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  <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Javier de León V.»]]></title>

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    <description><![CDATA[MUNDIARIO | Primer periódico global de análisis y opinión]]></description>
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      <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Javier de León V.»]]></title>
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  <title><![CDATA[Crimen de Cuenca: Después de 109 años no hemos “aprendío ná”]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
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  <pubDate>Wed, 21 Aug 2019 12:40:21 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Transcurridos 109 años me gustaría poder decir que todo pasó, que la España de la modernidad llegó y quebró la sinrazón de tanto dolor...]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>El 21 de agosto de 1910, cuando el sol rozaba el horizonte, José María Grimaldos emprendió un largo viaje, de consecuencias inesperadas. </strong>Torturas, sufrimientos, olvidos, desencuentros, pero sobre todo una Justicia que no funcionaba, un mundo rural agónico, una política preñada de ideología y huérfana de ideales humanistas, beligerante con la inteligencia y la racionalidad; una sociedad hundida carente de valores; una prensa interesada en perseverar un lado de la realidad; un universo enfrentado, dirigido por poderosos que nada sabían de la vida, de la real, de la que enfrenta la mayoría de seres humanos cada día...y que abusaban del que la vivía amargamente.&nbsp;</p>

<p>Que nadie encuentre en la inmolación de León y Gregorio la única razón de aquel aquelarre; que nadie busque en la tortura la única razón de aquel esperpento humano que fue el llamado Crimen de Cuenca; que nadie justifique lo decrépito de aquel universo en la razón de un loco..., que nadie culpe a unos pobres aldeanos por sus comportamientos atávicos. Fueron todas y cada una de las mencionadas, y alguna más, las razones que, arrejuntadas, se afanaron en redimir una Justicia mal entendida y un sistema político que no se aguantaba.</p>

<p>Transcurridos 109 años me gustaría poder decir que todo pasó, que la España de la modernidad llegó y quebró la sinrazón de tanto dolor; que los políticos utilizan la política para bien dirigir los asuntos públicos, siempre pensando en el bien de las personas y del mundo que nos acoge; que la Justicia, dotada de modernas leyes y medios suficientes, es igual para pobres y ricos y que, en su manto, alberga la esperanza de la equidad;&nbsp; que el mundo de los pueblos, que durante tanto tiempo alimentó nuestros sueños, vive un nuevo renacer y con él se rejuvenece nuestra esencia; que la cultura, en su primer significado, es decir, el cultivo del pensamiento racional basado en conocimientos, campa ancha entre aquellos que dirigen nuestros destinos y también entre aquellos que se dejan llevar por la supervivencia temprana de los instintos; que las ideologías, sobre todo aquellas que no aceptan los derechos básicos de todo ser humano, huyeron abatidas por la solidaridad entre los pueblos, por la riqueza de lo diferente, por el sacramento de la libertad y el respeto de la diversidad.</p>

<p>No es necesario desplegar una gran inteligencia para ver que seguimos dirigidos por una política sin rumbo, completamente ideologizada, donde lo importante es hacer valer mi pensamiento, en el que no caben los demás; por unos políticos preocupados más por mantener su sillón que el bienestar de sus feligreses, incapaces de ver seres humanos, que se acompañan simplemente de adeptos y vasallos acríticos, que refuercen de manera cansina sus prédicas; que seguimos sin tener una Justicia moderna, con medios idóneos y alejada de los embates de la política, sobre todo cuando hablamos de la Justicia suprema y de la constituyente, designada a dedo; que seguimos sometidos a una educación que no educa, que distingue, que estigmatiza, que señala con el dedo a los diferentes y todavía hoy, sí, todavía hoy, sometida a un machismo recalcitrante que no permite a las generaciones de jóvenes pensar con la libertad que sólo la igualdad permite, y generar un cultura abierta, libre, equidistante basada en la riqueza de la variedad; que seguimos deteriorando nuestro mundo rural, pervirtiendo nuestra alma y alejándonos de nuestros orígenes; que los pensamientos comunes apenas divergen, únicamente, entre las dos orillas de las ideologías que nos dominan, gestionadas por el poder económico.</p>

<p>Olvidando nuestra historia, destruimos nuestro presente y ponemos en riesgo nuestro futuro. Han transcurrido 109 años y sigo viendo tantas causas, tantos daños, tantos crímenes, en cualquier frontera y en cualquier territorio, mas allá de la imperturbable llanura manchega, tantos sacrificios, innumerables tormentos, tanta política ideologizada, sin objetivos, tanta incultura, tanto desprecio hacia los desiguales, tanto menosprecio hacia la mitad inteligente del género humano, que no puedo colegir otra consecuencia: el ser humano es un ser terco, ignorante, en definitiva, necio. Y lo que es peor, pasará otra centuria y seguiremos pateando la misma piedra, y recorriendo los mismos caminos que pastoreó José María Grimaldos durante un cuarto de siglo, sin enterarse de <em>ná</em>. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Crimen de Cuenca: Después de 109 años no hemos “aprendío ná”]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Nuevo Mundo, 23 de marzo de 1912.]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Nuevo Mundo, 23 de marzo de 1912.]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El crimen a navajazos de los Arroperos]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/crimen-navajazos-arroperos/20190701193800157013.html</link>
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  <pubDate>Mon, 1 Jul 2019 19:38:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>El autor nos relata un nuevo crimen, en esta ocasión el de Carabanchel acaecido en 1901.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Corríjase de una vez la práctica del tormento vergonzoso para la nación y denigrante para la justicia”</strong>. Así comenzaba la crónica sobre el <strong>crimen de Carabanchel</strong> y las palizas que dió la Guardia Civil a los Arroperos en <em>El País</em> del 31 de marzo de 1903.&nbsp;</p>

<p>En la madrugada del 24 de agosto de 1901 se recibió un aviso telefónico en el gobierno civil de que en el pueblo de Carabanchel se había cometido un crimen. La criada de Agustí, tras nos saber nada de él durante todo el día encontrar la puerta abierta, salió a la calle, contó a unos vecinos sus temores y todos juntos se dirigieron a dar parte a la Guardia civil.</p>

<p>A las dos de la tarde, el cartero, según tenía costumbre, llamó a la puerta de la casa y como no obtuvo contestación dejó la correspondencia en el zaguán. Transcurrida la tarde y en las primeras horas de la noche, entró la sirvienta a llevarle la comida, y como encontró la puerta abierta y ninguna respuesta ante sus insistentes llamadas, salió a la calle y contó a unos vecinos sus temores y todos ellos se dirigieron a dar parte a la Guardia civil.</p>

<p>Al entrar las autoridades en la habitación las autoridades encontraron un cajón abierto, ropas en desorden, algunas con sangre y un arca abierta. Dentro de ella, un revólver descargado, seis cápsulas y un escobillón: tres talegos de calderilla vacíos, escrituras de la casa, recibos de cuenta corriente en el Banco, una póliza de un seguro de incendios y un libro de cheques al que habían cortado uno por valor de 24.500 pesetas.</p>

