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Lavarse las manos, tan simple como imposible

David R. Seoane | 07 de septiembre de 2020

Manos con jabón.
Manos con jabón.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF publicaron un informe, Progress on Drinking Water, Sanitation and Hygiene in Schools (WASH), en el que revelaban que alrededor de 818 millones de niños en el mundo carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos en sus escuelas

Lavarse las manos con agua y jabón es un gesto simple que hoy más que nunca, en plena era Covid, ayuda a salvar vidas. A la vez, es también una práctica higiénica a la que muchos niños en el mundo no tienen acceso. Simplemente, porque en sus viviendas o en sus escuelas no hay agua corriente.

En pleno septiembre, los gobiernos y los centros educativos, se debaten sobre la reapertura de sus instalaciones y los modelos de enseñanza más adecuados para adaptarse a los tiempos de la pandemia. Sin embargo, en el 43% (Unicef/OMS 2020) de las escuelas alrededor del planeta no es posible lavarse las manos, un mecanismo de defensa clave en la lucha por aminorar la transmisión del virus. De hecho, en los países menos desarrollados, 7 de cada 10 escuelas carecen de instalaciones básicas para llevar a cabo este sencillo proceso. Rutinario sólo en aquellos países en los que los servicios esenciales se dan por sentado. Una vez más, el agua se demuestra esencial para la vida. Pero también lo son el saneamiento y la higiene.

En 1988, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, empezó a utilizar el acrónimo WASH para referirse a “Water and Sanitation for Health” (Agua y Saneamiento para la salud). Con el tiempo, y sobre todo a partir de la década de los 2000, las principales organizaciones multilaterales especializadas en este sector se apropiaron del término dándole difusión hasta el punto de alcanzar, hoy en día, una notable popularidad en el ámbito de la cooperación y el desarrollo. En este proceso, la última “H” que inicialmente significaba salud pasaría a referirse a “higiene”, para unificar en un solo concepto tres términos que son interdependientes: el agua, el saneamiento y la higiene. Basta un simple ejemplo: sin inodoros, las fuentes naturales de agua se contaminan; sin agua limpia, las prácticas básicas de higiene no son posibles. Entre ellas, lavarse las manos.

En la Semana Mundial del Agua

Precisamente, hace unos días, las agendas de la comunidad internacional registraron en abundancia el acrónimo WASH, entre otros temas relacionados con el agua. La última semana de agosto es reconocida por atraer la atención de los actores de la escena internacional sobre muchas de sus dimensiones, pero en especial sobre la gestión y la gobernanza de los recursos hídricos a nivel global. En este sentido, dos eventos llaman poderosamente la atención.

Por un lado, la ciudad de Estocolmo debería haber acogido del 24 al 28 de agosto, la Semana Internacional del Agua (Water World Week - WWWeek). Pero, como tantos otros eventos en todo el mundo, las circunstancias sanitarias han hecho que la organización optase, ya desde el pasado mes de abril, por configurar una programación adaptada a los entornos telemáticos que han irrumpido con fuerza desde los comienzos de la pandemia en la vida de millones de personas.

Desde hace casi 30 años, la comunidad internacional de la que forman parte Gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, sector privado, academia y organismos multilaterales de diversa índole, hace confluir en este encuentro su mirada múltiple hacia el elemento líquido. Sus desafíos, su gobernanza, sus desigualdades. El Instituto Internacional del Agua de Estocolmo (SIWI) es quién impulsa cada año esta ágora multilateral que se ha convertido en el evento más influyente del mundo para el abordaje de los grandes retos del agua.

En este 2020 atípico, el menú de la WWWeek At Home podría resumirse en un ingrediente principal que adereza todos los platos: la “resiliencia”. Una de las grandes tendencias, junto al cambio climático, que atravesaron buena parte de las 120 sesiones que compusieron su intensa programación. Es por ello que muchas de las conferencias se centraron en la búsqueda de estrategias para manejar las crisis futuras, como la degradación de los ecosistemas, la escasez de alimentos o las migraciones climáticas. La mayoría de estas amenazas están estrechamente relacionadas con el agua, al igual que muchas de las soluciones prometedoras que bosquejan los expertos en la materia.

