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  <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Pilar Tejera»]]></title>

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    <description><![CDATA[MUNDIARIO | Primer periódico global de análisis y opinión]]></description>
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  <title><![CDATA[¡Votes for Women! 7 luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en EE UU]]></title>
      <category><![CDATA[Cultura]]></category>
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  <pubDate>Fri, 7 Aug 2020 12:03:46 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Tejera]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[El 26 de agosto se cumple un siglo de la aprobación de la 19 enmienda a la Constitución que permitió votar a las estadounidenses.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="margin-left: -7.1pt;"><strong>En el camino quedaron detenciones, abucheos, persecución, pero finalmente las norteamericanas lograron su más preciado tesoro: el voto</strong>, que obtuvieron el 26 de agosto de 1920, once años antes de que las españolas tuvieran acceso a las urnas. &nbsp;Todo empezó con una masiva reunión en el estado de Nueva York, a la que, por cierto, acudieron algunos hombres.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Primera convención de mujeres en los EE UU</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">El 20 de julio de 1848, la primera convención por los derechos de la mujer celebrada en los EE. UU, y que tuvo lugar en Seneca Falls, Nueva York, cambió para siempre las cosas. La mayoría de las asistentes salieron de allí sintiendo que algo se había roto dentro de ellas. Posiblemente, algunas se pellizcaron para comprobar que lo ocurrido en aquel masivo encuentro no era un sueño. Allí se habían abordado cuestiones que echaban por tierra muchos principios. Las proclamas y promesas de cambio habían encendido una luz en sus mentes. Por fin las mujeres se organizaban abiertamente, hablaban de cambiar las cosas, de luchar por el sufragio femenino… Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, dos líderes con carisma y magnetismo, oradoras extraordinarias y feministas convencidas, responsables de la multitudinaria asamblea, espolearon la causa feminista. La idea de poder alterar el orden establecido echó raíces en aquella primera convención que allanó el camino para exigir el derecho al voto.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Un barco fletado por las sufragistas contra <em>Lady Liberty</em><strong> </strong></h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">El 28 de octubre de&nbsp;1886, durante la ceremonia de inauguración de la Estatua de la Libertad, los silbidos de los barcos de vapor y los cañonazos en el puerto de Nueva York acallaban las protestas de las sufragistas que, desde una embarcación fletada por ellas, exhibían pancartas de protesta. Otros barcos rodeaban la Isla Bedloe (hoy Liberty Island) para celebrar tan histórico día. La Asociación de Sufragio de Mujeres del Estado de Nueva York no había podido obtener entrada para asistir al acto al tratarse de damas «no acompañadas», según se excusó el Servicio de Parques Nacionales. Y allí están ellas, a bordo de su embarcación, intentando hacerse oír. Agrupadas con sus vestidos negros, su piel blanca como la nieve y la indignación pintada en el rostro. Haber elegido una figura femenina como símbolo de la libertad era el gran sarcasmo del siglo xix, pensaban. Todas ellas contemplan el coloso de 45 metros sujetando en una mano la antorcha y en la otra las tablas de la ley. ¿Qué ley? — reflexionaban— ¿La que no amparaba los derechos de las mujeres? Matilda Joslyn Gage, una conocida activista que había confesado «haber nacido con un odio especial hacia la opresión», encabezaba el grupo. Había hecho de su batalla por el sufragio femenino y el abolicionismo sus <em>leitmotiv</em>. Tal vez aquel día no logró su objetivo, pero sin duda fue un pilar por la lucha de las estadounidenses por el derecho al voto. Con el tiempo muchas otras activistas acabaron por comprender que aquella estatua era el mejor lugar posible para exigir lo que tanto tiempo llevaban negándoles. Y así en 1916, después de que una propuesta para otorgar el sufragio femenino en Nueva York fracasara en las urnas, un grupo de activistas aprovechó la visita del presidente Woodrow Wilson a Lady Liberty para tirar miles de folletos desde un biplano en los que podía leerse estas tres palabras: «<em>Votes For Women!</em>».</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Victoria Woodhull: Primera mujer en la historia en hablar en el Congreso de los EE UU</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">Entre todas las luchadoras por la igualdad, hubo una que descolló por su inteligencia, por su osadía, y por qué no decirlo, por su belleza, atributo que no siempre acompañó a las sufragistas. Victoria Woodhull enfocó el asunto del voto como ninguna otra mujer lo había hecho. Aquel histórico día de 1871 en que habló ante un comité del Congreso de los EE. UU, (fue la primera en hacerlo) lo dejó bien claro: las mujeres ya tenían el derecho de votar, solo tenían que utilizarlo, pues la 14 y 15 enmiendas a la Constitución garantizaban ese derecho a todos los ciudadanos. Su argumento atrajo la atención pública hacia el sufragio femenino como nunca lo había hecho. Los periódicos cubrieron su célebre discurso, en el que hizo gala de su magnetismo... Las líderes sufragistas sucumbieron a su original enfoque: «Querida Victoria, acabo de leer tu discurso. Está por delante de todo lo dicho o escrito, bendita sea tu querida alma por cuanto estás haciendo para ayudar a romper las cadenas que nos atan», escribió Susan B. Anthony al saber de su comparecencia en el Congreso. La guerra por el sufragio tenía un nuevo caudillo. &nbsp;Su vida fue una sucesión de altibajos. Pasó <strong>de la pobreza a la riqueza, se casó tres veces, fundó </strong>una agencia bursátil en Wall Street y un periódico, se presentó candidata a la presidencia del país, <strong>fue venerada, apresada, pero </strong>su figura y sus proclamas fueron cruciales para la lucha por el sufragio femenino.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Pedaleando por la igualdad</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">En 1893 <strong>Frances Willard</strong> estaba en la cúspide de su poder e influencia como líder del movimiento de la mujer. &nbsp;Su vida se hallaba centrada en las 18 y 19 enmiendas a la Constitución. Como presidenta de la Unión Cristiana de la Mujer, guiaba sus pasos bajo la consigna: «hacer de todo». En sus charlas animaba a sus miembros a participar en una amplia gama de reformas sociales. Cuestiones como las mejoras en la jornada de trabajo, la reforma penitenciaria o la igualdad ocupaban sus días. En 1860 había fundado el <em>Evanston Ladies' College</em> que más tarde sería una de las universidades femeninas más importantes del país, había viajado extensamente para participar en el movimiento por el sufragio femenino. Solo en 1874, recorrió 48.000 km. pronunciando discursos. Pero fue la bicicleta su particular forma de protesta. Cuando su médico le recomendó hacer algo de ejercicio, ella, a sus 53 años, halló la excusa perfecta para aprender a dominar el vehículo que las luchadoras por la igualdad habían erigido en su símbolo. «Aquella que logre dominar la bicicleta ganará el dominio de la vida», declaró. Frances Willard fue uno de los grandes pilares del sufragio femenino.</p>