<p>En un cobertizo, al fondo del corral destinado a saladero, encontraron el cadáver de Agustí en un gran charco de sangre ya coagulada con dos heridas de arma blanca, una mortal debajo de la clavícula izquierda y otra transversal en la cara. En las manos, algunas heridas de lo que pudo ser una lucha con su agresor.&nbsp;</p>

<p>Durante días fueron incesantes las diligencias y la toma de declaraciones, pero no había ni rastro de los autores hasta que el día 31 las declaraciones de un zagal dieron un vuelco a la investigación.</p>

<p>Ante el juzgado se presentó el presidente de la Diputación, y al parecer cacique del pueblo, con un muchacho de catorce años, llamado Vicente Castán, hijo del sereno de Carabanchel que señaló como culpables a Felipe y Gregorio Pacheco, apodados los Arroperos, que fueron detenidos junto con sus mujeres, Josefa Marín y Paula Mingo.</p>

<p>Con la debida autorización del juez, el teniente de la Guardia Civil, Blasco de Toro, pasó una noche larga con Gregorio decidido a saber la verdad. Al final cantó: ocho días antes, el día del crimen, a las siete de la mañana fue, en unión de su primo Felipe y el tío Pacitos, a casa del sr. Agustí para comprar huesos. Estuvieron también en la corraliza para sacar el estiércol, y al retirarse sobre las doce, vio a su primo Felipe hablando a la puerta de la casa del crimen con un sujeto desconocido. Allí debió concertarse el robo, volviendo a la casa entre la una y dos de la tarde. Gregorio quedó apostado en la puerta de la calle Empedrada, y el tío Pacitos en la corraliza de donde sacaban el estiércol. Felipe, Gregorio y el desconocido entraron en la casa de Agustí para negociar la compra de embutidos. De pronto se oyó un grito y vio caer a Agustí con las dos heridas que le produjeron la muerte. El terror no le dejó hacer otra cosa que huir, escondiéndose en su casa, antes vio a los asesinos llevarse una gran cantidad de billetes, producto del robo, tras un minucioso rastreo de la casa.</p>

<p>El crimen se había cometido con una faca de grandes dimensiones y una navaja de las llamadas de lengua de vaca. La primera de estas armas era propiedad del desconocido al que, tras ver unas fotografías, identificó como el suicida Muela.</p>

<p>Felipe hizo lo propio, echando la culpa a Gregorio y al desconocido. Todo fueron confesiones de culpabilidad cruzada de Felipe a Gregorio y de Gregorio a Felipe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>

<p>El 4 de septiembre de 1901 se envió a la Audiencia el rollo del sumario, en el que constaban como procesados Felipe y Gregorio Pacheco, el tio Pacitos y su mujer. La vista se celebró el 30 de marzo de 1903, con la solicitud del fiscal de la pena capital para los Arroperos, sus mujeres y el tío Pacitos. La calificación definitiva fue de robo, con ocasión o motivo del cual resultó homicidio, conforme al art. 516.1º del Código Penal, con la agravante de haber cometido el delito en la morada de la víctima, la de alevosía y abuso de superioridad.</p>

<p>Desde el inicio de la vista, corrió el rumor de que las confesiones de los imputados habían sido obtenidas a vergajazos y por el uso de baquetas entre los dedos de las manos esposadas, por la Guardia civil.</p>

<p>En la vista oral, Felipe, Gregorio y el tío Pacitos mantuvieron que todo cuanto habían manifestado fue porque se vieron obligados a ello por los malos tratos de los civiles, que en posterior testifical negaron la existencia de tales tratamientos.&nbsp;</p>

<p>El tamaño interés generado por la prensa durante los días de la investigación, se convirtió en mudo silencio tras la celebración de la vista oral. Otros asuntos entretenían las planas de los diarios. Gregorio, Felipe y el tío Pacitos, fueron condenados a muerte, pero la gracia del indulto solo alcanzó a Felipe, que lo fue el viernes santo de 1904, en el acto de Adoración de la Cruz. Mucha atención, en cambio, recibió aquel acto, pues se consideraba por la opinión pública que Felipe debiera haber sido el último merecedor del perdón. Pocos días después de la diatriba social sería el ministro de Gracia y Justicia el que concedió el indulto a los dos miserables. Sánchez de Toca firmó sendos indultos que fueron publicados en la Gaceta de 6 de abril de 1904. Los huesos de aquellos tres infelices se pudrirían en la cárcel por los siglos de los siglos. ¿Y de los malos tratos? Esa era otra historia...</p>
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        <media:title><![CDATA[El crimen a navajazos de los Arroperos]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[La correspondencia de España 31-3-1903]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[La correspondencia de España 31-3-1903]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Ante el vicio de reclamar, la costumbre de torturar]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/realidad-leyenda-espanas/20190624141007156322.html</link>
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  <pubDate>Mon, 24 Jun 2019 14:10:07 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>La práctica del tormento, tortura o malos tratos es una constante que aparece en la persecución de todos los sucesos del primer tercio del siglo XX.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>La práctica del tormento, tortura o malos tratos es una constante que aparece en la persecución de todos los sucesos del primer tercio del siglo XX.</strong> Negarlo sería ausentar el debido rigor en el quehacer atropellado de nuestra Historia, en un inicio de siglo convulso.</p>

<p>Fueron muchos los casos, pero quizás uno de los más sonados fue aquel que tuvo lugar el 1 de agosto de 1903, en Alcalá del Valle.</p>

<p>Decían los gubernativos que en ningún punto de la nación se habían reunido tantos anarquistas como en Alcalá, cerca de 500 llegados de Setenil, Cuevas del Becerro y otros puntos comarcanos. Estaban discurseando a un kilómetro del pueblo cuando llegó el sargento de la Guardia civil y dos parejas, y los invitó a disolverse. Dicen que los anarquistas los recibieron a tiros, cayendo herido el sargento y uno de los guardias. En la respuesta murió uno de los sediciosos. Mientras dos se hacían cargo de los heridos, el quinto de los civiles se enfrentó en absoluta soledad a los revoltosos.</p>

<p>Pronto llegaron los refuerzos. El teniente de civiles de Olivera, José Martín, con 11 guardias blandió la soflama: “Que los hombres honrados se metan dentro de sus casas, que de los criminales me encargo yo”. La masa se desvaneció, aunque algunos huyeron al monte y tuvieron que ser cazados.&nbsp; Tras la detención, y antes de llevar ante el Juez a los sediciosos, los civiles les tomaron declaración. Las denuncias se vocearon al conocimiento público de inmediato, pero lo cierto es que obre los martirios, ninguna verdad cierta y comprobable.</p>

