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La mala educación: De los libros de texto y otros demonios que nos rodean

Manuel García Pérez | 19 de agosto de 2013

Libros de texto / ahorrahoy.com
Libros de texto / ahorrahoy.com

Las editoriales de libros de texto han marcado las directrices de la enseñanza en el aula, devaluando la flexibilidad de las materias y limitando las destrezas de los profesores con sus alumnos.

Muchos docentes sabemos, desde hace años, que las cosas se podrían haber hecho de otra forma para frenar el fracaso escolar y sin tanto coste económico. Algunos de nosotros protestamos por entonces sin que ni siquiera los sindicatos atendieran a nuestras peticiones. Las editoriales (que conozco bien) han marcado las directrices de la normativa educativa y una gran parte de los docentes, de la Privada y la Pública, se han acomodado a gestionar sus clases desde el cumplimiento riguroso de cada epígrafe del libro de texto.

La libertad de cátedra y la flexibilidad del Currículo parecen haber desaparecido de las aulas, donde el profesor se siente programado, automatizado y con las mismas funciones de un burócrata a la hora de trabajar sobre informes y programaciones que no repercuten en la mejora de los alumnos.

Cursos de renovación pedagógica, idiomas, nuevas licenciaturas o masters, doctorados no han sido evaluados con objetividad ni incentivados económicamente, salvo por la inercia de los sexenios y de un número específico de créditos. La falta de una promoción interna y de un reconocimiento a la competencia en la formación de los profesores ha condicionado la devaluación del prestigio social que el ejercicio de la docencia necesita. Las editoriales trabajan en una ingente producción de libros de texto y de materiales, algunos de gran utilidad, pero que no satisfacen las necesidades educativas de la gran diversidad de alumnos que encontramos en las aulas de la Educación Pública y, además, no pueden suplir la metodología práctica, investigativa y dinámica que actualmente necesita un profesor.

Por esta razón, pese a las leyes educativas, los libros de texto han seguido marcando la marcha de las aulas con un rigor que ha contagiado a las familias, pensando que el aprendizaje está relacionado con el número de lecciones impartidas y por la cantidad de deberes para casa.

Quizá, ahora, en estos momentos de recortes, donde mediáticamente se ha atacado al funcionariado docente, necesitamos, con los escasos recursos que disponemos, plantearnos algunos aspectos de nuestros métodos de trabajo. Necesitamos reclamar a las administraciones y a los sindicatos una nueva forma de gestionar los recursos así como cambios en los modelos de impartir clase, lejos de los libros de texto, preparando nuestros propios materiales, buscando una mayor creatividad y un mayor realismo en los contenidos que transmitimos.

 

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