JJ clama por un cambio profundo en Eurovisión sin la participación de Israel
Eurovisión 2025 ya tiene ganador, pero el sabor que ha dejado esta edición del certamen es, para muchos, agridulce. Johannes Pietsch, más conocido como JJ, no solo ha conquistado el escenario europeo con su desgarrador tema Wasted Love, sino que ha aprovechado su altavoz para denunciar lo que considera una incoherencia estructural en el festival: la participación de Israel en medio de una guerra en Gaza y la creciente censura a los símbolos LGTBI+ en la escenografía oficial.
Austríaco por parte de padre y filipino por parte de madre, criado en Dubái y formado en los escenarios líricos de Viena, JJ representa la síntesis de una Europa diversa que aún no sabe cómo gestionarse a sí misma. Su victoria supone una afirmación artística y política. No solo es el primer contratenor que gana el certamen desde su creación, sino también uno de los pocos artistas que ha osado hablar abiertamente de boicot, exigiendo la exclusión de Israel de futuras ediciones si no se aclaran las condiciones de su participación.
Lejos del discurso triunfalista que suele acompañar estas galas, JJ se ha mostrado crítico, especialmente con la opacidad del televoto. “Todo fue muy extraño”, ha dicho, en referencia a la repetida tendencia de que Israel encabece las preferencias del público, un hecho que ha encendido las alarmas en varias delegaciones, incluida la española, que ha pedido una auditoría independiente del proceso. En este mismo sentido, la televisión pública belga ha amenazado con abandonar el certamen si la organización no ofrece explicaciones convincentes.
JJ no se ha limitado a cuestionar el sistema de votación: también ha señalado la hipocresía del festival respecto a la visibilidad queer. Pese a declararse un espacio inclusivo, la organización prohibió mostrar banderas LGTBI+ en el escenario, lo que llevó al joven a intentar introducir una de contrabando en su actuación. Fue interceptado por la seguridad minutos antes de salir al escenario. El gesto frustrado no ha hecho sino subrayar la distancia entre el mensaje oficial del certamen y su realidad operativa.
El artista no es ajeno a los códigos narrativos del drama. Amante de la ópera desde la adolescencia, JJ encontró en Puccini la clave de su vocación, y en Tosca el germen de su sensibilidad escénica. Ese mismo pathos emocional es el que impregna Wasted Love, una pieza de aire lírico con producción contemporánea, que fue escenificada con precisión por el escenógrafo español Sergio Jaén. La puesta en escena no fue solo un ejercicio estético, sino una metáfora visual del desarraigo, el desamor y la deriva identitaria.
Detrás del personaje, hay también una historia personal de descubrimiento y reivindicación. Tras una infancia protegida en Emiratos Árabes, JJ comprendió la verdadera dimensión de la libertad cuando se instaló de nuevo en Viena. Allí, frente al televisor, vio por primera vez una final completa de Eurovisión. Era 2014 y ganaba Conchita Wurst. Para JJ fue un punto de inflexión. Como después lo sería Nemo, otro referente queer que ha logrado abrir grietas en la narrativa oficial del festival.
JJ recoge ahora ese testigo y lo lanza con fuerza a una organización que, según denuncia, está más preocupada por evitar conflictos diplomáticos que por garantizar coherencia ética. “Ojalá el año que viene el festival se celebre en Viena y sin Israel”, ha dicho sin rodeos. Una afirmación que, lejos de ser anecdótica, encapsula el pulso que se libra entre el relato institucional y las voces críticas del presente.
Mientras tanto, la UER guarda silencio. Pero Eurovisión, guste o no, ya no puede presentarse como un simple espectáculo musical. Se ha convertido en un campo de batalla simbólico donde se dirimen debates sobre derechos humanos, representación política y libertad de expresión. En esa contienda, JJ ha decidido no ser un mero cantante, sino un activista con micrófono. Y el eco de sus palabras va a resonar mucho más allá de los aplausos del sábado por la noche. @mundiario