<p>Para los de un lado había vuelto la Inquisición, para los del otro todo eran invenciones de los periódicos anarquistas. Imposible el martirio de ningún detenido, pues tras la declaración ante el Juez fueron conducidos al Ayuntamiento convertido en cárcel, y allí estaban sus familias y los soldados que los custodiaban. No cabía en mente alguna la idea de molestar a las infelices víctimas de las predicaciones de otros. Ni militar alguno lo hubiera tolerado, pues la idea de semejantes martirios no es compatible con el honor militar. La simple presencia de los civiles convirtió a aquellos feroces anarquistas en humildes corderitos.</p>

<p>El único dato objetivo, si es que en estos asuntos existe alguno, es que con motivo de la huelga general&nbsp;convocada por la Federación Regional Española de Sociedades de Resistencia, que tuvo por objeto el apoyo a cuantos estuvieran en condiciones de detención por los llamados delitos sociales, el 1 de agosto&nbsp;de&nbsp;1903, un grupo de medio millar entre obreros y campesinos, que incluía mujeres y niños, se concentró en las afueras del pueblo. El tumulto acabó en enfrentamiento con los guardias civiles desplazados a la zona, y este con la muerte de un joven de 15 años, lo que incentivó la ira de la masa que acabó incendiando los archivos del Ayuntamiento y el Juzgado Municipal.</p>

<p>La refriega acabó con más de un centenar de detenciones, que tras las primeras declaraciones fueron trasladados a la cárcel de&nbsp;Ronda, donde decían que habían recibido un trato humano. El 4 de agosto se desplazaba hasta Alcalá el gobernador militar con una sección de artillería, para controlar la situación.</p>

<p>No tardaron en aparecer en diversos periódicos crónicas de los malos tratos y torturas a los que eran sometidos los presos durante las testificales, y faltó tiempo y espacio para que comenzaran las diatribas políticas sobre si la responsabilidad era de Maura, o era de Villaverde; si era una cuestión consentida por las izquierdas o armada por las derechas.</p>

<p>Las torturas aplicadas por Sánchez Millán, que por repetidas en multitud de casos de la época parecían aprendidas en una escuela, siempre eran las mismas: como protagonista omnipresente, <strong>los bergajazos</strong>; para aflojar los pensamientos, la introducción de <strong>estaquillas entre las uñas</strong>; para mayor sufrimiento, las <strong>maderas entre los dedos</strong>, con cordeles que los apretaban o el <strong>ahorcamiento de los testículos</strong> acompañado de golpes en el cuerpo con las culatas de los maüssers... Por conocido, no menos repetido, el mismo epitafio: Las leyes abolieron el tormento, pero la Inquisición campa a sus anchas y corchetes y verdugos practican sus artes como si estuviéramos en el medioevo; y como corolario, el lamento por la imagen de país bárbaro transmitida al resto del mundo. "Antes yanqui, con mi libertad asegurada, que español bajo la fusta de un bárbaro carcelero", así decían los cubanos y los filipinos, y ¡así les fue! Los franceses, críticos por nostalgia, atisbaban una puerta abierta a la lucha anticlerical y, especialmente, al poder de Roma, mediante este tipo de asuntos. En definitiva, un acial sobre el sentimiento patrio.</p>

<p>Celebrado el Consejo de Guerra, que había sido los días 25 y 26 de enero de 1903 contra los obreros que habían dirigido el tumulto contra la fuerza militar, terminó con dos penas perpetuas y cuatro penas de veinte años de reclusión temporal. Al resto, penas de entre uno y veinte años. El delito para esta causa fue el de insulto de obra a fuerza armada, causando lesiones. El 31 de agosto fueron confirmadas por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y como destino, el presidio de Valencia.</p>

<p>Como siempre, unos años después, en esta España de las gracias, el Gobierno se decidió por la vía del indulto para con los seis condenados de mayor duración, si bien solo fueron libertados cinco de los presos, ya que el sexto había fallecido poco tiempo antes en prisión. Los dos primeros en junio de 1909, con motivo de la celebración del natalicio de la Infanta. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[Ante el vicio de reclamar, la costumbre de torturar]]></media:title>
        <media:text><![CDATA["Imagen ficticia de una cámara de tortura inquisitorial. Grabado del siglo XVIII de Bernard Picart" (Henry Kamen)]]></media:text>
        <media:description><![CDATA["Imagen ficticia de una cámara de tortura inquisitorial. Grabado del siglo XVIII de Bernard Picart" (Henry Kamen)]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[La Venganza de los Carboneros]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/la-venganza-de-los-carboneros/20190614183246155516.html</link>
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  <pubDate>Fri, 14 Jun 2019 18:32:46 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>En Cetina, se ha cometido un crimen misterioso. Así comienza la crónica de un suceso conocido el 19 de enero de 1905, y que conmocionó a toda la comarca.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entre las decenas de crónicas escritas con la sangre de los miles de víctimas de la revolución rusa, apenas en unos breves noticias o sueltos, se fue conociendo los datos sobre de la muerte de una familia en la pequeña localidad baturra de Cetina</strong>, un pueblo del partido de Ateca. Aunque la prensa apenas le dedicó unos telegramas, sin duda podemos considerar la matanza de Cetina como uno de los crímenes más brutales en la historia de la criminalidad de la España de comienzos del siglo XX, y hasta del XXI.</p>

<p><strong>En Cetina, se ha cometido un crimen misterioso</strong>. Así comienza la crónica de un suceso conocido el 19 de enero de 1905, y que conmocionó a toda la comarca. Una choza de carboneros, situada en un paraje del monte Chaparral, a unos kilómetros de la localidad zaragozana de Cetina, tres horas a pie, ardió durante la noche y en su interior yacían cinco cuerpos calcinados. Eran los cuerpos de una familia de carboneros formada por los padres y tres niños pequeños. Desde la primera noticia la venganza comenzó a imprimirse con letras mayúsculas.</p>

<p>El jefe de la familia, como solían llamar a Federico Pasamol Marco, era natural de Calcena, y tenía cuarenta y cinco años; su hijo mayor, Antonio, tenía once, la siguiente, María, de cinco años, y la pequeña, Brígida, contaba apenas dieciséis meses. Vivían del carboneo.</p>

<p>El día 18, Gabriel Horno, vecino de buenas relaciones y amigo de la familia se desplazó hasta la cabaña para encontrarse con Federico Pasamar y al llegar al lugar se encontró la cabaña hundida, carbonizada y cubierta por la tierra de las paredes que el calor hizo desprenderse. Inmediatamente dio conocimiento de lo ocurrido a Isidora, hermana de Federico y vecina en una cabaña cercana, y a las autoridades locales.</p>