<p style="margin-left:-7.1pt;">«El primer deber de una escritora es matar al ángel del hogar», afirmó Virginia Woolf. Palabras como esas calaron en mujeres como <strong>Belva Lockwood</strong>, una de las primeras abogadas de los EE. UU y que pasó a la historia al presentarse como candidata a la presidencia del país (doce años después de que lo hiciera Victoria Woodhull). Esta intelectual y luchadora derribó las barreras de género. Siendo maestra de escuela decidió estudiar derecho mucho antes de que las mujeres fueran admitidas en las universidades. Tras graduarse y empezar a trabajar, reparó en el hecho de que sus colegas solían entregar los documentos en bicicleta y decidió hacer lo mismo. A finales de los 70’ ya era una figura popular en Washington DC, siempre ataviada con un largo vestido oscuro y al manillar de un estrafalario ciclo de enormes ruedas. Levantó tal revuelo que el mismísimo presidente Cleveland emitió un edicto aconsejando a las esposas de los miembros de su gabinete abstenerse de usar la bicicleta. En 1879 fue la primera mujer admitida para ejercer ante la Corte Suprema y cinco años después volvió a ocupar los titulares al dirigirse a la oficina de correos para enviar su carta aceptando su nominación como candidata presidencial. Recibió más de 4.000 votos, una hazaña nada desdeñable.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Susan B. Anthony: Una lucha sin cuartel</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">«Haced entender a vuestros empleadores que estáis a su servicio como trabajadoras no como mujeres<em>».</em> Esta líder por la igualdad pensaba que la lucha debía extenderse a todos los ámbitos, no solo al sufragio. Fue también partidaria de la bicicleta como símbolo del levantamiento femenino: «Déjeme decirle lo que pienso de ciclismo: creo que ha hecho más por emancipar a las mujeres que cualquier otra cosa en el mundo», declaró. Fue, trabajando como profesora en una escuela de Nueva York, donde al negarse a trabajar por menos sueldo que el percibido por sus colegas masculinos, se encendió en ella la chispa de la igualdad. Pero tras conocer a Elizabeth Cady Stanton, la feminista que había dirigido la Convención de Séneca Falls, quedó contagiada del carisma de aquella luchadora. Ambas se convirtieron en compañeras inseparables, y en iconos del movimiento sufragista durante cinco décadas. Catorce años después de la muerte de Susan B. Anthony, las estadounidenses lograron al fin en el derecho al voto.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Lucy Stone: una piedra angular de la causa femenina</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">Cuando en 1868 Lucy Stone fundó la Asociación americana pro Sufragio de la Mujer, no imaginaba el impacto que tendría aquella iniciativa. Fue la primera vecina de Massachusetts en obtener un grado académico y una de las primeras en dirigirse a grandes audiencias abordando la causa de la igualdad en una época en la que se intentaba impedir que las mujeres hablaran en público. Fue, además, la primera estadounidense registrada que mantuvo su apellido después del matrimonio. En 1850, dos años después de la Convención de Séneca Falls, ella organizó la primera Convención Nacional por los derechos de la mujer en Worcester, Massachusetts, donde conocería a su marido. Luce Stone compareció ante diferentes instancias políticas solicitando el derecho de voto y fundó un célebre semanal: el Woman's Journal. Siete años antes de fundar la Asociación pro Sufragio de la Mujer, presidía la Asociación de Mujeres de Nueva Jersey. Fue, además, una luchadora contra la esclavitud toda su vida y promovió la 13 enmienda a la Constitución que abolió la esclavitud en 1865.</p>

