruña en el mapa del fútbol mundial.

No se puede invocar el espíritu del 2000 sin Lendoiro. No se puede hablar de unidad, lucha y fe –como dice el eslogan de este aniversario– mientras se margina al principal artífice de todo aquello. No hay IA, ni impresión 3D, ni camisetas limitadas que puedan sustituir la verdad: la historia del Dépor campeón se escribió con trabajo, con ilusión... y con un nombre al frente.

Augusto César Lendoiro, el mejor presidente de la historia del Deportivo. / Movistar +

La historia no se reescribe

Lendoiro puede no estar hoy en el palco. Puede no formar parte de la estructura actual del club. Puede, incluso, incomodar a algunos por su estilo o sus decisiones pasadas. Pero no se le puede borrar. Porque borrar a Lendoiro es borrar al Dépor. Y el deportivismo, ese que aún se emociona con el gol de Donato, no lo va a permitir.

La memoria no se imprime. La gratitud no se simula. La historia no se reescribe. Se honra. Y todavía están a tiempo de hacerlo. Porque sin memoria, no hay identidad. Y sin identidad, el futuro que tanto se invoca en los discursos se convierte en un eco vacío. Por mucho que Benassi lo esconda, Lendoiro fue el presidente del Dépor que ganó la Liga. @mundiario