<p>Desplazados el Juez de Ateca, Felipe Rey y el fiscal, Antonio Astray, comenzaron las diligencias de investigación. Durante la noche del miércoles al jueves, la familia fue sorprendida mientras dormía y ejecutada violentamente. El cadáver de Federico estaba junto a la puerta, y debió ser el primero en encontrarse con los matadores, en el centro estaba el de Juana López, y los de los niños en el fondo de la choza. <strong>Todos ellos habían sido asesinados a cuchilladas, que pudieron ser numeradas en mas de cien, tras lo cual los autores del crimen habían prendido fuego a su humildísima morada, a los efectos de hacer desaparecer cualquier huella del crimen.</strong> Junto a las víctimas, a seis pasos de distancia, se encontró un puchero de porcelana volcado, que debió dejar el autor de la salvaje venganza, y en el asa un papel en el que podía leerse la siguiente inscripción: Castigo. <em>Para que os acordéis</em>. <em>Cetina.</em> Escrita con lápiz, las letras mostraban diversas florituras.</p>

<p>Entre los lugareños comenzaron los primeros rumores, que señalaban a otros del oficio, carboneros, que en su hosca soledad trenzaban agravios de entre ellos, tan profundos que llegaban a sobrevivir más de cinco generaciones.<strong> El odio implantado en sus chozas era herencia maldita de aquellas humildes proles dedicadas a la venta del mineral. </strong>Y, así, tras las primeras declaraciones, las sospechas apuntaban hacía un tal Santiago Pasamar, que hacía poco había simulado un robo con la supuesta complicidad de Federico, si bien debió salir mal y ambos discutieron, a consecuencia de lo cual Santiago debió vengarse de Federico. Otros recordaban la licenciatura en prisión de Federico, y comenzaron a señalar con sus dedos redentores a los hijos de Bruno Horno, vecino de Calcena y hermano de Gabriel, muerto violentamente hace años por Federico en aquel mismo lugar, según decían en defensa propia, por lo que fue absuelto en el juicio. El Juez ante la disyuntiva ordenó a la Guardia civil traer a su presencia tanto a unos como a otros, para lo que fueron reconcentrados los Guardias civiles de los puestos de Ateca y Alhama.</p>

<p>Pasados unos días, eran ya un buen número los arrestados por la investigación. Uno de ellos muy significativo, el de Antonio Gil, alias el Bizco, detenido en casa de su hermana Claudia, la viuda de Bruno Horno, el asesinado diez años antes por Federico. Su salida del pueblo el día del crimen y su desaparición durante unos días le convirtieron en otro posible sospechoso. En su primera declaración, intentó justificar su ausencia, confirmando que fue al monte de Cetina para dirigirse a Monteagudo, donde debía tomar el tren, pero que se perdió en el monte y no pudo llegar a la estación, así que tuvo que hacer el viaje a pie. Su oficio de carbonero, desarrollado en aquellos parajes durante muchos años, le permitía conocer atajos y veredas, lo creó mayor sospecha sobre el mismo.</p>

<p><strong>En una laboriosa investigación, que duró algo menos de un mes, las responsabilidades estaban esclarecidas.</strong> El 10 de marzo fueron conducidos a la prisión de Zaragoza por cinco guardias civiles, los considerados instigadores del Crimen Claudia Gil y su Hijo Fulgencio Horno, y los ejecutores Antonio Gil y Gregorio Horno.</p>

<p>Apenas unos días después, el día 29, el fiscal se desayunaba con la petición de 15 penas de muerte para Antonio, Gregorio y Fulgencio, por la comisión de cinco asesinatos, cualificados por premeditación, nocturnidad y despoblado, y la de seis meses de reclusión por el incendio, y de treinta años de prisión para Claudia por el encubrimiento, seis años y un día por cada uno de los asesinatos encubiertos. Un par de días después del comienzo de las sesiones, el día 18, el fiscal retiró la acusación contra Claudia, siendo puesta inmediatamente en libertad.</p>

<p>El día 22, a las nueve y media, terminó la vista oral y el Jurado declaró culpables a los tres encausados, sentenciándolos el Tribunal de derecho a cinco penas de muerte para cada uno y seis meses de prisión correccional por el delito de incendio. A Antonio y Gregorio como autores materiales y a Fulgencio como autor por inducción. Los reos cenaron esa noche en la Audiencia, y hasta pudieron charlar con la prensa, a la que mostraron su conformidad con su suerte: <em>Ahora es cuando se ha hecho justicia y no en Soria, cuando fue absuelto Pasamar de la muerte del padre de Gregorio</em>.</p>

<p>La vista del recurso ante el Tribunal Supremo, se llevó a cabo el 26 de junio de 1906, pero no prosperó y la condenas a muerte se mantuvieron intactas. Como en tantas otras ocasiones, llegó la gracia del indulto con motivo del Viernes Santo de 1907, convirtiendo la pena de muerte en unos años de prisión, y de tras ellos la libertad. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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        <media:title><![CDATA[La Venganza de los Carboneros]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Crimen carboneros. / ABC de 26 de marzo de 1905]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Crimen carboneros. / ABC de 26 de marzo de 1905]]></media:description>
      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[El crimen de Cella]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
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  <pubDate>Fri, 7 Jun 2019 11:59:56 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Que tendrán las tierras valencianas, Utiel y Camporrobles, que atraen tanto desaparecido, ¿no serán tierras de ánimas?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Reaparecido el Pastor Grimaldos, en la primavera de 1926, las noticias de errores judiciales recorren las páginas de los periódicos</strong>, discutiendo qué si los Tribunales de derecho, qué si los Tribunales por Jurado, la Ley, los procedimientos. De entre todos uno de aquellos sucesos llama la atención, por ser primo hermano del ínclito Crimen de Cuenca en su desarrollo, y que, por omisión, es totalmente desconocido para la historia.</p>

<p>Ocurrió en la localidad turolense de Cella. Una noche de octubre de 1904, el mozo Pedro Soriano, que prestaba servicios en la denominada Venta de Aquero, fue enviado por sus amos a comprar unos kilos de tocino. Se le vio entrar con unos amigos en casa de Manuel Sánchez Montalor, donde debía comprar el suculento manjar y, de paso, chatear e intercambiar unas historias con el propietario del local y otros transeúntes del pueblo, para lo que empleó un par de horas. Después, nada más se supo de su paradero.</p>

<p>Por Cella corrióse el rumor de que Montalor y su esposa le habían dado muerte, quemándole luego en el horno de la casona. ¿Causas? El desaparecido se había comido con los otros mozos y Montalor el tocino que sus amos le ordenaron que comparase. Previendo una reprimenda reclamó a Montalor el importe de la grasienta vianda. El requerido se negó. Disputaron, y Montalor, ayudado por su esposa, asesinó a Soriano.</p>

<p>Un cierto mendigo, al que el presunto asesino daba asilo en el pajar, llegó a decir que aquella noche oyó ruido de lucha y sordos gemidos.</p>