<h2 style="margin-left: -7.1pt;">Fanny Bullock Workman: “Voto a la mujer” a 6000 metros de altura</h2>

<p style="margin-left:-7.1pt;">No todas las defensoras del sufragio femenino manifestaron sus opiniones a golpe de pancarta o en multitudinarios desfiles. Fanny Bullock Workman, por ejemplo, lo hizo demostrando que la mujer era tan apta como el hombre para lo que se propusiera. Lo hizo recorriendo medio planeta en bicicleta y escalando las cumbres más elevadas. Fue la primera mujer estadounidense invitada a dar una conferencia en la Sorbona de París y la segunda en hacerlo en la Royal Geographical Society de Londres. Para ella, la vida se resumía a una sucesión de retos que había que superar y siempre estuvo a la altura de sus propias metas, aunque estas alcanzaran alturas improbables para el común de los mortales. Siempre al límite de su resistencia, al filo de lo imposible, jamás incluyó la palabra mediocridad en el diccionario de su vida. Asombró al mundo pedaleando por los desiertos y proclamó su apoyo al sufragio universal a más de 6.000 metros de altura, exhibiendo una pancarta cuyas cuatro palabras: «voto para la mujer», resumían su concepto de la vida, porque participar para ella fue sinónimo de sentirse viva. Fue, a su manera, una original y eficaz luchadora por el voto femenino.</p>

<hr />
<p style="margin-left:-7.1pt;">Fuente: Ediciones Casiopea. Esta información está extraída de los libros: <a target="_blank" href="https://amzn.to/31z1NCa">Reinas de la Carretera</a>, y <a target="_blank" href="https://amzn.to/3aaCeLp">Damas de Manhattan</a>, ambos de Pilar Tejera y publicados por Ediciones Casiopea, sello que también recoge la biografía de <a target="_blank" href="https://amzn.to/3fADmcg">Victoria Woodhull</a>.</p>

