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Despedida de mi amigo y mentor Gaspar Peral Baeza

Ramón Palmeral | 24 de diciembre de 2017

Ramón Palmeral y Gaspar Peral Baeza. / Palmeral.
Ramón Palmeral y Gaspar Peral Baeza. / Palmeral.

Falleció a los 93 años un gran hernandiano Gaspar Peral Baeza, generoso con todos aquellos que acudimos a consultar su oceánico archivo sobre el poeta Miguel Hernández en su casa de Torre de las Águilas.

Esta mañana 23 de diciembre hemos despedido a una buena persona con serenidad y reflexión, y con pena contenida, como era Gaspar Peral Baeza, un amigo y también mi mentor en temas hernandianos.  A las 11,15 horas se inició la homilía en la capilla que tiene el tanatorio la Siempreviva, en el Vial de los Cipreses, situado a un kilómetro al Sur del Cementerio de Nuestra Señora del Remedio. Un camino por donde pasó hace 75 años, un domingo del 29 de marzo de 1942, el paupérrimo féretro de Miguel Hernández sobre un coche fúnebre tirado por caballos negros, tal vez, sin la típica cresta de  plumas de cuervos.

La homilía la oficio un sacerdote de color, lo hago tonar  por ser la única persona de este color que había entre los cientos de files asistentes. El sacerdote, tranquilo, pausado y sabio ofició una misa en la versión larga de 45 minutos, en la que antes de terminar llamó al atril del altar para dar un responso a Aitor L. Larrabide, Director de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela que a título personal dijo que conoció a Gaspar en los años noventa para poder hacer su tesis de licenciatura sobre el poeta de El rayo que no cesa, y a continuación leyó unos versos del Cancionero y romancero de ausencias, en tono emocionado y casi con lágrimas en los ojos (una copia de los versos van metidos dentro del ataúd). A continuación José Antonio Charques y en nombres del Grupo Poético Miguel Hernández de Alicante, recitó de memoria –una memoria excepcional que posee– un poema propio, que sin apartar los ojos de ataúd nos emocionó a todos por su contenido elegiaco.

Luego el sacerdote echó el agua bendita sobre el ataúd con toda solemnidad y dio la mano a los hijos: Paco, Gaspar y Adela presentes en primera fila, junto a sus nietos.

Se abrió el ala lateral de la capilla y pasó muy cerca del mí, casi rozándome, el féretro hasta meterlo en el coche fúnebre, sin poder resistirme a dar sobre el pino barnizado en caoba, un par sordos golpes como una adiós definitivo y para siempre. No quise ir hasta al camposanto donde lo iban a enterrar en el panteó familiar, porque dejó dicho, antes de morir que no quería que lo incineraran.

Allí mismo me despedí dolorido de algunas caras conocidas como: Paco Esteve, Rosa Monzó Seva, José Luis Ferris, Joaquín Santo Matas y esposa, del pintor Carrasco que había venido desde Játiva, de Charques y de los hijos de Gaspar que en cuerpo de cadera rota tomó el camino del tétrico cementerio, detrás de su alma ya huida.

De regreso a mi casa, en mi coche, yo solo, recordé que, a Gaspar lo conocí en la Senda del Poeta del años 2002 a la entrada del cementerio, me lo presentó Manuel Parra Pozuelo, también amigo y escritor hernandiano, con el que me unía y me une una gran amistad relacionada con la poesía. Desde aquel año, Gaspar al entesarse de que yo estaba preparando mi primer libro sobre Hernández, me invitó a consultar  notas en su “oceánico archivo”, que así lo llamaba desde que lo bautizara, años atrás, el famosos hernandiano Eutimio Martín, autor de El oficio de poeta, 2010.

No solamente consulté su archivo en su casa de la Torre de las Águilas, en la mítica calle Virgilio 5 de la Albufereta, sino que cultivé su amistad muchas tardes, y además le serví de conductor para llevarlo a Orihuela muchas veces como en 2006 cuando le dieron la Medalla al Mérito Hernandiano de la Fundación M.H.; otras veces para el III Congreso de Miguel Hernández inaugurado en la Lonja de Orihuela en 2010; o para el curso de verano sobre Ramón Sijé, en Orihuela en 2013, donde compartimos mesa de oradores. Así podría seguir contando viajes y anécdotas, y horas de impagable magisterio.   

No voy a hablar del amplio currículum literario de Gaspar  porque hoy (23) el Diario Información le ha dedicado la página 74 completa en la Sección Cultural, escrita por José Luis Ferris, donde habla de él y de su entrañable amistad cierta, porque la famosa biografía en Tusquets de Hernández, salió del archivo de Gaspar.

Solamente me queda resaltar que Gaspar Peral Baeza había nacido el 21 de diciembre de 1924, el día de Santo Tomás, (Apóstol, el Incrédulo), y falleció a los 93 años, el mismo día que los cumplía, y empieza para nosotros el invierno. Gaspar me decía algunas veces: “Soy por naturaleza incrédulo como el apóstol Santo Tomás, santoral de mi nacimiento”.

 

 

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