<p>Fue cerrado el horno de Montalor, al que se detuvo, como también a su mujer. Se dictaron los dos autos de prisión y procesamiento. Hubo declaraciones fantásticas, muy comprometedoras, de diversos testigos. Pero un buen día, encarcelados Montalor y su desventurada cónyuge, a escasos días del comienzo del juicio oral ante la Audiencia Provincial, reapareció en el pueblo el desaparecido Soriano. Imagínense los ánimos de los lugareños y el tumulto que la noticia causó.</p>

<p>En este caso no fue un barrunto, como el de Grimaldos, el que le indujo a huir de su pueblo. Efectivamente, se había gastado el dinero que sus patronos le dieron para comprar tocino, y amedrentado escapó. Estuvo en Mure, Camporrobles y Utiel. En Valencia tropezóse con unos hombres, que venían de Cella, y que le relataron lo que allí pasaba. No sé nada de eso, repuso evasivo...</p>

<p>Hay quien afirma que Soriano llegó a escribir una carta a su pueblo. Pero la persona que la recibió callaba, timorata, rehuyendo el verse envuelta en los rollos de un sumario o bajo la fuerza de un vecindario que exigía, primero un delito, y después, unos culpables...</p>

<p>Que tendrán las tierras valencianas, Utiel y Camporrobles, que atraen tanto desaparecido, ¿no serán tierras de ánimas? Quizás sea por el buen vino. Son muchas las coincidencias con el caso Grimaldos, que hasta celda con título tenían, que debió de ser común en la época, o quizás simplemente heredadas de tiempos más oscuros y de costumbres más arcanas. Así lo expresó el médico del pueblo, el doctor Ariño, sorteando los baches del camino:</p>

<p>Fíjese usted en que existen muchos puntos análogos entre este suceso y el de Osa de la Vega. La víctima es un medio bobo, que al desaparecer, se refugia en Mira (Cuenca), Camporrobles, Utiel... lo mismo que Grimaldos; que un juez no advierte fundamentos de causa y pone en libertad, y otro, por el contrario, procesa; que la víctima es quemada también, y para final, un cura deshace el terrible error existente...</p>

<p>El resultado, igual de trágico, en palabras de Montalor: Se cerró el horno; nos abrumó con tantas declaraciones la Guardia civil, algunas de las cuales duraban seis horas, y al fin se nos detuvo; pero como el juez, que lo era aquí D. Cristóbal García, y secretario D. Miguel Iranzo no encontraran nada punible en nuestra conducta, nos puso en libertad. Fue peor, vino el juez de instrucción de Albarracín y vino toda la Guardia civil de los pueblos inmediatos; y después de declarar nosotros mucho rato, muchísimo rato, nos procesaron y atadicos nos llevaron a la cárcel de Albarracín, no sin antes, todo el pueblo reunido en la plaza, oír de este todo género de insultos y amenazas...</p>

<p>Los hechos de la fantasía, pues con los antecedentes que había y los “se dice”, “han dicho”, “creen”, etcétera, etc... todo era un trinar, pero pruebas, ninguna. Ahora, que nadie se atrevía a contradecir a los que aseguraban que “se decía”... el remedio era callar y con diplomacia quitar leña de la hoguera. Estos infelices estuvieron unos cuantos meses en la cárcel, hasta que Manuel, por fin, cantó. Declararon infinitos testigos que nada vieron y lo vieron todo, y al cabo del tiempo, cuando la causa se iba a ver en la Audiencia, entonces “resucitó el muerto”, se presentó en Cella y el párroco solícito y entendedor del asunto le mandó detener y dio cuenta a las autoridades, que inmediatamente pusieron en libertad al desgraciado matrimonio.</p>

<p>Cuando se supo que el matrimonio se hallaba en libertad se organizó una rondalla para salir a esperarle, y aun cuando no faltaban los que todavía seguían negando que Pedro Soriano vivía, aunque lo estaban viendo, se le hizo al matrimonio un recibimiento entusiasta y solemne por los que siete meses antes pedían sus cabezas. También se llevó a cabo en Cella una cuestación a favor de los “asesinos” y con cuatro ochavos se reivindicó y se indemnizó a ese honrado matrimonio que vivió muy humildemente, en el pueblo de Cella hasta el final de sus días. @mundiario</p>
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        <media:title><![CDATA[El crimen de Cella]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Portada de periódico sobre el crimen de Cella.]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Portada de periódico sobre el crimen de Cella.]]></media:description>
      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Condena a muerte de dos inocentes: El crimen de Mazarete]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/condena-muerte-inocentes-crimen-mazarete/20190531125817154575.html</link>
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  <pubDate>Fri, 31 May 2019 12:58:17 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>De entre todos los gazapos judiciales de principio de siglo, hubo uno que alcanzó fama por lo bien y ampliamente contado que fue</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>¡<strong>Virgen santa! Entre la riña de Alhama, el homicidio de Tornos, la muerte a garrotazos del barbero de Segovia, la alevosa muerte del hijo de Bartolo</strong>, en Calahorra, de la violenta muerte de Zaragoza, el crimen de La Culebrina en Murcia, el crimen de la calle Lope de Vega en Madrid..., todos ellos crímenes acaecidos en apenas unos días del mismo calendario que por su frecuencia ya no atraían la atención del cronista atento al eco de aquellos sensacionales y levantadores de morbos ajenos, la muerte de el Aceitero exaltó los ánimos populares y, cómo no, los de la prensa.</p>

<p>¿Por qué debemos recordar el tristemente conocido por el crimen de Mazarete? Dicen que la Justicia no yerra, que son sus gentes y sus procedimientos, pero cuando se unen las tres, el resultado siempre es el mismo, el tormento del inocente, en cualquiera de sus variantes y con todos sus efectos. De entre todos los gazapos judiciales de principio de siglo, hubo uno que alcanzó fama por lo bien y ampliamente contado que fue, y no solo por la prensa; que tuvo tal transcendencia que hasta médicos forenses actuaron para salvar la vida de dos inocentes de aquel error judicial aciago. El llamado <strong>Crimen de Mazarete</strong>, que, a juicio de buenos entendedores, supo revivir sombras de nuestra Justicia que parecían enterradas de escribanos, soplones, golillas, alguaciles y corchetes, con todas las tradicionales lacerías, lacras descosidas y desgarrones de la curia española.</p>

<p>El 24 de noviembre de 1902, apareció un cadáver en la carretera de Sigüenza a Molina. El hombre había recibido un disparo en el pecho. El día anterior lo había pasado en el pueblo ejerciendo su oficio de distribuidor de aceite y, por la noche, tras dar de comer a sus mulas, quedó en la posada para reposar. Debiéronle atrapar allí mientras estaba sumido en un reparador sueño. A la mañana siguiente, apareció su cadáver con un revolver de seis tiros de su propiedad a su lado. Inicialmente, se especuló con el móvil del robo de unas pesetas que traía el hombre de una venta en Madrid de un carro de huevos.</p>