<p style="margin-left:-7.1pt;">&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[¡Votes for Women! 7 luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en EE UU]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Victoria Woodhull. / Bradley & Rulofson]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Victoria Woodhull. / Bradley & Rulofson]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Los hombres son admitidos, pero no bienvenidos]]></title>
      <category><![CDATA[Cultura]]></category>
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  <pubDate>Mon, 6 Jul 2020 20:43:52 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Tejera]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[El libro<a href="http://amzn.to/38EjGCE"> Damas de Manhattan</a> reúne la vida de más de 30 mujeres sorprendentes.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Aun con resaca por las noticias publicadas con motivo del día del orgullo LGTB</strong>, nos detenemos unos instantes a repasar algunas historias que tuvieron lugar en el Village neoyorquino mucho antes de los disturbios de Stonewall, desatados en 1969 después de que <strong>la policía hiciera una redada en un bar de ambiente gay.</strong> <strong>Desde hacía varias décadas, las mujeres ya acudían a garitos, clubs y bares de la zona donde daban rienda suelta a su homosexualidad sin tapujos. Desde finales de siglo XIX, </strong><strong>Greenwich Village</strong> ya era pionero en muchos aspectos, uno de ellos, el de albergar esa corriente liberal que aún le caracteriza y que lo convierte en centro neurálgico del movimiento lgbtq.&nbsp; Los <em>fairy resorts</em> o clubs de homosexuales ya salpicaban <strong>Bowery Street.</strong> En fecha tan temprana como 1912, la feminista <strong>Henrietta Rodman</strong> trasladó allí la sede del Club Liberal, estableciendo así un patrón de comportamiento en la zona. Rodman era miembro también del Heterodoxy Club, institución feminista radical fundada por otra liberal del momento, <strong>Marie Jenney Howe.</strong> Ambos locales compartían la misma manzana. Sus socias manifestaban allí su recíproca atracción física y también su bisexualidad. Las veladas se celebraban de forma abierta a los <em>excéntricos</em> y <em>artísticos</em> vecinos que a veces se sumaban a ellas. De esta forma, <strong>MacDougal Street</strong> fue conocida por sus clubs frecuentados por los amantes del «amor libre». La manzana que ocupaba el <strong>Club Liberal y el Heterodoxy Club</strong>, acogió también <strong>la librería Square Bookshop </strong>y el teatro <em>amateur</em> Provincetown Playhouse. El público que recorría las calles vecinas era, como podemos imaginar, de lo más heterodoxo.</p>

<h2><strong>«Los hombres son admitidos, pero no bienvenidos»</strong></h2>

<p>En 1925 <strong>Eve Kotchever</strong><strong>,</strong> una inmigrante polaco-judía abría en <strong>MacDougal Street</strong> un club literario para lesbianas. <strong>Eve’s Hangout,</strong> (el rincón de Eva) brilló como pocos garitos en las noches neoyorquinas pese a que solo estuvo abierto un año. &nbsp;En su puerta colgaba el elocuente letrero: “los hombres son admitidos, pero no bienvenidos”. &nbsp;Una periodista lo calificó de «uno de los locales más encantadores del Village». Allí, cada noche, esta inmigrante organizaba lecturas de poesía, actuaciones musicales y tertulias donde los temas sexuales se debatían libremente. El local se convirtió en refugio de escritores e intelectuales que celebraban el placer erótico y homo-erótico tanto en su trabajo como en sus vidas. &nbsp;La calle estaba en la lista negra de la policía que ocasionalmente se dejaba caer por allí con una buena provisión de porras y de esposas. &nbsp;El 11 de junio de 1926 el club sufrió una redada. Una de las detectives, infiltrada en el local, había descubierto el libro <em>Lesbian Love</em>, escrito por la mismísima Eve Kotchever. Eve fue arrestada y declarada culpable de "obscenidad" y de "conducta desordenada" y acabó siendo deportada. El bar no sobrevivió al arresto de su propietaria y tuvo que cerrar.</p>

<h2><strong>Un rastro que se reparte por todo Manhattan</strong></h2>

<p>Algunos de los edificios y apartamentos neoyorquinos que habitaron algunas parejas de mujeres siguen aún en pie. &nbsp;Ahí están las dos residencias que compartieron la agente y productora teatral <strong>Elisabeth Marbury</strong> su compañera sentimental <strong>Elsie de Wolfe</strong> (La primera diseñadora de interiores profesional del país), en el 49 de Irving Place y más tarde en el número 13 de Sutton Place. También siguen resistiendo el paso del tiempo el piso donde <strong>Elsa Gidlow </strong>escribió uno de sus más conocidos libros de poemas mientras vivió en Manhattan en la década de 1920 (en el 447 West 22<sup>nd</sup> Street) o la preciosa casa donde vivió <strong>Alice Austen</strong> en Staten Island, que <strong>frecuentaba el </strong><strong>Darned Club</strong>, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina <strong>Gertrude Tate,</strong> que sería su compañera sentimental de por vida.</p>

