Lección en Leganés: Antonio Hidalgo toma nota para reconstruir al Dépor
El empate 2-2 del Deportivo en Butarque no fue un simple punto rescatado sobre la bocina. Fue, más bien, un espejo incómodo en el que el equipo coruñés se vio reflejado: vulnerable atrás, dependiente de fogonazos individuales y salvado por la fe de un debutante inesperado. Mulattieri, con un gol casi improvisado y un penalti provocado, evitó que la tercera jornada se convirtiera en una primera crisis.
Lo preocupante no es tanto el resultado —empatar en Leganés nunca es un mal botín—, sino la sensación de fragilidad. En once segundos, el Dépor ya perdía. En treinta y tres, encajaba el segundo. Y lo hacía repitiendo errores básicos: desajustes en la defensa, falta de contundencia en los despejes y una alarmante incapacidad para imponerse en los duelos individuales.
Antonio Hidalgo leyó el partido tarde, pero al menos lo leyó. Su volantazo al descanso, con tres cambios de golpe, no solo agitó el once: expuso la evidencia de que el equipo aún está en construcción y que el técnico busca soluciones de emergencia partido tras partido. La apuesta de reconvertir piezas y confiar en el desparpajo de los jóvenes surtió efecto, aunque con mucho sufrimiento. Pero depender de planes improvisados semana tras semana es caminar sobre un alambre.
El contraste lo marcó el Leganés, que con una propuesta simple y directa desnudó al Dépor. No necesitó elaboraciones barrocas: solo envíos a sus delanteros y un uso eficaz del cuerpo y el espacio. Fue suficiente para que Comas, Barcia y compañía parecieran juveniles ante delanteros de oficio. El fútbol de Segunda no perdona la blandura, y el Dépor parece no haberlo aprendido todavía.
Y sin embargo, en medio de tanto desorden, emerge la figura de Mulattieri como símbolo de esperanza. Llegó casi en silencio, debutó en un contexto hostil y en apenas veinte minutos dio un golpe de autoridad que ya le convierte en protagonista. Su descaro contrasta con la fragilidad colectiva. Si el Dépor quiere aspirar a algo más que a sobrevivir en la jungla de la categoría, necesitará mucho más Mulattieri y mucha menos condescendencia defensiva. El empate en Butarque fue una lección: el talento es imprescindible, pero sin dureza competitiva ni oficio no hay ascenso posible. @mundiario