<p>La posada Vista Alegre, donde se hospedó, era del Juez Municipal de Mazarete, Juan García Valero, hombre de recursos que servía al cacique de la zona, Calixto Rodríguez. Allí también pasaron la noche los dos camineros que, siendo madrugada, encontraron el cadáver de el Aceitero de Mantiel, Guillermo García, en la cuneta.</p>

<p>Pronto comenzaron los corrillos templadores de rumores y acechanzas sobre los líos de faldas y sus amores con el juego. Casado como estaba y con familia a la espalda, bebía los vientos por una moza del pueblo que no le correspondía. La causa fue clara, el suicidio. Que así fue lo conocemos y así quedaría demostrado gracias a los saberes de la ciencia y sus próceres, lo que no inhibió a los condenados de padecer los rigores de una justicia mal ajustada.</p>

<p>Entre tanto, el cadáver fue llevado al pueblo para realizar la autopsia, el Juez comenzó la toma de declaraciones y la Guardia civil comenzó sus averiguaciones. En unas horas, unos pobres desgraciados marchaban en cuerda hacia la cárcel de Molina, hasta catorce, pero no estaba entre ellos el Juez y posadero, sus hijos y respectivas mujeres, que a renglón seguido serían inculpados por el cabo de la Guardia civil, comandante de puesto. Pronto resolvió el caso, reprodujo el croquis de lo ocurrido y, de paso y según dicen, arregló unas cuantas cuentas pendientes. Parece ser que fueron muchos los cachetes que en aquellas horas distribuyó alegremente la Guardia civil de Maranchón para obtener las declaraciones pertinentes. Pero no debieron ser efectivos, que, en cuanto cejaron, los declarantes se desdijeron de todo lo que antes habían asegurado. Y hablo en plural porque no quedó claro la individual distribución de los premios otorgados.</p>

<p>Si el proceso duró poco, las deliberaciones del Jurado, doce ciudadanos del partido de Molina de Aragón, le vinieron a la zaga. Apenas hora y media de reflexión y un puñado de pruebas endebles, por no decir inexistentes, cobijadas en un sumario equivocado y un fiscal que hizo juramento de maldiciones a él y sus hijos si no era cierta la culpabilidad de los procesados, condenó a los que consideraron responsables a la última pena, sirvió para un veredicto de culpabilidad. Y no exagero. Imagine un Jurado atento a las disquisiciones del fiscal, y que este comienza su alegato final o informe en semejantes términos: “¡Caigan sobre mi, sobre mis hijos y descendientes, eternas maldiciones si yo no estoy convencido de la culpabilidad de esos hombres que se sientan en el banquillo!”. En resumen, retiró la acusación frente a los seis reos considerados cómplices, que fueron puestos inmediatamente en libertad, y reiteró la acusación por robo y homicidio de los considerados autores.</p>

<p>Como era normal en estos casos, el abogado, uno famoso de la capital, Gerardo Doval, inició la campaña para conseguir el indulto, y cosas del destino que a veces se cruza por los caminos del señor, el doctor Tomás Maestre la hizo suya revisando declaraciones, pruebas, huellas y el informe forense para llegar a una e inequívoca conclusión: el aceitero se había suicidado. Hasta publicó un libro con toda la investigación.</p>

<p>Dos años después tuvo lugar el juicio de revisión ante el Tribunal Supremo. El 19 de enero de 1905, la sentencia confirmaba la de la Audiencia y, con ella, la muerte de los reos. En junio se concedió el indulto y conmutó la pena a la de cadena perpetua, que tras nuevo indulto posterior les permitió salir en libertad el 3 de septiembre de 1906, con casi cuatro años de sufrimientos en el alma. ¡Y a ver quien les quitaba lo bailao! @mundiario</p>
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        <media:title><![CDATA[Condena a muerte de dos inocentes: El crimen de Mazarete]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[El crimen de Mazarate.]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[El crimen de Mazarate.]]></media:description>
      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Los crímenes de Peñaflor o los crímenes del Huerto del Francés (II) ]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
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  <pubDate>Fri, 24 May 2019 13:38:31 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Caso también conocido como los crímenes del juego o el cementerio del crimen ocurridos en Peñaflor (Sevilla) entre los años 1898 y 1904.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Unas horas después sería hallado el cadáver de Rejano, enterrado envuelto en un impermeable, en cuyos bolsillos llevaba un reloj, de bajo precio que usaba, y un revólver. </strong>Antes las evidencias, la policía continuo los trabajos de excavación, temiendo la presencia de más cadáveres. Los aparecidos hasta el momento habían muerto de la misma forma, a martillazos en la sien derecha y, en una primera impresión, databan de seis, cuatro y un año respectivamente.</p>

<p>Juan Andrés, asustado después de perpetrar el último crimen, huyó de Peñaflor el día 9, tomando un tren hacia Mérida para embarcar en Lisboa rumbo a Brasil.</p>

<p>Las investigaciones se centran en los restos de ropas y objetos encontrados en los enterramientos, que al parecer indicaban que los muertos fueron personas de buena posición pero que, tras una minuciosa investigación policial tras el hallazgo, no aportaban indicios suficientes que permitieran identificar los cuatro cadáveres que habían sido descubiertos.</p>

<p>El día 18 de diciembre fueron hallados otros dos cadáveres, con fuertes golpes en la región temporal, enterrados estos hacía seis años y seis meses, tal que éste último todavía conservaba restos de carnes. Las prisas debieron presidir el enterramiento de este último que tenía los pies doblados los tobillos forzados para que entrasen en la fosa cavada. Llevaba unas botas de campo lujosas y estaba situado muy cerca del cadáver de Rejano.</p>

<hr />
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<hr />
<p>Ambos cómplices habían montado una casa de juego ilegal y robaban y asesinaban a algunos de que los que acudían a la misma, generalmente, personas de posibilidades, como así lo atestiguaban los indicios encontrados en los cuerpos. Uno de ellos tenía ropa interior buena, llevaba un pañuelo de seda y unas monedas de plata junto a un llavero.</p>

<p>El procedimiento habitual para robar y hacer desaparecer a las víctimas era el siguiente: la ruleta, manipulada, hacía que las bolas nunca parasen en los números cargados, sino que la forzaba a parar en el número que deseaba. Estaba en combinación con otros compañeros, jugadores de oficio, que proponían y trasladaban a otros para el ilícito juego. Los incautos jugadores de pego llegaban al huerto del Francés, presenciaban el funcionamiento de la ruleta, aprendían el mecanismo y lo practicaban, quedando convenidas las cantidades que se apostarían y el día en que se habían de reunir en el huerto para machar, junto con el Francés. Ubicados en el mundo del hampa, se decía que los ventajistas procuraban guardar el secreto y participar de las timbas que se organizaban en el huerto, sin ser vistos. Situación esta que se aprovechaba por el susodicho para darle un martillazo en la cabeza y acabar con su vida. En la autopsia de los seis cadáveres pudo comprobarse que todos recibían el golpe en la región parietal derecha, identificando un modus operandi muy concreto, que consistía en golpearles situados a la espalda de los agredidos, con la mano diestra. El martillo utilizado para tan tremenda faena, en poder del Juzgado, se asemejaba a un porrillo de los de partir piedra, con un mango de 40 centímetros de longitud.</p>

