La columna del aprendiz
La Capilla Rosslyn, situada a pocos kilómetros de Edimburgo, la mandó levantar William Sinclair, el primer conde de Caithness en el año 1446. En principio, la obra debía tener unas dimensiones mayores, en concreto el conde pretendía levantar una colegiata, en honor a San Mateo, inspirándose en el Templo de Salomón de Jerusalén, pero por distintas razones, entre las que se encuentran falta de fondos, muerte del conde y cambio de tercio religioso, el Templo católico del proyecto inicial se quedó en una “modesta” Capilla.
Lo de modesta hay que entrecomillarlo ya que entre sus paredes los canteros han tallado auténticas joyas pétreas. En ella se pueden encontrar multitud de símbolos templarios y masones, lo que la ha envuelto en un halo de historias, leyendas y misterio, halo que envolvió al escritor Dan Brown al relacionar esta Capilla con el Santo Grial en su obra El Código Da Vinci.
Entre las distintas historias que se narran en relación a la Capilla, encontramos la de la columna del aprendiz.
Dentro de la Capilla se pueden encontrar dos columnas ubicadas en la Capilla Mariana junto a las escaleras de la cripta.
Ambas bonitas, sólo que una de ellas es más sencilla, viéndose aun más modesta junto a la extraordinaria belleza de la otra.
Cuenta la historia que el conde encargó al maestro cantero una columna excepcional, acorde al resto de su original Capilla. El maestro realizó el encargo más no obtuvo el resultado esperado. Frustrado decidió viajar a Roma a observar sus magníficas obras y encontrar así la inspiración que las musas no parecían brindarle.
El trabajo más sencillo prosiguió a manos de su joven aprendiz. Una noche el muchacho tuvo un sueño, según él, un ángel le inspiró y le instruyó sobre la realización de una ornamentada columna. Al día siguiente comenzó a trabajar en ella.
El maestro volvió de su viaje. Regresó entusiasmado y cargado de ideas para la construcción de la ansiada columna. Su aprendiz lo esperaba impaciente, estaba deseoso de mostrar a su maestro la columna que acababa de terminar.
Al ver a su maestro le contó excitado lo que había tallado él solo, deseoso de recibir su aprobación y, porque no, quizá también su felicitación. El maestro siguió al emocionado muchacho, éste le condujo raudo a su obra. Cuando el maestro la vio palideció, era tan extraordinariamente hermosa, que inmediatamente supo que él jamás tallaría algo tan excepcional.
La envidia se apoderó del maestro, transformándose ésta en cólera. Cogió un mazo y golpeó al muchacho acabando así con su alegría y con su vida.
El maestro recibió su castigo y pagó con su propia vida el crimen. Pero no fue su único castigo ya que su cara fue tallada en la Capilla, en concreto está enfrente de la columna del aprendiz, condenándolo así a mirar eternamente la bella obra que su joven pupilo construyó. @mundiario