<p>La residencia donde compartieron su amor la sufragista <strong>Marion Dickerman</strong> y <strong>Nancy Cook,</strong> se encuentra en el 171 West de la calle 12 (en uno de los primeros edificios de apartamentos, por cierto, en acoger parejas del mismo sexo). Las reformadoras sociales <strong>Anna Rochester</strong> y <strong>Grace Hutchins</strong> que lucharon por mejorar las condiciones laborales, especialmente para las mujeres, vivieron en un apartamento del edificio situado en el 85 de Bedford Street desde 1924 hasta su muerte en 1966 y 1969, respectivamente. Y la casa y estudio de la fotógrafa <strong>Berenice Abbott</strong>, en el 50 de Commerce Street, también en el Village, es otro ejemplo de supervivencia. El rastro de las casas habitadas por estas mujeres en Nueva York puede seguirse a través del proyecto NY LGBT, Historic Sites Project.</p>

<p>La escritora y luchadora por la igualdad, <strong>Lorraine Hansberry, </strong>la pionera de la sanidad pública <strong>LiIlian Wald</strong>, la fotógrafa<strong> Berenice Abbot, </strong>que inmortalizó la vida de Manhattan en la década de 1930, o la primera dama <strong>Eleanor Roosevelt</strong>, que durante dos décadas mantuvo una relación sentimental con la periodista Lorena Hickok, son otros ejemplos.</p>

<p><strong>La fotógrafa </strong><strong>Alice Austen</strong><strong>, por ejemplo, frecuentaba el </strong>Darned Club de Staten Island, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina <strong>Gertrude Tate</strong>, que sería su compañera sentimental de por vida. También se conserva la preciosa casita donde la fotógrafa vivió la mayor parte de su vida en Staten Island.</p>

<p>Era una época en que la mujer ya reivindicaba su derecho a reunirse en clubs que no admitían el acceso a los hombres. El Colony Club de Nueva York, abierto en 1903 por la sufragista y reformadora social Daisy Harriman, <strong>el </strong><strong>Woman's Press Club</strong> y el <strong>Sorosis Club,</strong> ambos impulsados por Jane Cunningham Croly y abiertos también en Nueva York, son buena prueba de ello.</p>

<h2><strong>Una republicana española y una dama de la alta sociedad estadounidense</strong></h2>

<p>También la<strong> inmigrante republicana Victoria Kent</strong>, nacida en Málaga en 1891 y <strong>Lousie Crane</strong>, quince años más joven que ella, de familia millonaria y oriunda de Massachusetts mantuvieron una estable historia de amor. Procedían de mundos distintos, eran como agua y aceite, pero desde que se conocieron nunca más se separaron. Ocurrió cuando Louise ya había roto con la poeta Elizabeth Bishop, su compañera sentimental de dos décadas. Al parecer, el motivo de la separación no fue otro que Elisabeht halló a su compañera y a <strong>Billie Holiday</strong> en la cama. Louise Crane y Victoria Kent marcaron tendencia cultural y política en el Nueva York de principios de siglo.</p>

<p>Estas y otras historias están recogidas en el libro de reciente aparición: <a href="https://www.edicionescasiopea.com/libros/damas-de-manhattan/">Damas de Manhattan:las mujeres que forjaron la historia de Nueva York</a>, de la escritora Pilar Tejera, que reúne la vida de más de 30 mujeres sorprendentes, y publicado por Ediciones Casiopea. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Los hombres son admitidos, pero no bienvenidos]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Mujeres que amaron mujeres. / Casiopea]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Mujeres que amaron mujeres. / Casiopea]]></media:description>
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        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Las mujeres que forjaron la histora de Manhattan]]></title>
      <category><![CDATA[Cultura]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/cultura/mujeres-forjaron-histora-manhattan/20200116180729173443.html</link>
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  <pubDate>Thu, 16 Jan 2020 18:07:29 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Tejera]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Transformaron la vida de Manhattan, preservaron los viejos edificios, unieron la isla con Brooklyn, crearon museos, lideraron manifestaciones por los derechos de la mujer… Y aunque casi nunca fue fácil para ellas abrirse paso, dejaron huella en las calles y avenidas de la Gran Manzana]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Transformaron la vida de Manhattan, preservaron los viejos edificios, unieron la isla con Brooklyn, crearon museos, lideraron manifestaciones por los derechos de la mujer… </strong>Y aunque casi nunca fue fácil para ellas abrirse paso, dejaron huella en las calles y avenidas de la Gran Manzana con sus iniciativas culturales, su presencia en los escenarios de Broadway, su filantropía y su amor por barrios como el Village o el Soho. Gertrude Vanderbilt,&nbsp;Abby Aldrich Rockefeller, Dorothy Parker o Jackie Kennedy, son solo algunas de las mujeres que contribuyeron a la historia de Nueva York y que serán recogidas en el libro de próxima aparición con el sello editorial Casiopea, especializado en literatura de género.</p>

