Se marcha el autor del último gol en el Calderón

Una bufanda con el escudo del Atlético de Madrid. / www.atleticodemadrid.com
Ángel Correa se va del Atleti tras casi 500 partidos y con el cariño de la afición colchonera. Tigres de México será su nuevo club.

Ángel Correa se marcha del Atlético como se ha pasado la vida: sin ruido, pero dejando huella. Lo suyo no fue una carrera de focos sino de fondo, de esas que construyen la identidad de un club. Llegó desde Argentina con un sueño y un tumor en el corazón, y se va como el último goleador del Vicente Calderón, como campeón de Liga y como símbolo de fidelidad. Sin levantar la voz, se ganó el alma del Metropolitano.

Su historia es un ejemplo de superación que define el escudo que defendió. Cuando más fácil era rendirse, Correa se operó, se recuperó y peleó por cada minuto. El club confió en él y él devolvió cada segundo con entrega absoluta. No fue el más titular ni el más rutilante, pero sí el más útil en mil noches importantes. Un soldado del Cholo que asumió sin protestar de que el banco era parte de su rol.

Marcó goles decisivos, como el que encendió la remontada de aquella Liga 2020-21 en Valladolid. También dejó su nombre grabado en la historia al ser el último en marcar en el viejo Calderón, como si el destino le guardara siempre un sitio en las páginas de la memoria colchonera. Porque hay goles que valen campeonatos y otros que valen eternidad. Correa tuvo de los dos.

En esta temporada final volvió a demostrar por qué era irreemplazable en lo intangible. Jugó casi todo desde el banquillo y respondió como siempre: con eficacia y profesionalismo. Ocho goles y cinco asistencias hablan por él, pero más lo hace su actitud. Jamás un reproche, jamás un gesto torcido. En un fútbol de egos, él fue la excepción que enaltece el grupo.

Ahora emprende vuelo hacia México, hacia Tigres, con una maleta llena de recuerdos y un dorsal 10 que en el Atleti queda huérfano. Se va el jugador, pero se queda el símbolo. Porque a veces los ídolos no hacen ruido; simplemente trabajan, marcan, levantan al equipo cuando más lo necesita… y se marchan con una ovación que les acompaña para siempre. @mundiario