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¿Quo vadis Pedro?

María Cadaval | 22 de mayo de 2020

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / RR SS.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / RR SS.
No se puede gestionar peor una situación como esta, menos aún cuando ese circo era innecesario, la prórroga salió adelante con margen suficiente y la abstención de EH-Bildu no fue determinante.

La votación de la quinta prórroga del estado de alarma dejó un panorama impropio de un país avanzado. La portavoz socialista Adriana Lastra firmó un acuerdo con Unidas Podemos y EH-Bildu donde se contempla la derogación íntegra de la reforma laboral, entre otros compromisos para el País Vasco y Navarra. El acuerdo no se conoció hasta finalizada la votación, para no comprometer el voto positivo de Cs y el PNV, una puñalada trapera a los partidos que vienen apoyando las últimas prórrogas del estado de alarma. El acuerdo no tenía sentido ni era necesario, porque la abstención de EH-Bildu fue irrelevante, pero ha mermado el poco crédito que todavía le quedaba al Gobierno y ha enfrentado como nunca antes se había visto a dos vicepresidentes, Nadia Calviño y Pablo Iglesias. Mientras para la primera resulta “absurdo y contraproducente derogar la reforma laboral porque generaría inseguridad jurídica en medio de la mayor recesión de la historia de España” el líder de Podemos quiso ser “cristalino” y afirmar que “pacta sunt servanda (lo que se pacta obliga)”, ahora y en el acuerdo que se firmó para la legislatura, investidura y el gobierno de coalición, donde no se habla de derogación parcial sino de derogación de la reforma laboral”.

Pero aquí no acaba todo, la misma noche del miércoles 20 de mayo, ante el desconocimiento del acuerdo por parte de la ministra de Economía y de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, se produjo un cataclismo que propició la rectificación y la posterior rectificación de la rectificación. Así, pues, la inseguridad jurídica está servida, en uno de los momentos y aspectos más delicados. Todo esto propició que los empresarios rompieran su participación en el diálogo social en el que estaban activos desde hace meses; los sindicatos salieron a la palestra para afirmar que no daban crédito a lo que estaba sucediendo; desde Bruselas apabullaron a llamadas a Nadia Calviño; los diplomáticos tuvieron que cambiar varias veces el reporte que mandan a sus países y… en este contexto, lo único cierto es que así es imposible que España salga adelante.

Pedro Sánchez tenía que haber salido a dar una explicación de lo sucedido, pero prefiere las innecesarias “homilías” de los sábados vacías de contenido y sin dibujar la hoja de ruta que pretende seguir para enderezar el rumbo del país. Por un momento pareció que España tenía una Presidenta del Gobierno, que dio la cara ante los ciudadanos y, sobre todo, ante la Unión Europea, pero a Calviño le cuesta cada día más hacer creíble un gobierno que hace aguas y complicado articular una petición coherente de ayudas sin que los hombres de negro –esta vez con mascarilla– aterricen de nuevo.

No se puede gestionar peor una situación como esta, menos aún cuando ese circo era innecesario, la prórroga salió adelante con margen suficiente y la abstención de EH-Bildu no fue determinante. La aritmética variable a la Pedro Sánchez apeló cuando se conocieron los exiguos resultados de su mayoría, le están llevando a desmentirse constantemente con este asunto, primero ante Podemos ahora con EH-Bildu,  con quien aseguró que nunca pactaría, pero bueno esa era también la etapa de en la que afirmaba que no dormiría tranquilo con los comunistas en el Gobierno. Un gobierno de coalición no es un totum revolutum ni puede ser un ring político donde propinar golpes de efecto entre unos socios y otros. El país no está para bromas, se enfrenta a una amenaza sanitaria que trae consigo la mayor crisis económica en años y ahora, cuando más precisa un rumbo claro, la pregunta es: ¿Quo vadis Pedro? @mundiario

 

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