<p><strong>La ingeniera del puente de Brooklyn</strong></p>

<p>No estaba previsto que Washington Roebling, ingeniero jefe del célebre puente neoyorkino, desarrollara el&nbsp;síndrome de descompresión&nbsp;durante la construcción de la mastodóntica obra. Dicha afección, un tipo de embolia producida por una disminución brusca de la&nbsp;presión atmosférica, le imposibilitaba dirigir los trabajos del que iba a unir los distritos de Manhattan y Brooklyn. Iba a ser el puente colgante más grande del mundo y su diseño se debía a su padre, un ingeniero civil muerto prematuramente a causa del tétanos. Así las cosas, cuando Roebling se adentraba en el proyecto para darle continuidad, desarrolló dicho síndrome, que le obligó a quedar postrado en cama. Fue entonces cuando su esposa Emily, hizo de mensajera, pasando información vital a los ayudantes de su marido a quien a su vez informaba del progreso de los trabajos. De esta forma, durante los siguientes catorce años, se hizo una experta en cuestiones como la&nbsp;resistencia de materiales, el análisis de tensiones, o la construcción con cables de acero, destinando a todas ellas una dedicación incesante. Se las vio con políticos, ingenieros y rivales hasta culminar la hazaña en mayo de 1883 pero gracias a la fe de su marido, Emily Warren Roebling se convirtió en la "primera mujer ingeniera de campo" y el día de la inauguración oficial, llevando un gallo como signo de victoria, Emily Roebling fue la primera en cruzar el puente subida en carruaje. El Puente de Brooklyn conserva una placa en memoria de Emily, su marido y su suegro</p>

<p><strong>Activistas para la preservación del Village, el Soho y Gran Central Terminal</strong></p>

<p>¿Quiénes no hemos recorrido los barrios más míticos de Manhattan o paseado por su célebre estación central? Su historia está íntimamente ligada a la de tres mujeres:&nbsp;</p>

<p><img alt="Jane Jacobs. / Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616382650804.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Jane Jacobs. / Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos</span></p>

<p>El activismo de<strong> Jane Jacobs</strong> fue más allá de la teoría. Enamorada del Village, encabezó manifestaciones contra los proyectos urbanísticos de su «gran enemigo» el funcionario de obras públicas, Robert Moses. Gracias a ella se conserva gran parte del emblemático barrio.&nbsp;</p>

<p><img alt="Margot Gayle. / Biblioteca Pública de Nueva York" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616403980260.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Margot Gayle. / Biblioteca Pública de Nueva York</span></p>

<p>Miembro del Partido Demócrata y de la Liga de Mujeres Votantes, <strong>Margot Gayle </strong>presentó su candidatura en 1857 para el Ayuntamiento de la Ciudad de Nueva York con el lema: "Necesitamos una mujer en el Ayuntamiento". &nbsp;Desde entonces, la preservación histórica sería en el trabajo de su vida. Fue la única mujer miembro en el comité de edificios históricos de la Municipal Art Society en una época en la que las mujeres no tenían permitido el acceso a sus reuniones, por lo que Margot se ponía al día de las actividades del comité leyendo las actas después de cada reunión.</p>

<p>También fundó numerosos grupos de defensa y preservación en la ciudad de Nueva York, entre otros, la Sociedad Victoriana en América, los Amigos de la Arquitectura de Hierro Fundido y los Relojes Históricos de los Amigos de la Ciudad. Pero su figura es especialmente recordada por su lucha para preservar edificios como el Jefferson Market Courthouse, (hoy Jefferson Market Library o Biblioteca Pública de Nueva York) en el Village, sentando un precedente para un movimiento conservacionista que ganaría fuerza en la siguiente década. También se destacó por su lucha para preservar los edificios de hierro fundido del Soho, que hoy albergan a las grandes firmas y franquicias.</p>

<p>Tal vez no habría Soho&nbsp;sin ella.</p>

<p><img alt="Jacqueline Kennedy.  / Shaw, Mark, 1922-1969. / Biblioteca del Congreso de EE UU." src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616461890008.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Jacqueline Kennedy. &nbsp;/ Shaw, Mark, 1922-1969. / Biblioteca del Congreso de EE UU.</span></p>

