Dos gallegos en la gélida Alaska: exploraciones de Mourelle en 1775 y de Caamaño 1790

Grabado de un barco de vela en Alaska. / RR SS.
El siglo XVIII vio surgir intrépidas exploraciones que desafiaron los límites conocidos de la costa oeste de América.

En pleno siglo XVIII, occidente aún no conocía bien el norte más norte de la costa oeste de América. El territorio de Alaska, había sido la puerta, puente de beringia o estrecho de Bering, de las comunidades humanas de Asia a América. El primer sitio por el que entraron y casi el último en explorar por europeos.

Su inhóspito clima, hacía solo posible el asentamiento esquimal de los inuit o inupiat. Por la bravura de las aguas crecían leyendas de monstruos marinos como la del extinto talattosaurio, Gunakadeit.

La escuadra del de Corme, Mourelle, sería la que subió más al norte en aquellos años, y la del oriundo de Pontevedra, Caamaño, la definitiva que copiará Vancouver.

Encontrar el Paso del Noroeste aún hoy es una odisea. El geógrafo Martínez de Pisón lo define como el desierto frío atroz. La ilusión de unir Europa y América por el norte.

España consideraba suya a "Alasca", por la Bula Inter Caetara (1493), cuyo original se encuentra en el Archivo de Indias de Sevilla. Aunque solo con la mirada puesta en la pesca. Durante tiempo fue un sitio al que ir a cazar focas y ballenas.

Un conflicto pesquero con los Rusos llevaría a Carlos III a mandar varias expediciones como solución y con el fin de poner bandera y desmarcarlo. En estas destacarían dos gallegos Mourelle en 1779 y Caamaño 1790. Pesó la pericia, con compatriotas que iban lado este, en el Bacalao de Terranova.

A pesar de la resistencia española, los Rusos terminarían haciéndose con una colonia Americana. El nombre Bering es en honor al explorador danés Vitus Bering, al servicio de la Flota Báltica del imperio de los zares. Quien cartografió sus vastas costas muriendo en las islas aleutianas en 1741. Los rusos establecieron la Compañía Ruso-Americana para el comercio de pieles, enfrentándose incluso a los nativos en la Batalla de Sitka. Y a finales del XVIII ya tenían varios fuertes en la zona. Vendería Alaska a a los Estados Unidos en 1867 por 7,2 millones de dóllares que se recuperarán al encontrar el Oro de Yukon y en tiempos más recientes el Petróleo que llevaría en 1977 a la construcción del oleoducto transalasquiano.

Mourelle, de Corme a Alaska, el pescador que viajó al gélido norte

Francisco Mourelle de la Rúa (1750-1820) nació en Gondomil en Corme, en el seno de una familia hecha para la mar. Corme era uno de los puertos pesqueros con mayor tradición de patrones, como pasaba con Noia o San Cibrao. Una fábrica de peleadores del mar, duros de raspar como su Percebe del Roncudo.

Salió con 13 años de Corme para estudiar pilotaje en Ferrol, ya que al no ser hidalgo no podía acceder a la Escuela de Guardiamarina de Cádiz. Hecho que le impidió llegar a los más altos grados en la marina, pese a merecerlos.

Con apenas 25 años en 1775 llega de Primer Piloto del puerto de San Blas, en la Baja California. Que conocemos por la salida de otros viajes a la costa oeste americana. En esta plaza había otros gallegos como Benito de Vivero, que estaba allí cuando la Expedición Malaespina. El nayarita, San Blas, era la dársena de Nueva Galicia.

Ese mismo año de 1775 formó parte como segundo oficial, en la goleta Sonora, de la flota comandada por de la Bodega y Cuadra, enviada al norte. Una proeza que los llevaría a los 58º30'N , la latitud más alta alcanzada hasta entonces.

En 1779, repiten viaje, a bordo de la Favortia, con Ignacio de Arteaga y Bazán. Llegaron hasta el golfo de Alaska. Uno de los nombres de los navíos era la Fragata Nueva Galicia, o Santiago construida en San Blas en 1773 y dada de baja en 1786.

Una proeza científica, donde cartografiaron nuevas tierras, ensenadas, animales marinos... Ratificaron el control de toda la costa pacífica de América, desde Alaska a Tierra del Fuego. Ambos extremos fueron explorados por gallegos.

Tan solo un año después rompe moldes en un viaje desde San Blas a Manila en 1780. Un tornaviaje épico, por el Pacífico, casi a emulación del famoso de Andrés de Urdaneta. Hasta entonces nadie había descubierto el camino de vuelta por el Sur y menos en invierno. En esta travesía tropical, se descubrieron archipiélagos, bautizados inicialmente como Amargura. donde encuentran las islas del Reino de Tonga ,Archipiélago de Tuvalu... A punto estuvo de descubrir Terra Australis, que antes había visto sin saberlo el mariñano, Baes de Torres.

Fue referencia para James Cook y otros jóvenes de la época se aprovecharon de los diarios de Mourelle, traducidos al inglés.

En 1792, mandaba la Mexicana, participando de nuevo en las exploraciones de Cayetano Valdés y Dionisio Alcalá Galiano.

