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Amnesias cultivadas que provocarán efectos no deseados

Manuel Menor Currás | 06 de octubre de 2018

Valle de los Caídos. / Wikipedia
Valle de los Caídos. / Wikipedia

Las demencias de memoria provocan problemas serios en el comportamiento. Educar en la amnesia también se paga con actitudes sociales aberrantes.  

Entre la amnesia y la gimnasia revanchista cabe la honesta verdad: José María Aznar debiera tenerlo en cuenta, aunque solo fuera por haber sido representante electo para presidente de los españoles. Como le ha recordado Antón Losada, parece haberlo olvidado

La tumba y la memoria

Similar recomendación cabe respecto a las apreciaciones del arzobispo Carlos Osoro sobre la nueva tumba de Franco. Muchos obispos le admiraron en vida, pues le debían el cargo, y a su muerte casi le canonizaron, pero el conocimiento histórico creciente que tenemos de aquellos 40 años exige coherencia. Muchos eclesiásticos, sin embargo, cuando se habla de las dimensiones temporales de sus actividades, se remiten al origen divino de su institución. Y al revés, si se plantean exigencias a su dimensión religiosa, no alzan el vuelo de una terrenalidad pedestre. En principio, este arzobispo parece inclinado a que sea su Iglesia más cercana al siglo I  que al III, pero ese compromiso resulta volátil  cuando explica este asunto funerario. La historia de la primitiva Iglesia que muestran las investigaciones no sometidas a condicionantes líneas apologéticas, permite advertir que fue  en la época constantiniana  –al pasar el cristianismo, en el 370 d.C., a religión oficial y exclusiva del vasto Imperio Romano-, cuando las adherencias del poder temporal originaron una creciente acomodación de las exigencias evangélicas primeras.  

Ahistóricos

Es posible que de lo dicho estos días por este prelado haya mucho de apego al poder, el de cuando la Iglesia tuvo la exclusiva de la confesionalidad –y era en expresión de Maquiavelo instrumentum regni-, el recibido en los años de la dictadura nacionalcatólica y el sostenido por Acuerdos del Estado con el Vaticano en 1979.  Plantearse, pues, la dimensión del nuevo enterramiento de Franco como mero asunto de  conciencia ante Dios –metodología de un antecesor suyo en la diócesis de Ourense-, no es suficiente.  Cuesta tiempo desprenderse de lo ambiguo, pero los propósitos de enmienda, si van en serio, en casos como este no son ejemplares si prescinden de los hombres y mujeres de este bendito país. Lo de Bendito país fue título de un hermoso libro de Bernardino Hernando en 1976, cuatro años después del 2º tomo de Celtiberia Show, de Luis Carandell, En aquel repertorio casaría bien, al lado de lo dicho por Osoro, la sentencia de la Conferencia episcopal:  ”Los muertos no tienen carnet político”. Asombrosa la amnesia que, ex catedra, hayan de tener los creyentes acerca de este muerto –que no se dulcificó ni en vísperas de morir-, dejando de lado además la larga historia  anterior en que la mezcla de Economía política con Teología nunca fue bien con los creyentes en el Evangelio. Al escándalo del versátil ojo de la aguja han de añadir  el de la restrictio mentalis a conveniencia.

El problema es que las palabras –y más las del Evangelio- difícilmente toleran el acomodaticio vaivén ahistórico de significar según convenga. La verdad de “confesionalismo” y “laicidad”, “justicia social” y “los débiles”, “lo sagrado” y lo “profano”, “libertades” y “derechos”, “discriminación” y “igualdad”, “poder” y “servicio”…, o “educar la conciencia social”, puede sonar atractiva en un congreso como el de la Fundación Pablo VI. Puede, sin embargo, quedar meramente oportunista si se entrecruzan entre sí estas palabras para  contextualizar su histórico ser eclesial. La consistencia de su encarnación real puede distar mucho de una supuesta nueva imagen que algunos obispos quieren mostrar si se somete a un borbotón de preguntas.

Al laudable intento -que un rocoso sector reaccionario pone obstáculos-, para ser creíble le faltan unas cuantas renuncias per se, y compromisos claros con los ciudadanos en general -los pobres en particular- sin esperar a que la disminución de creyentes ponga más en evidencia el afán demostrativo de seguirse creyendo indispensables y, a ser posible, privilegiados. E, internamente, le falta reconocer, entre otras resoluciones garantistas, la dignidad de los trabajos que, con hostilidad manifiesta de la jerarquía en muchos casos, han llevado a cabo sacerdotes, monjas y cristianos de base en estos 80 años últimos. En esto de captar la atención  ya no vale todo y menos cuando se viene de una avidez de amiguismo con el poder. No casa, por ejemplo, el arribismo que reflejan  algunas afirmaciones del Sr. Casado –desmemoriadas también- en una mesa redonda de un congreso reciente, en que se habló de la relación entre Iglesia y Democracia. ¿Por qué en el caso español tiene abiertos tantos frentes–también en el ámbito educativo- cuando en Francia, por ejemplo, ya quedaron resueltos en 1905? (Es posible que haya habido alguna respuesta interesante: habrá que verlo).

El ojo del abismo

Con tales amnesias –y con la complicidad de bastantes de estos peones-, la educación, sanidad y tantas otros servicios con posibilidad de rentabilidad económica tienen más fácil ser objeto de la obsesión privatizadora. La sanidad madrileña, por ejemplo, acaba de ser denunciada ante la Fiscalía por presunta corrupción, a la luz de los sobrecostes que ha implicado su creciente privatización. Y mientras, en algunos distritos de Madrid –por poner otro ejemplo-, la educación ha sido privatizada hasta un 70% invocando la amnesia que se esconde bajo el lema de la “libertad de elección de centro”, como si el crecimiento injusto de la brecha de desigualdad entre unos y otros ciudadanos y el creciente deterioro de los distintos aspectos de la educación pública no importaran. O que la no reversión de lo recortado en estos años no esté teniendo lugar ni, tampoco, que las familias que apuestan por la escuela pública no tienen libertad de elección.

Para que no decaiga, ahí está, favoreciendo el olvido indiferente, el paro al alza, mientras el FMI recuerda que a las pensiones españolas les irá mal sus perceptores son vistos como personas y no como números contables de pura mercancía. Según  poetiza Antonino Nieto, en El ojo del abismo toma de la mano el arco iris. seguir corrompiendo la memoria de los nacidos es autodestructivo. @mundiario

 

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