La historia no contada de Victoria Eugenia: deber, culpa y exilio
Durante buena parte del siglo XX, Victoria Eugenia de Battenberg quedó relegada a un rincón sombrío de la historia española: una “reina maldita”, fría y distante, cuyo paso por la corte parecía reducirse a una sucesión de desgracias personales. Sin embargo, la nueva exposición Victoria Eugenia, que Patrimonio Nacional inaugura en la Galería de las Colecciones Reales, desmonta con rigor esa caricatura. La muestra —la primera monográfica dedicada a una reina de España— reúne más de 350 piezas que permiten redescubrir a una figura compleja, moderna y extraordinariamente relevante para comprender la monarquía alfonsina y su legado.
El interés social por su vida vuelve a crecer impulsado, además, por el éxito de la miniserie Ena y la reedición del best seller de Pilar Eyre. Ambas obras contribuyen a iluminar la dimensión humana de una mujer que vivió entre el deber dinástico, las intrigas diplomáticas y un matrimonio que, según apuntan historiadores y novelistas, estuvo atravesado por humillaciones, malos tratos psicológicos y un machismo estructural ante el que tuvo poco margen de maniobra.
Una vida que empezó bajo el signo de la tragedia
La exposición rescata episodios que marcaron profundamente su trayectoria. Entre ellos, el atentado cometido el día de su boda, el 31 de mayo de 1906, cuando una bomba estalló junto a la carroza nupcial y mató a 28 personas. La joven reina, de apenas 19 años, acudió al banquete con su vestido manchado de sangre ajena: un augurio dramático para un reinado que estaría plagado de pérdidas.
El archivo del Palacio Real conserva una nutrida correspondencia entre Victoria Eugenia y Alfonso XIII que desvela una relación inicialmente apasionada. El tono íntimo y moderno de esas cartas contrasta con la idea de frialdad que durante décadas se atribuyó a la reina. Pero aquella complicidad inicial se erosionó pronto, sobre todo tras confirmarse que su primogénito padecía hemofilia, una enfermedad hereditaria presente en la familia de Battenberg y poco comprendida en la época. La tragedia se repitió en otro de sus hijos, Gonzalo, y en la muerte temprana de varios vástagos, alimentando la leyenda de infortunio que la acompañaría para siempre.
Un matrimonio marcado por la desigualdad y el silencio
A través de documentos del Palacio y testimonios de la época, la muestra y la serie televisiva han reabierto el debate sobre la relación entre los reyes. Investigadores y escritores coinciden en que Victoria Eugenia sufrió distintos tipos de violencia emocional y pública por parte de Alfonso XIII, quien mantuvo una vida extramatrimonial conocida y tolerada en los círculos de poder. Ella, en cambio, soportó con discreción un entorno que la juzgaba por ser extranjera, por sus dificultades con el idioma y por los infortunios hereditarios que afectaron a sus hijos.
No obstante, bajo esa capa de sumisión impuesta por la etiqueta cortesana, emerge una personalidad fuerte y proactiva. Victoria Eugenia fue una reina que impulsó cambios antes impensables en la corte española, que profesionalizó la enfermería —fundando la Cruz Roja española— y que introdujo prácticas modernas en la vida familiar y social, desde los deportes hasta las estancias veraniegas en la playa.
La caída de la monarquía y el exilio
La proclamación de la Segunda República en 1931 precipitó la salida de la familia real. La pareja, cuya convivencia estaba ya deteriorada, se separó sin formalizar un divorcio. En el exilio, Victoria Eugenia recuperó una autonomía que nunca había tenido, influenciando decisiones familiares y actuando como figura de referencia internacional, especialmente en las cortes europeas con las que estaba emparentada.
El drama continuó fuera de España: dos de sus hijos murieron desangrados tras accidentes aparentemente leves. Aun así, quienes la conocieron coinciden en que mantuvo dignidad, discreción y un sentido del deber que impresionaba incluso a sus detractores.
El legado de una reina que vuelve a ocupar su sitio
La exposición y la miniserie pretenden rescatar no solo sus tragedias, sino también su impacto real en la historia española. Fue una mujer que desafió prejuicios, que introdujo un espíritu de modernidad en una corte anclada en viejas tradiciones y que mantuvo la imagen exterior de la monarquía en tiempos políticamente convulsos.
Su única visita a España tras el exilio se produjo en 1968, para el bautizo de su bisnieto, el actual Felipe VI. Tres meses después de su muerte, Franco designó a Juan Carlos de Borbón como sucesor, una decisión que algunos historiadores relacionan con la influencia simbólica —pero decisiva— que ella aún ejercía sobre la dinastía.
Hoy, más de medio siglo después de su fallecimiento, España recupera la figura de Victoria Eugenia no como una reina maldita, sino como una mujer adelantada a su tiempo, víctima de sus circunstancias y protagonista de una historia que por fin se narra con matices, rigor y justicia. @mundiario