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Jóvenes musulmanes, nacidos en Europa, no reconocen otra patria que la Umma

Fernando Ramos | 19 de agosto de 2017

Mapa del riesgo yihadista.
Mapa del riesgo yihadista.

Los ahora ciudadanos de Europa –como declaran ya tantos jóvenes musulmanes británicos– niegan su lealtad constitucional a la nación política a la que pertenecen y se consideren miembros no de una nación, sino de una comunidad por encima de los estados que es la Umma.

En el prólogo de un libro compartido, sobre cómo evitar el choque de civilizaciones, publiqué una serie de reflexiones que hoy quiero recuperar, porque lamentablemente, luego de la primavera árabe, se han cumplido los vaticinios de uno de sus más amargos frutos. Es evidente que Occidente debe ser consciente de que miles de jóvenes musulmanes aquí nacidos no se sienten ciudadanos de los países donde viven, sino que su patria de referencia es la “Umma”, la comunidad de los musulmanes. Algunos culpan a Occidente de este fenómeno y sitúan su causa en la propia intervención de los países occidentales en los países árabes en conflicto.

Cuando se inició este proceso, analistas más solventes no supieron vaticinar dónde acabaría lo que se llamó “La primavera árabe” hora de vaticinar la dirección final de la convulsión histórica, iniciada en 2010.  Desde Túnez, cuyo origen radicó en la miseria sin horizonte posible y en la corrupción generalizada, prendió rápidamente en Egipto y se contagió a Libia, en tanto la dura represión lo frenaba en Siria. Para unos, este movimiento tiene una raíz laica y democracia que haría caer por su base las pesimistas predicciones del “choque de civilizaciones” entre el mundo occidental y el integrismo islámico. Otros temieron empero que, entre quienes se alzaron frente a gobiernos represores y corruptos, de retórica revolucionaria,  que mantenían a sus pueblos en la desesperación, sometidos a una brutal represión policial y militar, cundiera el mensaje del islamismo integrista que pretende el retorno al ideal de un mundo gobernado por la sharía o ley islámica que rija todos los órdenes de su vida. En parte ha sido asi.

He ahí el dilema. No deja de ser una contradicción inexplicable que dentro del mundo árabe, el país más teóricamente estable y aliado de los Estados Unidos, se una monarquía medieval, que financia la construcción de mezquitas en toda Europa, mientras considera un delito el envío dentro de su territorio el envío de una felicitación de Navidad.

 

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Islamizar Europa es un objetivo que no se oculta.

 

El Wahhabismo es una subsecta religiosa musulmana de la corriente mayoritaria del sunnismo. Destaca por su rigor en la aplicación de las leyes islámicas y por un constante deseo de expansión. Para ello utilizan tanto sus instituciones de formación, a las que acuden estudiantes de todos los países mayoritariamente sunnitas, como los recursos económicos que les proporciona la dinastía reinante en Arabia Saudita y que son empleados en la creación de mezquitas y centros de estudios en diversos lugares del mundo.

Otra contradicción peligrosa viene determinada por el hecho de que, mientras ha sido la tecnología; es decir, el uso de las redes sociales e Internet el mecanismo esencial que permitió la organización táctica de los jóvenes indignados árabes, para una parte significativa de los imanes instalados ya en Europa, es la tecnología y su aprovechamiento lo único que estiman del mundo que los acoge y cuyo sistema de valores les permita poder predicar el Islam, mientras en muchos de los países de los que proceden o los financian se persigue a cualquier otra confesión o no se les permite existir como tales.

Del mismo modo que en su momento, la radio fue el instrumento decisivo en la revolución argelina que condujo al país a la independencia de Francia, la rápida comunicación a través de la Red significó que, mientras aparentemente no se apreciaba el protagonismo de líderes visibles, la movilización popular fue imparable. Cuando se quiso reaccionar prohibiendo Internet y los móviles ya era tarde.

Una conclusión en la que coinciden los más autorizados analistas establece que es un error atribuir al proceso una coincidencia general, pese al común detonante de resistencia frente a la opresión. Unos regímenes han caído, pero otros resisten e incluso entre quienes lo hacen se lanzan mensajes a Occidente de que tras ellos puede venir la temida islamización de la sociedad. No estamos pues ante un solo modelo, pese al común origen de convulsión social. En algunos países el ejército se sumó a los sublevados, en otros los reprimió.

¿Europa será mestiza?