<p>Lo más significativo de las actuaciones posteriores fue la identificación de las víctimas, cuyos nombres finalmente serían confirmados por los propios acusados.</p>

<p>El proceso contra ellos se inició en Sevilla el 5 de marzo de 1906, y su culpabilidad declarada por el Jurado ocho días después, imponiendo el Tribunal de derecho seis penas de muerte a cada uno.</p>

<p>El recurso interpuesto por las partes fue recibido en una vista, que duró aproximadamente dos horas, por la Sala de vacaciones del Tribunal Supremo el 14 de agosto. El 25 el Tribunal desestimo el recurso, no encontrando motivos para la casación de la sentencia.</p>

<p>Enseguida surgieron voluntarios para ejecutar la pena capital. Así un tal Mariano Godoy se ofreció al fiscal de la Audiencia de Sevilla, e incluso el hijo de Félix Bonilla, una de las víctimas.</p>

<p>Solicitado el indulto, fue denegado por el consejo de ministros celebrado el 12 de octubre, y los reos fueron ejecutados mediante&nbsp;garrote vil&nbsp;el 31 de octubre de 1906 en la&nbsp;Cárcel del Pópulo&nbsp;de Sevilla, a las ocho de la mañana.</p>

<p>Tras de todo el asunto, la pasividad y el abandono de las autoridades en la investigación de las desapariciones que se fueron acumulando durante años, en una muestra más de la deplorable situación de la Justicia, el Gobierno y la policía de la España de principios del siglo XX.</p>
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        <media:title><![CDATA[Los crímenes de Peñaflor o los crímenes del Huerto del Francés (II) ]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Criminal. ]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Criminal. ]]></media:description>
      </media:content>
        </item>
                        <item>
  <title><![CDATA[Los crímenes de Peñaflor o los crímenes del Huerto del Francés]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/crimenes-penaflor-crimenes-huerto-frances/20190517154300153753.html</link>
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  <pubDate>Fri, 17 May 2019 15:43:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Caso también conocido como los crímenes del juego o el cementerio del crimen ocurridos en Peñaflor (Sevilla) entre los años 1898 y 1904)</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr"><strong>¡Cuán verdad es que nada es tan inverosímil como la realidad! </strong>Ni las novelas de Posson di Terrail, ni los cuentos de Poe o las locuras de Maupassant pueden igualar el relato cierto de lo ocurrido en la localidad hispalense de Peñaflor, en los albores del siglo XX.</p>

<p dir="ltr">La excitación del oneroso lucro ajeno, el concubinar del juego ilícito y las libaciones en horas funestas, marcó a fuego y sangre la cabeza de sus seis víctimas, y quién sabe de cuántas embaucadas, en una trama perfectamente urdida, y con una organización que pudo actuar durante al menos seis años, sin ser descubierta.</p>

<p dir="ltr">En síntesis, una serie de seis asesinatos, perfectamente planificados, llevados a cabo en el pueblo de Peñaflor (Sevilla), entre los años 1898 y 1904. Los protagonistas de la historia: Andrés Aldije Monmejá, apodado&nbsp;el Francés&nbsp;en alusión a su lugar de nacimiento, <a data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?q=https://es.wikipedia.org/wiki/Ag%25C3%25A9n&amp;source=gmail&amp;ust=1558178884399000&amp;usg=AFQjCNGxxwBQ_-WNbnSKC6ujwLw7DJwtmg" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ag%C3%A9n" target="_blank">Agen</a>&nbsp;(Francia), y José Muñoz Lopera, el Manzanita, nuestro martillador patrio.</p>

<p dir="ltr">A mediados de noviembre de 1904 comienzan a correr como la pólvora las noticias sobre la desaparición de un vecino de la localidad cordubense de Posadas. En concreto, la denuncia presentada por Francisca Márquez Fernández, de 31 años, casada y vecina de Posadas, a mediados del mes de noviembre ante el Juzgado de Lora del Rio, sobre la desaparición de su marido.</p>

<p dir="ltr"><img alt="Heraldo de Madrid 19-4-1904" src="/media/mundiario/images/2019/05/17//2019051713403851439.png" /></p>

<p dir="ltr" style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Heraldo de Madrid 19-4-1904</span></p>

<p dir="ltr">Tras la denuncia, el Juez del partido, Alfonso Palma Blázques y el escribano Félix Nogués comenzaron las primeras diligencias de averiguación sobre el paradero del desaparecido. Y pronto comenzaron a aparecer indicios de que algo misterioso rondaba aquella desaparición. Según se supo después, durante las primeras indagaciones Muñoz Lopera fue llevado a declarar en el puesto de la Guardia civil por estos hechos, pero fue puesto en libertad ante la falta de prueba alguna. Algo parecido ocurriría días después con el Francés, si bien este aprovechó la ocasión para evadirse de la Justicia.</p>

<p dir="ltr">El día 3 de diciembre, el comandante del puesto, el cabo Juan Atalaya se reunió con el Juez de Instrucción, sobre la desaparición de Rejano. En días posteriores fueron varias indagaciones llevadas a cabo por el benemérito cuerpo, que llevaron a solicitar del Juez un auto para proceder al reconocimiento de la finca de el Francés. Hecho un primer reconocimiento el día 10, no se obtuvo resultado alguno. Al día siguiente sería el Juzgado municipal el que volviera a realizar una nueva inspección, con el mismo resultado. En un tercer intento de encontrar algún resquicio, y ante la presión de los familiares del desaparecido, se procedió a un tercer reconocimiento, cuyo resultado heló la sangre de los presentes.</p>

<p dir="ltr">Fue al mediodía del día 14 de diciembre, en un departamento del huerto destinado a conejera, al sacar una de las sondas de hierro, construidas al efecto, ésta estaba adherida de grasa animal en descomposición. Al escavar, y a un metro de profundidad se encontraron restos de cadáver humano enterrado, al menos, cuatro años antes. Aquella misma tarde se descubrió otro cadáver más. Se pudo observar que en todas las fosas había una capa de cal encima y otra debajo del cadáver.</p>

<p dir="ltr">El día 17 de diciembre, fruto de las averiguaciones llevadas a cabo por el Juzgado, centradas en las declaraciones del expolicía, se envía un telegrama a la Audiencia de Sevilla, comunicando que en el llamado huerto del Francés se habían encontrado dos cadáveres inhumados, y que la inhumación de uno era reciente, suponiéndose que fuera el tal Rejano. A la postre, el pseudónimo de Expolicía se correspondía con el exinspector de policía Laureano Rodriguez Conchas, autor de los artículos que publicó El Liberal.</p>