<p>En cuanto a la emblemática estación de tren: Grand Central Terminal, que hemos visto en tantas películas, sigue en pie gracias a los esfuerzos de&nbsp;<strong>Jackie Kennedy,&nbsp;</strong>que ayudó a preservarla en su afán por mantener la historia de Nueva York.</p>

<p><strong>Dando vida a Broadway</strong></p>

<p style="text-align: center;"><img alt="Fanny Brice. / nypl.digitalcollections" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616505812111.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Fanny Brice. / nypl.digitalcollections</span></p>

<p>Broadway también está cargado de historias de grandes mujeres que contribuyeron al devenir artístico de Manhattan. Es el caso de&nbsp;<strong>Fanny Brice</strong>, comediante, cantante y actriz de cine que se abrió camino en esta zona de teatros. Hizo muchas apariciones en el escenario, la radio y el cine. Trece años después de su muerte, fue interpretada por Barbara Streisand en el musical Funny Girl de 1964 y su adaptación cinematográfica de 1968, le brindó a Barbara Streisand un Oscar.&nbsp;</p>

<p><img alt="Dorothy Parker con sus perros. / nypl.digitalcollections" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616525394114.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Dorothy Parker con sus perros. / nypl.digitalcollections.jpg</span></p>

<p><strong>Dorothy Parker</strong>&nbsp;también forma parte de la historia de esta gran avenida. Dramaturga, crítica teatral, humorista, guionista y poeta, se reunía en los años 20’ con los intelectuales, artistas y transgresores de la época. &nbsp;</p>

<p><strong>Mecenas del arte</strong></p>

<p><img alt="Gertrude Vanderbilt. / Biblioteca Pública de Nueva York" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616542553037.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Gertrude Vanderbilt. / Biblioteca Pública de Nueva York</span></p>

<p><strong>Gertrude Vanderbilt</strong>,&nbsp;artista, escultora y habitual de la bohemia de&nbsp;Greenwich Village&nbsp;de&nbsp;principios de siglo, encauzó su poderoso nombre, su riqueza incalculable y su fascinación por el arte en beneficio de la ciudad. El Whitney Museum fue creado por ella en 1931.</p>

<p><img alt="Abby Aldrich. / Wikipedia" src="/media/mundiario/images/2020/01/16//2020011616565226007.jpg" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Abby Aldrich. / Wikipedia</span></p>

<p>El&nbsp;Museo de Arte Moderno, debe su existencia&nbsp;a&nbsp;<strong>Abby Aldrich Rockefeller</strong>&nbsp;y a su pasión por el arte moderno, que la llevaron a crear una colección asombrosa en el piso superior de su casa. Años más tarde, esa casa daría paso al proyecto favorito de Abby, el Museo de Arte Moderno, (MOMA).&nbsp;</p>

<p><strong>Políticas, cantantes, candidatas a la presidencia del país…</strong></p>

<p>Otras protagonistas del libro son: Las reinas del Jazz de los años 30 y 40 en Harlem,<strong> Eleanor Roosevelt,</strong> hablando en las Naciones Unidas y de la que hay una escultura en Central Park,&nbsp;<strong>Victoria Woodhull</strong>,&nbsp;fundadora de la primera agencia bursátil en Wall Street y candidata a la presidencia de los EE. UU, <strong>Emma Goldman</strong>,&nbsp;probablemente la anarquista más influyente en la historia de EE. UU, que puso patas arriba el papel de la mujer en la política de Nueva York con su célebre discurso en Union Square&nbsp;en 1893, <strong>Eve Adams</strong>, inmigrante polaco-judía, que fundó un club literario para lesbianas en la década de 1920 y en cuya puerta colgaba el siguiente letrero: «los hombres son admitidos, pero no bienvenidos». Fue una de las precursoras de la «movida» neoyorquina.</p>

<p>El libro que saldrá este año con el sello editorial Casiopea nos permitirá conocer la historia de la Gran Manzana bajo un punto de vista muy diferente. @mundiario</p>

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        <media:title><![CDATA[Las mujeres que forjaron la histora de Manhattan]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Broadway and 6th Avenue in Manhattan. / nypl.digitalcollections]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Broadway and 6th Avenue in Manhattan. / nypl.digitalcollections]]></media:description>
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