¿Justicia en el Balón de Oro? Lo que pasó con Iniesta lo dice todo
Se viene la gala del Balón de Oro, un galardón que, en lugar de convertirse en una fiesta para reconocer lo mejor de este deporte que amamos, se ha transformado con los años en un nido de controversias.
Cada edición, la gala pretende envolvernos en emoción, pero nunca lo logra. Lo que debería ser una fiesta del talento termina en un desfile vacío de discursos planos y gestos ensayados. Quizás sea culpa del formato, quizá de los protagonistas, pero lo cierto es que nada de lo que ocurre allí resulta memorable.
Y luego está la herida más profunda: Andrés Iniesta jamás lo ganó. El jugador que mejor entendió el fútbol como arte colectivo, el que dio brillo a los demás sin buscar el foco, fue ignorado por el palmarés. Si él no mereció levantarlo, ¿qué mide en realidad este galardón? ¿Goles, flashes, marketing?
La ostentación del premio choca con la esencia humilde del juego. Se premia al que más ruido genera, al que monopoliza portadas y cifras, mientras se ignora lo invisible: la pausa, la inteligencia, la mirada que cambia un partido sin necesidad de golpear la red. El fútbol también vive en esas sutilezas que nunca entran en las quinielas.
Por eso, cuando llega la semana del Balón de Oro, me desconecto. No es indiferencia, es convicción. El fútbol que amo no cabe en un trofeo dorado ni en una gala televisada. Y sigo esperando el día en que se premie lo esencial, lo intangible, aquello que hace eterno al juego más hermoso del mundo. @mundiario