<p dir="ltr"><img alt="Juan Andrés, el Francés. / Heraldo de Madrid 19-12-04" src="/media/mundiario/images/2019/05/17//2019051713413666041.png" /></p>

<p dir="ltr" style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">Juan Andrés, el Francés. / Heraldo de Madrid 19-12-04</span></p>

<p dir="ltr">Los medios de comunicación comienzan a explotar el suceso: el huerto del Francés servía para ejecutar juegos prohibidos y era el campo de hazañas de muchos ventajistas; la delación de un expolicía desentraña una desaparición; Rejano ganó una fortuna por medio de juegos prohibidos. Se supone que en el momento de ser asesinado, llevaba encima la cantidad de 35.000 reales; todos los que han intervenido en el hecho son jugadores de oficio, etc.</p>

<p dir="ltr">Entre tanto, el dueño del huerto, un tal Andrés Aldije que había arrendado el huerto hacía veinte años, andaba desaparecido y José Muñoz, íntimo amigo del fugado, fue preso por la Justicia apenas iniciadas las averiguaciones.</p>

<p dir="ltr">Apenas transcurrido un día y las excavaciones dan su fruto, un nuevo cadáver que, tras su identificación, tampoco era Rejano. Según los indicios el cuerpo pertenecía a Francisco Jiménez, ciudadano de Peñaflor que desapareció para familia y vecinos hacía dos años. <em>(Continuará)</em> <a href="https://twitter.com/mundiario">@mundiario</a></p>
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        <media:title><![CDATA[Los crímenes de Peñaflor o los crímenes del Huerto del Francés]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Museo Criminal 1-1-1905.]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Museo Criminal 1-1-1905.]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[El atávico crimen de Peñerudes]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
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  <pubDate>Fri, 10 May 2019 10:36:18 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Javier de León V.]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[<p>Con varios disparos, un buen tajo en la cabeza y diez o doce puñaladas los hermanos Santiago y Camilo asesinaron a D. Francisco, cura de Peñerudes, una pequeña parroquia del concejo Asturiano de Morcín en 1904. Esta es su historia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Nos ubicamos en 1904. Reinaba Alfonso XIII mientras los liberales y conservadores se iban turnando en el poder en un sistema en el que era imposible achicar el agua.</strong> España era un país hundido en la miseria, con una situación internacional llena de heridas infectadas, una justicia antigua que aplicaba una legislación rancia y un sistema parlamentario que no tenía el menor interés por el bien colectivo.</p>

<p>En esta situación dos mundos irreconciliables partían la sociedad española. A un lado, la sociedad urbana, ansiosa de modernidad, frente a un mundo rural, incomunicado, inculto y anclado en tradiciones atávicas, donde el cacique era el absoluto monarca. Controlaba la alcaldía, al juez, representaba a la comarca en el parlamento y era el propietario de cuanto hubiera de productivo en la comarca. El cacique gobernaba sobre las hambres de una población a la que sometía a su yugo.</p>

<p>En estos años, se produjo lo que algunos llamaron el <strong>Crimen de Peñerudes</strong>. El asesinato de D. Francisco, cura de Peñerudes, una pequeña parroquia del concejo asturiano de Morcín (Oviedo). Un suceso entre tantos que, a pesar de lo truculento y del salvajismo desplegado por sus dos protagonistas pasó apenas desapercibido en la época en un contexto social más preocupado de otros asuntos, como las recientes pérdidas coloniales. Un asesinato en el que los asesinaores, en el momento del crimen, arremolinaban las características propias de todo crimen pueblerino en una suerte de encuentro entre la navaja, el vino y una profunda ignorancia o un sentido despreocupado de la vida ajena, por llamarla de alguna forma.</p>

<p><img alt="El Gráfico, 15 de diciembre de 1904." src="/media/mundiario/images/2019/05/09//2019050918042787383.png" /></p>

<p style="text-align: center;"><span style="font-size:12px;">El Gráfico, 15 de diciembre de 1904.</span></p>

<p>Esta es la versión que contaron los mismos presos, incomunicados como estaban, en el Imparcial de 12 de diciembre de 1904. Los dos hermanos nos explican el suceso con la naturalidad del que se arrima un cocido con una arroba de vino, y tras siesta y condumio, se va a bailar a la fiesta del pueblo de al lado:</p>

<p>“Verá, a nosotros no podía vernos porque decía que éramos muy desvergonzados y blasfemos. No contento con rebajar nuestra conducta desde el mismo púlpito, consiguió encarcelarme durante catorce meses, echándonos a mi hermano y a mi del pueblo, donde consiguió quitarnos las fincas que llevábamos en arrendamiento y expulsarnos de la casa que habitábamos, por su influencia con los dueños de las posesiones. Pero no tenían intención alguna de acortar la vida del párroco. Fue una casualidad. Por resentimientos que yo tenía con un minero que por Carnaval me maltrató y estuve un mes en cama, el jueves, día festivo, después de apurar bastantes copas, íbamos para casa, cuando nos encontramos con aquél en mitad de la carretera. Entonces echó a correr y nosotros tras él, y por fin conseguimos entrar en su casa, y allí le largamos un par de puñaladas, dándonos a la fuga. Para despistar a la Guardia civil nos internamos en Peñerudes, donde dormimos, con intención de marcharnos a Asturias. Cuando despertamos, oímos tocar las campañas, y dijimos, acordándonos del párroco, vamos a ver si lo encontramos. Echamos a andar, hallándole, por desgracia nuestra, frente al altar mayor-. Tras varios disparos, un buen tajo en la cabeza y diez o doce puñaladas, se fueron a casa del cura, para apoderarse de las armas buenas que sabían que tenían, por si acuciaba la necesidad de defenderse. Con el revuelo, los gritos, la gente empezó a arremolinarse y apareció la Guardia civil que, finalmente y tras el correspondiente tiroteo, los apresó. ¿La intención de Vds. era matar al sacerdote? -No señor; queríamos apuñalarle los ojos, dejándolo ciego, para castigar así el mal que nos hizo- (¡Ay, Dios mío!).”</p>

<p>Como resultado del proceso con jurado, se sentenció a muerte por garrote a Santiago y Camilo fue condenado a cadena perpetua por el asesinato del cura, y a siete y cuatro años de presidio mayor, respectivamente, por el robo.</p>

<p>&nbsp;</p>

<hr />
<p><span style="font-size:12px;">Javier de León V, profesor titular de Derecho Penal y autor de Autor del libro "Ay, Dios Mío" (Universo de Letras, 2019).</span></p>

<p><span style="font-size:12px;">José An. Montero, periodista.</span></p>
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        <media:title><![CDATA[El atávico crimen de Peñerudes]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[El crimen de Peñerudes.]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[El crimen de Peñerudes.]]></media:description>
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