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El caso del hombre que se come 15 docenas de ostras de Nueva Orleáns

Quique Alvarellos | 30 de septiembre de 2014

Adam Richman, en plena faena y (evidentemente) antes del régimen.
Adam Richman, en plena faena y (evidentemente) antes del régimen.

Richman es uno de esos fenómenos televisivos en el país de las hamburguesas. Protagonista de la serie "gastronómica" llamada Crónicas Carnívoras, se somete a todo tipo de desafíos...

Adam Richman es uno de esos fenómenos televisivos en el país de las hamburguesas. Protagonista de la serie "gastronómica" llamada Crónicas Carnívoras, se somete a todo tipo de desafíos... llamémosles "culinarios". Pero después de muchos años de "mala vida" ha dado un giro radical su existencia...

 

A pesar de que aún no he tenido la oportunidad de viajar a los Estados Unidos de América, estos días estoy conociendo un poco más de su curioso sistema de vida. Lo hago a través de la gastronomía, que es una de las formas más rápidas de hacer un estudio sociológico de un pueblo. Sucede que llevo visionado varios capítulos de una serie de televisión de Travel Channel titulada “Crónicas carnívoras”. En ella, el presentador y protagonista, llamado Adam Richman, viaja por los USA sometiéndose a todo tipo de desafíos gastronómicos.

Por ejemplo: le he visto comerse ¡15 docenas de ostras de Nueva Orleáns! (enormes, a las que les echaba ketchup); se bajó delante de nosotros, los televidentes, una hamburguesa de más de dos kilos que llevaba dentro... ¡un donut frito! Al parecer es la típica hamburguesa del béisbol que se come en Michigan. Y sigo: en la Búfalo Cantina de Brookling se sometió al llamado “Suicidio de las seis alas de pollo”, consistente en tenerse que comer, en solo seis minutos, una carne literalmente ahogada en salsa de chile jalapeño y habanero. La cámara captaba primeros planos de su rostro sudado y como su mano derecha golpeaba en la mesa para poder ingerir cada bocado, bufando como una res acorralada en el rancho de Reata. Y lo vimos también, por cierto, en Minneapolis, visitando un abrevadero alemán llamado Gasthof Zur Gemüthchkeit, donde trituró una salchicha de un metro de longitud.

Estos son solo algunos ejemplos para quien nunca haya visto la singular serie. Reflejan sin duda todo un sistema de vida, y de pensamiento. Es la comida de la testosterona. La de los “campeones del mundo”. Detrás del protagonista hay siempre un coro de “pesos muy pesados” (hombres, mujeres y niños) gritándole detrás de la nuca a este rey de la “fast food”: ¡Cómelo todo; tú puedes!

El Adam Richman es —lógicamente— un tipo fondón. Con el rostro hinchado, mal color y flácido. Aunque más bien debería decir que Adam era fondón, hinchado y flácido. Pues hace algo menos de un año, después de varias temporadas grabando estos increíbles (y absurdos) desafíos gastronómicos, dio un giro radical a su (mala) vida y comenzó a hacer régimen.

Como todo converso, su giro fue tan radical que ahora es un abanderado de la comida sana. Y hace proselitismo en las Redes. Llegó a tal punto su conversión que fue capaz de adelgazar ¡30 kilos! este año. Los del Travel Channel al parecer están tan enfadados que han detenido la grabación y emisión de nuevos programas.

Esto todo parece un chiste. Pero así de loca es la vida, en los USA, con las cosas del comer. ¡Pedazo de país!

 

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