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La escritora de novela erótica Rose Gate nos invita a soñar con Elyxir

Ulises Novo | 31 de marzo de 2019

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"Podría estar comiéndote toda la noche. De hecho, creo que es justamente lo que voy a hacer", escribe Rose Gate en su novela Lo que pasa en Elyxir se queda en Elyxir

  A continuación, para nuestros lectores de Mundiario, la escritora de novela erótica Rose Gate nos brinda un fragmento de una de sus últimas obras en Amazon, "Lo que pasa en Elyxir se queda en Elyxir":

  "No recuerdo en qué momento lo hice o como llegué de nuevo al sillón calefactable. Estaba agotada y sexualmente desbordada. Ese hombre era un sueño. Normalmente, a los hombres les costaba abordar otra cosa que no fuera el perrito o el misionero.

   Esa era una de las cosas que echaba en falta de mi ex; su creatividad sexual era loable y la del moreno que ahora estaba entre mis piernas, saboreándome de nuevo, era brutal.

—Sabes jodidamente bien, Yanet, soy incapaz de saciarme. 

La vagina me dolía por la intensidad del agua y su lengua estaba ejerciendo un efecto de bálsamo reparador que ya querrían para sí los de Chilly o Dermovagisil.

Dios, era tan placentero que no quería detenerle.

—Podría estar comiéndote toda la noche. De hecho, creo que es justamente lo que voy a hacer.

Tenía ganas de brincar, pues el Dios del sexo oral había aterrizado entre mis piernas. El plan que me proponía era muy tentador, pero no podía olvidar que estaba en la fiesta de la empresa. En algún momento deberíamos parar y regresar.

Aunque cuando la lengua de mi compañero comenzó a follarme, pensé que, a fin de cuentas, no era tan necesario que estuviera en ella. Sentí una necesidad urgente de cambiar su lengua por algo más grande y grueso. ¡Quería su polla enterrada en mí!

—¿Te importaría follarme, Pitón? Pero esta vez por delante.

Ya me había habituado a llamarlo así. Él sonrió.

—Claro, me encantan tus exigencias. Estiró la mano para agarrar el pantalón y sacar un condón. Aquel gesto me hizo gracia.

—¿Me has follado el culo y la boca sin protección y ahora vas a por un capuchón, Caperucita? ¿Qué ocurre, hay demasiada humedad en la cueva? —Me miró algo consternado.

—Lo siento, te juro que siempre uso preservativos, estoy sano y… —Shhhh —le silencié.

—Yo también me cuido y no voy a quedarme embarazada, pues tengo un DIU puesto. Así que ven aquí y mira fijamente este punto —intenté emular la voz de los hipnotizadores, señalando el orificio de entrada de mi vagina

— ¿Lo ves? —Asintió.

Parecía verdaderamente hipnotizado. ¿A ver si realmente tenía una vagina con poderes? Me sentía una gran payasa cuando estaba con él y a él parecían hacerle gracia mis chistes, no como a mi ex que no se reía ni aunque lo mataran.

—Bien, lo estás haciendo muy bien. Ahora, concéntrate y fíjate en estos, son mis labios menores.

  Los cogí entre mis dedos, estirándolos para que los viera

—Y quieren decirte algo —susurré.

Él subió la vista, mirándome divertido. —¿Ah sí? ¿Y qué quieren decirme? —Había dejado el condón y estaba completamente centrado en mí.

—¿Sabes leer los labios? —Él asintió, profundizando la sonrisa.

—. Pues lee los míos… —los moví incitantes, abriéndolos y cerrándolos como si fueran alas de mariposa. Quería que observara la humedad que goteaba en el asiento. Mi hombre no se hizo de rogar.

—Creo que ya he entendido el mensaje. —Aparté los dedos y, cuando se tumbó sobre mí, se los di a probar, insertándolos en su boca. Él los chupó con deleite.

—¿Y qué has entendido? —pregunté excitada.

—¡Fóllame!

Su polla me penetró y no paramos hasta que ambos nos corrimos de nuevo. No sé las horas que transcurrieron, ni las posturas que probamos, solo sé que cuando terminamos fue porque ambos nos quedamos dormidos".

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