Suma a su haber, méritos de Guerra en varias batallas contra los ingleses. Hasta el punto que consigue salvar en la Batalla de San Vicente el Santísima Trinidad, el mejor barco del mundo. Se habla de él como un gran marino que daba soluciones inminentes, y que si hacía falta achicaba una nave, haciendo gala de ser el último en abandonarla.

En el puerto de Corme adquirió una casa, que nunca llegó a habitar, reedificada con un escudo en lo alto, hoy cedida al Concello y a la espera de actividad. Un busto engalana la villa desde 2010, obra de Xosé Manuel Castro. Es su hijo más ilustre, criado en el mar, un chou de bote, que de niño pescador pasó a ser uno de los pioneros de la prospección científica moderna. En su honor, las Maurelles Islands, en la Columbia Británica.

En Cormé siguió soplando viento ensalitrado. En 1913 Francisco Rodríguez Saleta,  subió al mástil de la Corbeta Nautilus, en plena tormenta picó las velas haciendo que el barco no zozobrara. También es puerto de partida y nacida, del oceanógrafo caribeño Mosquera Manso, de vida novelesca.

Caamaño y los viaje a Alaska

Jaciento Caamaño Moraleja (1759-1829), nació en Madrid, de familia gallega. Pasará a la historia por el viaje de 1790/92. Cartografió la Costa de Alaska y la Columbia Británica.

Pertenecía a una enjundiosa casa, los Caamaño. Entre los que se encuentra el Señor de Rianxo y Noya, Ruy García de Caamaño. O García de Caamaño, Señor de Rubianes y Vilagarcía de Arousa , de ahí su nombre, al ser su fundador. Descendiente de los Mariños. En la villa aún está en pie el Pazo de Vista Alegre que levantó el Cardenal Compostelano Caamaño, a quien en 1461 dieron poder para fundar este pueblo de pescadores sobre el Castro de San Cristovo o de Vistaalegre.

Son familiares de los Pardo de Junqueras del Caramiñal, los Sotomayor y los Pérez das Mairñas. Uno de ellos fue el virrey del Perú, Caamaño Sotomayor, que viajaría con los científicos Francisco de Ulloa y Jorge Juan. Se enfrentaría a los almirantes ingleses Anson y Vernon, y viviría la caída de Portobelo, en 1739. O un Obispo mindoniense Aguiar Caamaño.

Algunos de estos Caamaños viajaron durante la reconquista a Andalucía. Uniéndose a casas como la Feria o Medinasidonia. En Portugal también tenían rama de la que desciende el escritor Camoes, en la grafía portuguesa, familiar de otro gran marino, el Vice-Rei da Índia, Vasco da Gama, por la vía de Guiomar da Gama.

Vayamos a Jacinto Caamaño. Se forma como guardiamarina, y a los dos años se hace alférez. Participó en encuentros comerciales con los otomanos y viajaría en 1787 a la provincia de Cuba. Aparece en San Blas en 1789, con Bodega y Quadra, a quien también sirvió Mourelle. En 1790 ya mandaba la Fragata, Nuestra Señora del Rosario (Princesa), en cuyo crucero se aventuró a Alaska. Dos años después repite en la Fragata Aranzazu, construida en Filipinas; con la que llegará a la Bahía Bucarelli y la Isla Príncipe de Gales. Aunque ya las habían visto anteriormente los españoles, las cartografía de manera exhaustiva, dándola ya como zona bajo control.

Escribirá su proeza en “Extracto del diario de las navegaciones, exploraciones y descubrimientos hechos en la América septentrional por don Jacinto Caamaño"El propio Vancouver le copiará mapas y repetía sus gestas, como demostración los nombres usados inicialmente.

Pasará por Filipinas, México o Perú, terminando sus días en Guayaquil, Ecuador. El nieto de Caamaño, José María Plácido Caamaño fue Presidente del Ecuador desde 1883/88. Sus bisnietos también destacaron en el país, Ernesto Noboa y Caamaño, poeta modernista y Jacinto Jijón Caamaño, arqueólogo y alcalde de Quito.

En Alaska quedan nombres como Caamaño Sound y Caamaño Passage

No fueron los únicos galaicos en tierra gélida. Mientras unos fueron al norte, más de ciento cincuenta años antes los hermanos Nodal inspeccionaron la Tierra del Fuego, la punta más cercana a la masa del Sur. Además cuando llegó a la Antártida, Wiliam Smith en 1819 se encontró los restos de un navío, probablemente el San Telmo de hechura ferrolana.

Al adentrarse a la nieve, inaugurarán la que sería la última conquista terráquea. Tras ellos los viajes polares se convertirían en objetivo de las potencias globales. Nansen iniciaría campañas. Peary y Henson alcanzan el Polo Norte en 1909 . Amundsen el Polo Sur en 1911. O los míticos Scott, y Shackleton, en su Endurance quedando atrapado y frisado, al cruzar la Antártida.

Caamaño y Mourelle, dos apellidos gallegos, una huella en el hielo invernal imborrable. @mundiario