El Jardín de las Hespérides o el mito del drago canario

El jardín de las Hespérides. / Mundiario
Varios autores, entre ellos el poeta griego Estesicoro de Himera o el historiador romano Plinio el Viejo, sitúan este Jardín en unas islas del Océano Atlántico frente a la costa occidental de África: las Islas Canarias.

Desde antaño poetas e historiadores, pensemos que ellos creían firmemente en la veracidad de estos mitos, no se terminaban de poner de acuerdo a la hora de ubicar este Jardín.

El Jardín de las Hespérides era en realidad un huerto, pero no uno cualquiera ya que el mismo pertenecía a la diosa Hera.

Dentro de él había una de las posesiones más valorada por su dueña: un manzano cuyo fruto era de oro y del que se decía que proporcionaba la inmortalidad a todo aquel que lo comiera.

Gea fue la que le regaló la apreciada posesión como presente de bodas por sus desposorios con Zeus.

Hera guardaba celosamente la ubicación del jardín, así como el manzano que mandó custodiar a tres hermosas ninfas: las Hespérides…

"Parió la noche al maldito Moros, a la negra Ker y a Thanatos; parió también a Hypnos y engendró a la tribu de los Sueños. Luego, además, la diosa, la oscura Noche, dio a luz, sin acostarse con nadie, a la Burla, al doloroso Lamento y a las Hespérides que, al otro lado del ilustre Océano, cuidan las bellas manzanas de oro y los árboles que producen el fruto” –Hesíodo-"

Pero Hera desconfiaba de ellas y pensaba que cogían algunos frutos para sí, por ello decidió hacerlas acompañar por un dragón de cien cabezas que respondía al nombre de: Ladón.

"Ceto, en contacto amoroso con Forcis, alumbró por último a un terrible reptil (Landón) que en sombrías grutas de la tierra, allá en los extremos confines, guarda manzanas completamente de oro” –Hesíodo-"

Robar las manzanas de oro fue uno de los trabajos de Hércules, el undécimo, para ello tuvo que encontrar la ubicación del Jardín. Varios autores, entre ellos el poeta griego Estesicoro de Himera o el historiador romano Plinio el Viejo, sitúan este Jardín en unas islas del Océano Atlántico frente a la costa occidental de África: las Islas Canarias.

Hasta allí viajó Hércules y mató al fiero Ladón. Con este hecho da comienzo otro mito que ya nos resulta más cercano. Según la leyenda, en el lugar en que se derramó la sangre del dragón, ésta no se perdió, sino que de cada gota de su sangre floreció un árbol de grueso tronco cuya copa se ramificaba, a su vez, en multitud de gruesas y retorcidas ramas rematadas en hojas afiladas como espadas y que es conocido con el nombre de Dragos. Árbol singular ya que su resina es de un intenso color rojo y que es conocida como la Sangre de Drago.

Cuando Hera tiene conocimiento de la muerte de su fiel servidor, decide rendirle un último homenaje, por ello eleva a los firmamentos el cuerpo inerte del reptil convirtiéndolo así en la constelación del Dragón. @mundiario