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El término fijo de los suministros energéticos como clave en el precio final

MUNDIARIO | 07 de julio de 2015

Agua.
Agua.

En la última década el precio de los combustibles energéticos por red y en menor medida del agua subieron de forma muy notable, superando cuotas impensables hasta hace años.

En la última década el precio de los combustibles energéticos por red y en menor medida del agua subieron de forma muy notable, superando cuotas impensables hasta hace años.

 

Esto ha desencadenado un importante rechazo entre la población; ceste rechazo suele ser general y poco específico, por lo que es necesario un análisis técnico de lo que realmente estamos pagando y dónde se encuentra el sobrecoste para el ciudadano.

A diferencia de los derivados petrolíferos (gasóleo, gasolina, fuel...) los suministros por red (electricidad, gas natural y agua) tienen una cuota “fija” y otra “variable”, con una estructura binómica, que muchas veces pasa desapercibida. Esta modalidad de facturación implica que el abonado debe hacer frente a dos conceptos, un término fijo (independiente de lo que se quiere consumir) y otro variable por lo que efectivamente consume. Ambos términos son muy difíciles de calcular, ya que son sectores estratégicos donde la relación oferta-demanda no tiene una aplicación inmediata, de forma general los precios son regulados por el Estado para el pequeño consumidor.

En todos los casos el precio del término fijo se calcula en base a lo que se necesita para mantener una red; redes que tienen elevados costes de mantenimiento, reparación continua de averías o ampliaciones necesarias; pero a mayores existen otros costes internos de las empresas de complicada justificación como mantener el burocrático funcionamiento de grandes corporaciones, los sueldos a los ex-políticos y las puertas giratorias, apoyo a actividades externas al sector .. que en general no se ajustan a la relación oferta-demanda de un mercado ordinario. Este término fijo es lo que realmente es caro, ya que consumir el primer kWh de electricidad, gas o el primer litro de agua supone un precio elevadísimo, que va decreciendo a medida que se incrementa el gasto cuando la diferencia en el precio debería deberse simplemente a la rebaja por los costes de escala.

En general todas estas redes se ha modernizado durante los años de expansión económica (especialmente entre 2003 y 2008) acometiendo grandes inversiones, y a partir del cambio de década los recortes también han afectado a su actividad. No es justo que si la inversión en grandes redes eléctricas, de distribución de gas natural o de alcantarillado han sufrido una caída de la inversión esto no ha sido transmitido a los precios del término fijo, sino incluso que algunos se han incrementado muy por encima del IPC.

En un primer análisis coyuntural debemos reclamar que los términos fijos sean acordes a las inversiones y gastos que la red debe mantener (o sea una amplia rebaja), aunque en un segundo análisis se debe apostar porque el conste del suministro (agua, electricidad o gas natural) sea realmente proporcional a lo que se está consumiendo, es decir la desaparición del término fijo o al menos que éste se reduzca hasta un valor muy inferior al actual. Los términos fijos se implantan con el fin de costear las nuevas redes, que durante el siglo XXI sí tenían un motivo muy claro; actualmente las redes ya son casi completas y es lógico que se reduzcan los costes asociados. El es el suministro de agua, el término fijo incluye el “derecho” al suministro y los 10 (o 20, según el municipio) primeros metros cúbicos que el abonado consuma, pero... ¿qué pasa si no los quiere consumir?, ¿por qué los debe pagar?, ¿por qué debe pagar lo mismo el que consume 1, 5 ó 10 metros cúbicos cuando están por debajo del mínimo?. En el caso del suministro eléctrico o de gas natural las respectivas leyes del Sector Eléctrico y del Sector de Hidrocarburos impiden que un abonado se dé de alta y baja en el término fijo “a discreción”, y sólo de forma excepcional existen suministros “de temporada”, aunque los costes de estos suministros ya están calculados para que sea antieconómico darse de alta y de baja en un corto plazo, ¿por qué tiene un piso de la playa la obligación de pagar por ese “derecho a consumir” en marzo o diciembre cuando el titular sabe de sobra que no va a utilizar ni un m3 ni un kWh en él?

 

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