Dune: Parte Dos, una épica necesaria para volver a las salas

Imágenes de la película Dune 2. / @Twitter
Imágenes de la película Dune 2. / @Twitter
Dune 2 no es la mejor película de la Historia, pero lo pretende y eso ya es suficiente para durar mucho, pero que mucho.
Dune: Parte Dos, una épica necesaria para volver a las salas

Después de Los diez mandamientos y el cine de Werner Herzog, ya no me sobrecoge nada en la gran pantalla. Algunos tiktokers y youtubers tildan a Dune 2 como la mejor película de ciencia-ficción de todos los tiempos. Como a mí las distribuidoras no me pagan, evito medir las argumentaciones con emociones. Es lo que tiene que el despertar de las redes no me haya pillado con quince años. A lo que iba.

Dune 2 es brutal, es una épica que muchos necesitábamos para que, en las salas, volviese a alumbrar el cine como espectáculo de escapismo, como lo hizo Lo que el viento se llevó o el Superman de Christopher Reeve. Si la primera Dune fue más bien una interpretación personal de Villeneuve, pues el trabajo del director se veía demasiado, además de que el lirismo atmosférico no caló en el espectador como lo hizo el Bladerunner de Scott en su momento, ahora Villeneuve lo logra. Su presencia se disuelve como también lo hace la personalidad mediática del reparto para referir una historia que es una experiencia sensitiva por la magnitud de la hazaña y por ese carácter de trascendencia que tienen los héroes y los dioses en todo ciclo artúrico.

Y lo mejor de todo es Villeneuve no es grandilocuente, sigue siendo sobrio, austero en las formas, gris, lúgubre en los espacios y hostil en la búsqueda de unos paisajes lunares que atrapan y duelen. Los personajes cobran una verosimilitud inusual que no se encuentra en su anterior filmografía, salvando al Del Toro y a la Blunt de Sicario, y lo fantástico se mueve dentro de un clima apocalíptico que resuelta más creíble que en otras distopías fallidas de estos últimos tiempos. Estábamos hastiados de Juegos del hambre y de Divergentes, con argumentos y tramas propias de Élite, pero donde los adolescentes se embuchaban en cuero y escay para besarse detrás de los arbustos.

Zendaya y Chalamet están de puta madre, pero es que, después de Malcom y Marie y Beautiful boy respectivamente, no tenían que trabajárselo mucho. Otra cosa que me parece acojonante en Dune 2 es que hacía tiempo que un personaje no llenaba tanto una pantalla como el del malo malísimo que hace Austin Butler. Después de Apocalyse Now y el Norton de American History X, nunca un calvo dio tanto juego con tan breves apariciones; nunca un archienemigo estuvo mejor construido con cuatro frases y con cuatro miradas. Un psicópata de manual, un neonazi de Aravaca en pleno desierto, un adolescente disruptivo que repite por tercera vez e incendia hormigueros. Butler lo borda, de verdad.

En definitiva, que la película hay que verla si quieres saber lo que es un cine con intención de obra coral, de ópera wagneriana, de tributo a las pelis de Ford Coppola, Lean o el cine de Cecile B. DeMille, un cine que convierte la ciencia-ficción es un género que va más allá de la creación utópica de reinos proféticos unas veces y otras, tan hostiles como adictivos. No es la mejor película de la Historia, pero lo pretende y eso ya es suficiente para durar mucho, pero que mucho. Por cierto, desde hace décadas, los adolescentes disruptivos ya no pueden repetir tres veces. @mundiario

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