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Ritmo desigual en las autonomías al preparar la llegada de ayudas y préstamos de Europa

José Luis Gómez | 23 de junio de 2020

Íñigo Urkullu. / SUM Bilbao
Íñigo Urkullu. / SUM Bilbao

El lendakari Íñigo Urkullu ha realizado sucesivos pronunciamientos al hilo de lo que pasa en Bruselas, para centrarse en su propia contribución al Plan de Recuperación de la Unión Europea, tal y como hiciera antes con la llamada Visión de futuro de Europa. Otras comunidades están menos atentas.

Como estaba previsto, la cumbre telemática de los líderes europeos de la semana pasada no deparó ningún acuerdo sobre el Plan de Recuperación, que sí  podría producirse en una cumbre presencial en Bruselas a mediados de julio. La intención de Alemania es que salga adelante el planteamiento de la Comisión Europea, que defiende un fondo de 750.000 millones de euros compuesto principalmente por transferencias directas y que se suma a un Marco Financiero Plurianual (MFF) para el período 2021-2027 dotado de 1,1 billones de euros. 

La canciller alemana Angela Merkel asumirá la presidencia semestral de la UE el 1 de julio, un período en el que van a celebrarse cumbres decisivas para definir el Plan de Recuperación lanzado por la Comisión Europea. Consciente de la urgencia del paquete de medidas propuestas por Ursula von der Leyen, la canciller deberá integrar las posiciones, ahora distantes, de los países alineados con Holanda y aquellos que respaldan las posiciones de Italia y España. A Merkel también le tocará el final del Brexit.

Las diferencias con los países que lidera Holanda están ahora en el control de las ayudas financieras; sobre todo a los socios del sur, entre ellos España. Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria ni se fían de algunos estados sureños, ni siquiera de la Comisión Europea, por lo que prefieren que sea el Consejo Europeo el que maneje directamente a los hombres de negro. Europa marea siempre tanto la perdiz que resulta más cansina que estimulante a la hora de concretar sus estrategias, incluso cuando son positivas para todos sus socios.

A pesar de tener elecciones el 12 de julio, Galicia sigue ausente de este gran debate; el más importante de Europa en mucho tiempo. Si bien las comunidades autónomas no tienen opción a formar criterio sobre lo que se cuece en Bruselas, sí pueden ir debatiendo ideas sobre lo que podrá hacerse con tanto dinero: varios miles de millones entre ayudas directas y préstamos. Pero por algún misterio de la naturaleza, ni siquiera se habla del asunto –a fondo– en la precampaña electoral del 12-J.

¿Sucede lo mismo en otras partes de España? No. Empezando por el País Vasco, donde también habrá elecciones el 12 de julio. En su caso, el lendakari Íñigo Urkullu ha realizado sucesivos pronunciamientos al hilo de lo que pasa en Bruselas, para centrarse en su propia contribución al Plan de Recuperación de la Unión Europea, tal y como hiciera antes con la llamada Visión de futuro de Europa, una propuesta para un crecimiento humanista, social e inclusivo, basado en el Desarrollo Humano Sostenible.

¿Por qué desde el País Vasco tienen claro que el futuro de Europa determinará el futuro de Euskadi y su posición en el mundo de mañana, dicho con palabras de Urkullu, y desde Galicia no tanto? ¿Qué es lo que tiene que pasar para que los líderes gallegos se muevan, por ejemplo, en el marco de las RLEG (Regiones europeas con competencias legislativas) y elaboren aportaciones sobre la cooperación reforzada en el futuro de la Unión Europea?

Algo se ha avanzado la semana pasada, en la que el líder del PP en Galicia sostuvo que España sería insolvente sin las ayudas europeas, mientras el PSdeG secundaba las posiciones más europeístas del PSOE, el BNG pedía que los fondos europeos de reconstrucción se destinen a empleo, infraestructuras, sanidad y educación, y Galicia en Común lanzaba una “mirada hacia Europa”, teniendo en cuenta que muchos de los recursos para impulsar la recuperación llegarán desde la UE. Pero todo eso, que es menos que nada, no configura un gran debate desde Galicia sobre Europa.

Toca mirar al futuro y agua pasada no mueve molino pero, en política, la melancolía también puede resultar atractiva. Tres líderes gallegos, Manuel Fraga Iribarne, Fernando González Laxe y Camilo Nogueira, dieron en el pasado nivel político al debate sobre Europa. Tal vez porque creían que desde Galicia se puede tener una mirada del mundo, y no solo de Galicia. @J_L_Gomez

 

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