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Las exportaciones de petróleo de Venezuela se desplomaron en junio a su nivel más bajo en 77 años

Ricardo Serrano | 02 de julio de 2020

Una planta de producción y almacenamiento de crudo de PDVSA al oriente de Venezuela / RPP.
Una planta de producción y almacenamiento de crudo de PDVSA al oriente de Venezuela / RPP.
Las sanciones estadounidenses han creado una especie de zona de alto riesgo geopolítico y comercial para cualquier empresa o transnacional que decida hacer negocios con Venezuela.

El recurso energético que cimentó la bases de la economía más hostil y deteriorada de América del Sur, ha perdido rentabilidad y rendimiento como el commodity del que solía provenir el 96% de las divisas que entraban al país en un caudal de dólares que durante más de 10 años sostuvo las políticas sociales, las prebendas electorales y el gasto público del entonces gobierno de Hugo Chávez.

Pero hoy, el panorama es otro y la realidad choca con fuerza al dejar en evidencia que Venezuela ya no produce petróleo, y el poco que exporta, lo envía en regalías a Cuba, pues la nación sudamericana ha perdido acceso absoluto a los mercados de capitales y al mercado petrolero mundial debido a las sanciones de Estados Unidos, que busca sacar del poder al régimen neocomunista y militarista de Nicolás Maduro.

Y es que las exportaciones petroleras de Venezuela se desplomaron en junio a su nivel más bajo desde 1943 después de que seis tanqueros, que intentaban evadir los riesgos de las sanciones estadounidenses, zarparan de las aguas del país sin cargar, según los datos de seguimientos de buques, reseñó la agencia Reuters.

Esto implica que esas embarcaciones pudieron haber salido de aguas venezolanas para desplazarse por todo el Mar Caribe y trasladarse hasta Rusia o Irán para abastecerse de petróleo y aditivos, pues las sanciones de Washington a la estatal petrolera rusa Rosneft le quitaron al régimen venezolano esa alianza estratégica que le proveía un soporte financiero y energético vital, razón por la cual ahora solo le queda el canal iraní, pero las presiones de la Casa Blanca sobre Teherán podrían también cerrarle esos flujos de combustible e insumos petroleros a Maduro. 

Esa configuración del panorama geopolítico entre Caracas y Washington da muestra de que la agenda de presión de la Casa Blanca podría dejar al país petrolero sin efectivo para realizar importaciones esenciales de medicinas y alimentos. De hecho, al estar bloqueado y vetado en el sistema financiero internacional, que se mueve íntegramente en dólares y es controlado por EE UU, el régimen de Maduro no puede ejecutar transacciones en moneda norteamericana, tiene más de 5.000 millones de dólares represados en bancos corresponsales, 1.200 millones de dólares en oro en el Banco de Inglaterra y se ha visto obligado a realizar sus transacciones con euros en efectivo que capta de la venta de oro del Banco Central de Venezuela a Rusia y Turquía.

Las sanciones estadounidenses han creado una especie de zona de alto riesgo geopolítico y comercial para cualquier empresa o transnacional que decida hacer negocios con Venezuela. Es tanta la presión y la disuasión de EE UU, que varios clientes de la estatal petrolera venezolana PDVSA han salido de las aguas territoriales del país y han sacado sus navieras para evitar ser sancionados por Washington, pues sus capitales, activos y flujos de inversión están depositados en Wall Street (Bolsa de Valores de Nueva York), que es el mercado financiero más grande e importante del mundo.

PDVSA y sus empresas conjuntas enviaron un total de 17 cargas en junio, transportando alrededor de 379.000 barriles por día de crudo y productos refinados, según datos de la consultora Refinitiv Eikon y cronogramas de carga de la compañía, reseñados por Reuters. Ese volumen tan bajo no se veía desde el año 1943 y fue casi un 18% inferior a las exportaciones de mayo, según esos mismos datos de la firma. 

La estatal ha perdido más de 16.000 millones de dólares en los últimos tres años por la caída de su producción, tiene un déficit fiscal de 20.000 millones de dólares, ha sufrido un desfalco de más de $300.000 millones producto de la corrupción gerencial de la compañía y solo una de sus diez refinería se encuentra operativa, y lo hace al 10% de su capacidad, razones por la cual el país con las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo (300.000 millones de barriles) ahora debe importar crudo y gasolina. 

La producción total de crudo del país está ligeramente por encima de esos niveles, según datos de PDVSA precisados por Reuters. Esos volúmenes son un poco más del 10% de los casi 3,5 millones de barriles diarios que Venezuela produjo a finales de 1999.

Por lo tanto, el país ha perdido, en promedio más de 93 millones de dólares en ingresos por esa abrupta caída en la producción desde inicios de 2020. 

Con unas cuentas públicas y un Estado tan precario, Venezuela se encuentra al borde de un colapso social y económico producto de la falta de financiamiento, crecimiento empresarial, creación de empleo y respaldo de la moneda nacional (el bolívar) con los ingresos en dólares para evitar que detonara la inflación que ha expulsado de su país a más de 3 millones de venezolanos en los últimos tres años. @mundiario

 

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