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  <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Emilio Argiz»]]></title>

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    <description><![CDATA[MUNDIARIO | Primer periódico global de análisis y opinión]]></description>
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  <title><![CDATA[Niemeyer es un icono equiparable a Wright, Le Corbusier y pocos más]]></title>
      <category><![CDATA[SOCIEDAD]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/sociedad/niemeyer-es-un-icono-equiparable-a-wright-le-corbusier-y-pocos-mas/20130318004758005007.html</link>
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  <pubDate>Mon, 18 Mar 2013 00:47:58 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Argiz]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Tras la muerte de Niemeyer, cabe destacar sobre todo su pasión por la vida, y la coherencia de su recorrido vital. Este gran arquitecto murió comunista, como comunista era de estudiante.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><a title="Brasilia - The Cathedral" href="http://www.flickr.com/photos/83986687@N00/2650602801/" target="_blank"><img title="Brasilia - The Cathedral" alt="Brasilia - The Cathedral" src="http://farm4.staticflickr.com/3199/2650602801_81af17a5bf.jpg" /></a></p><p><em>Obra emblemática de Niemeyer</em> /<small> <a title="Christoph Diewald" href="http://www.flickr.com/photos/83986687@N00/2650602801/" target="_blank">Christoph Diewald</a> via <a title="Compfight" href="http://www.compfight.com/">Compfight</a></small></p><p>En un listado de grandes arquitectos a lo largo de la historia, pocas dudas hay de que <strong>Niemeyer</strong> tendría plaza fija en los primeros puestos de la lista. La potencia de su obra, la longitud de su vida – rio, y el avatar de ser el hombre adecuado en el momento preciso para ligar su historia a la del Brasil, hacen de él un icono equiparable a <strong>Wright</strong>, <strong>Le Corbusier</strong> y pocos más.</p><p>Fue en una colaboración con <strong>Le Corbusier</strong> que inició su carrera edilicia en 1936, con la sede del Ministerio de Educación, primer edificio moderno en Río de Janeiro, e hito del alborear del extraordinario proceso de modernización y desarrollo del Brasil del S. XX. Pero si <strong>Le Corbusier</strong> fue siempre para <strong>Niemeyer</strong> el padre de la arquitectura moderna, él pronto se emancipará, y partiendo de la admiración, y de las mismas concepciones de plástica y funcionalidad, desarrollará una semántica propia, que el mismo <strong>Niemeyer</strong> definió de esta manera: “No es el ángulo recto lo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, inventada por el hombre. Solo me atrae la curva libre y sensual; la curva que hayo en las montañas del Brasil, en el curso armonioso de sus ríos, en las olas del mar, o en el cuerpo de la mujer amada. El universo está hecho de curvas”. Así, profundizando en el Movimiento Moderno, y cultivando al mismo tiempo una distancia crítica, <strong>Niemeyer</strong> desarrolla en poco tiempo ese lenguaje propio, haciendo suya la herencia moderna de la relación forma – función, pero buscando también la emoción de la belleza y la invención.</p><p>Con estos presupuestos, desarrolla el cuerpo principal de su obra entre 1936 y 1970, con una madurez extraordinaria, y siendo capaz de producir arquitectura a un tiempo sencilla, grandiosa, y perfectamente identificable como suya. El azar, y la intersección de su camino vital con los de <strong>Lucio Costa</strong> y el Presidente <strong>Kubitschek</strong>, hará que <strong>Niemeyer</strong> tenga a su cargo en los años 40 el desarrollo urbanístico de Pampulhas (Belo Horizonte), prodigio de madurez creativa, y a partir de los 50, la oportunidad única de mostrar todo su potencial, construyendo “ex novo” una ciudad capital. La respuesta a ese reto son los magníficos palacios de los distintos ministerios, el edificio del Congreso Nacional, o la Catedral Metropolitana. Y tanto a la altura estuvo del empeño, que los palacios de Alborada o Planalto, o las torres y cúpulas del Congreso se convirtieron en el símbolo no solo de la capital, sino de todo el país, y Brasilia fue declarada Patrimonio de la Humanidad, en un caso único de que su autor fuese testigo en vida de tal reconocimiento.</p><p>El hito de cierre de su periodo cumbre de madurez creativa podemos situarlo en el edificio de la sede del Partido Comunista francés, en París, de 1965, o en la Universidad de Constantina, en Argel, equilibradas síntesis de modernidad reflexiva, belleza funcional de sinuosas curvas, y dominio audaz de las posibilidades técnicas del hormigón. A partir de ahí, la potencia del lenguaje propio (algo que consiguen muy pocos creadores), hizo que<strong> Niemeyer</strong> se fuese reescribiendo, a veces hasta casi la reiteración de sí mismo. Pero poco se puede decir en su contra, cuando fue capaz de entrar en una segunda madurez, y producir en el 91, con 83 años, la extraordinaria delicia del Museo de arte contemporánea de Niteroi, o ya en este siglo el nuevo Museo de Brasilia, o el Centro Cultural de Avilés, entre otros.</p><p>Tras la muerte de <strong>Niemeyer</strong>, cabe destacar sobre todo su pasión por la vida, y la coherencia de su recorrido vital. Murió comunista, como comunista era de estudiante, siendo hasta el final un rendido amante de la belleza femenina, de la arquitectura, y de la cálida sensualidad de la magnífica topografía de Río. Fue capaz de hacer la dulce revolución de las formas en la que la belleza también es función.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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