Por otro lado, y también en las postrimerías de agosto, la GIZ, la Agencia Alemana para la Cooperación Internacional, organiza cinco días de conferencias dedicadas exclusivamente al agua desde la óptica del desarrollo y la cooperación internacional. La Week on Water for Development (WW4D) tiene este año como lema principal “Cada gota cuenta, el agua en tiempos excepcionales”. En este caso, 25 encuentros virtuales permitirán la discusión y el intercambio de experiencias y buenas prácticas entre países y contrapartes para analizar el agua desde diferentes prismas, comenzando por la COVID-19 y llegando hasta el cambio climático con todas sus consecuencias.  

En ambos eventos uno de los temas transversales que se trataron fueron los aspectos clave que WASH aporta de cara al desarrollo y a la preservación de derechos humanos, como la salud y la educación. Por ello, en estos dos espacios para la reflexión multilateral se incluyeron sesiones con títulos tan sugerentes como “WASHing away the Pandemic with Joint Hands” – Eliminar la pandemia con las manos unidas – (WW4D) o “Building Resilient WASH systems in Fragile Contexts: This Decade’s Challenge” - Construyendo sistemas WASH en contextos frágiles: El desafío de esta década – (WWW).

En definitiva, la última semana de agosto fue una semana de peso para el intercambio de experiencias e información y para encontrar los lineamientos estratégicos que permitan a la sociedad internacional dar pasos más firmes y mejor coordinados hacia la consecución del ODS 6 de la Agenda 2030.

En la intersección entre salud y educación

Llegado septiembre y tras la reflexión es momento de pasar a la acción. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF publicaron recientemente un informe, Progress on Drinking Water, Sanitation and Hygiene in Schools (WASH), en el que revelaban que alrededor de 818 millones de niños en el mundo carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos en sus escuelas, lo que los pone en mayor riesgo de contraer la Covid-19 y otras enfermedades transmisibles. Más de un tercio de estos niños (295 millones) viven en África subsahariana.

Este estudio se realiza en el marco del Joint Monitoring Programme (JMP) impulsado por las dos agencias de Naciones Unidas. Una iniciativa global que recoge datos de las condiciones de WASH en sus vinculaciones con tres espacios: los centros educativos, los centros sanitarios y los hogares. En cuanto a la vuelta al colegio, la postura es clara. Las escuelas deben abrir, pero con las medidas necesarias. En palabras del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS: “El acceso a los servicios de agua, saneamiento e higiene debe ser un enfoque importante de las estrategias gubernamentales para la reapertura y el funcionamiento seguros de las escuelas durante la pandemia". Para ello, meses atrás y en plena erupción del COVID-19, se publicaron también una serie de recomendaciones para la reapertura segura de las escuelas, elaboradas por UNICEF, la OMS, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Banco Mundial.

En los últimos tiempos, los países se esfuerzan por trazar nuevos rumbos para la “normalidad” en la escuela, en la época de las mascarillas y de la distancia social. La comunidad educativa coincide en que la enseñanza presencial, sobre todo para las edades más tempranas, es la más beneficiosa para el alumnado ya que favorece la socialización, la interacción entre pares y el aprendizaje más allá del libro y de la pantalla del ordenador. Sin embargo, hay contextos en los que las clases burbuja, los refuerzos en el profesorado o las modalidades semipresenciales con ayuda de dispositivos tecnológicos no son opciones factibles. Antes, hay todavía problemas más acuciantes que resolver. Sobre todo, cuando el suministro de agua potable y unas mínimas condiciones de higiene y limpieza no están aseguradas.

Según la iniciativa Hand hygiene for all, tres mil millones de personas, el 40% de la población mundial, no pueden lavarse las manos con agua y jabón en sus hogares. Tres cuartas partes de ellas viven en los países más pobres del mundo y muchas de ellas en asentamientos informales, campamentos de migrantes y refugiados o en zonas de conflicto activo. Debido a estas circunstancias, las estimaciones indican alrededor de mil millones de personas estarían en riesgo inmediato de contraer Covid-19 simplemente porque carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos. Queda mucho trabajo por delante, pero si por alguna parte debemos empezar, entonces, empecemos por las escuelas. @mundiario

 

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