La lacra del racismo no deja de sembrar veneno en los campos españoles

Una acción del partido entre el Real Oviedo y el Real Madrid. / www.realmadrid.com
La prensa reporta que Vinicius y Mbappé sufrieron insultos racistas durante la victoria del Real Madrid 0-3 ante el Oviedo en el Tartiere.

Los viejos fantasmas del fútbol volvieron a aparecer en el Carlos Tartiere. Durante la celebración del 0-1 de Mbappé y en el momento en que Vinicius ingresaba al terreno de juego, al menos dos individuos profirieron sonidos simiescos desde la grada. Según reporta el periodista del diario As, Sergio López, el ambiente, en general ejemplar entre casi 30.000 aficionados, quedó manchado por unos pocos cuya actitud vuelve a poner en evidencia un problema estructural que el fútbol español no consigue erradicar.

El Día Después captó las imágenes que muestran de manera inequívoca lo sucedido. En pleno festejo del delantero francés, los “uh, uh, uh” resonaron como un eco vergonzante que, minutos después, se repitió cuando el brasileño saltó al césped. Dos gestos cobardes, aislados en número pero demoledores en su significado: la persistencia de un racismo que, pese a las campañas y los castigos, sigue infiltrado en ciertos sectores de la grada.

La indignación no tarda en sumar precedentes y lamentablemente los insultos racistas se han repetido en la última década con Vinicius como principal víctima en los campos españoles, pero no la única. Mbappé, Iñaki Williams, Lamine Yamal o Raphinha también han sido blanco de esta lacra. Y aunque la justicia ha dictado condenas —como las recientes penas a cinco ultras del Valladolid—, los episodios se multiplican y revelan un fracaso colectivo en la prevención.

LaLiga ha reaccionado con firmeza y estudia medidas inmediatas para identificar a los responsables y poner el caso en manos de la justicia. La organización ha reiterado en numerosas ocasiones que “el odio es un delito”, y que quienes lo practican no tienen cabida en los estadios. La presión mediática y la acción judicial serán claves para que los autores no solo sean expulsados, sino también castigados.

El fútbol español vive una contradicción permanente: es escaparate mundial de talento y pasión, pero arrastra la sombra de una intolerancia minoritaria que hace un ruido ensordecedor. Mbappé y Vinicius, símbolos de modernidad y diversidad, merecen respeto, no vejaciones. La batalla no se gana con comunicados, sino con sanciones ejemplares y una cultura que de una vez por todas expulse al racismo de las gradas. Hasta entonces, cada episodio será una herida abierta en el deporte y en la sociedad. @mundiario