Sería suicida negar que Occidente, sobre todo Europa por su proximidad, siguen  con particular expectación el proceso cuyo oleaje inevitablemente acabará alcanzándola, máximo cuando se augura, como lo hace TDahar Ben Jelloun, que “Europa será mestiza o no será”, desde la inequívoca plataforma de la web WebIslam, tomado el título del libro “La Europa mestiza” del célebre politólogo Sami Naïr.

 

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Protesta tras la detención de un islamista.

 

Tras veinte años de investigación sobre los conflictos suscitados por los movimientos migratorios, Naïr sostiene que hay que impedir que la integración se plantee en términos ‘culturalistas y de identidad’: “La sociedad de acogida se equivoca si encierra la inmigración en un estatuto de minoría, pues también la encerrará en un papel determinado dentro de la sociedad. Y esa actitud conduce inevitablemente a derivas racistas”, dice. El libro de Naïr responde a las preguntas de quién tiene derecho a pertenecer a esta Europa, y se adentra en la estipulación de un nuevo concepto de ciudadanía europea. Como afirma en él: “la universalidad moderna es el humanismo mestizo, la abertura a la comunidad de género. Ése es el gran reto que supone para las naciones europeas la acogida de las nuevas poblaciones”.

El temido futuro ha llegado. Los ahora ciudadanos de Europa –como declaran ya tantos jóvenes musulmanes británicos- niegan su lealtad constitucional a la nación política a la que pertenecen y se consideren miembros no de una nación, sino de una comunidad por encima de los estados que es la Umma? ¿Acaso no es ese un principio del Islam?

Dejemos aparte, pues, la cuestión de identidad, pero al menos, sea cual sea el origen de los ciudadanos de esa Europa del futuro, sus creencias religiosas o su agnosticismo, al menos deberemos tener en común nuestra lealtad a la Constitución, a las obligaciones de la ciudadanía, al respeto al sistema de valores que han configurado la sociedad en la que vivimos y queremos seguir viviendo. A Europa la costó siglos de evolución y mejora alcanzarlo.

Qué es la Umma

Si bien es cierto que la Umma (árabe: امة) o comunidad de creyentes del Islam comprende a todos aquellos que profesan la religión del profeta Mahoma independientemente de su nacionalidad, origen, sexo o condición social, hay varias escuelas que interpretan de modo diverso al Corán, aparte de las dos grandes divisiones entre sunníes y chíies.

Pero coinciden en una cosa: Dar el-Islam es la Casa de Dios, y la umma es la comunidad de sus fieles. En País Islamico leemos: “Sólo los musulmanes forman una comunidad. No existe semejante cosa como la comunidad internacional. La ley internacional es una ilusión. Las constituciones no tienen ni justicia ni poder. El poder únicamente pertenece a Allah”. (Addalqadir As-Sufi Al-Murabit ) Y hay quienes creen eso.

 

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El esquema de la comunidad musulmana.

 

Para un ateo o una persona de otra religión, en España, un musulmán es un ciudadano. Para un musulmán fiel con rigor al Corán, todos los que no formamos la umma somos Dar el-Harb, los de fuera, la Casa del Pecado. Los infieles. Y esto es así. Y si a alguien se le convence de que si muere por Alah lo espera el paraíso con huríes y ríos de leche y miel, como algunos quieren creer, el resultado es explosivo.

 

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Un riesgo visible.

 

No todos los musulmanes son iguales, pero cultura teocrática plantea problemas muy distintos del ciudadano que acepta la separación entre religión y política. No ha habido un Voltaire en el mundo musulmán. El Corán es una regla para la vida en todos los órdenes. Y como dice el profesor Sartori, el problema de la no integración de determinados colectivos musulmanes –que sólo usan lo que les conviene de la sociedad occidental-, crea problemas irresolubles. Y añade “En este sentido, la diferencia radica en que una sociedad pluralista es abierta y se enriquece con las aportaciones de todos, mientras que el multiculturalismo significa el desmembramiento de la comunidad pluralista en subgrupos o comunidades cerradas y homogéneas”.

En cambio, en Arabia existe una policía religiosa, los mutawa, muy eficaz, que interviene inmediatamente cuando sospecha que se está celebrando una reunión religiosa no islámica. Todos los intentos hechos en todos los niveles por varios gobiernos, por la Santa Sede y especialmente por Juan Pablo II para mejorar esta situación no han dado hasta ahora ningún resultado positivo. Pero los saudíes financian la construcción de mezquitas por toda Europa. Pero en Arabia enviar una simple felicitación de Navidad es un delito.

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