Monstruos: Menendez, el espejo de la tragedia familiar
Tras el fenómeno global de Jeffrey Dahmer, el creador Ryan Murphy continuó su antología Monstruo con la segunda temporada: Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez. Estrenada en septiembre de 2024 en Netflix, esta serie se adentra en el brutal parricidio de José y Kitty Menéndez por parte de sus hijos, Lyle y Erik, en 1989. Sin embargo, el verdadero foco de la serie no es solo el crimen, sino el circo mediático, el juicio polarizado y la perspectiva de la defensa sobre el abuso.
La serie, producida por Netflix en colaboración con Ryan Murphy Television, se beneficia de un reparto sólido y de una dirección visual impecable, sello característico de Murphy. Nicholas Alexander Chavez y Cooper Koch encarnan a Lyle y Erik con una mezcla de fragilidad e intensidad, logrando humanizar a las figuras que el público, en su mayoría, ya había condenado. La trama navega entre los hechos forenses del asesinato y los flashbacks que detallan el presunto abuso físico, sexual y emocional que los hermanos sufrieron a manos de sus padres.
La gran polémica de esta temporada, al igual que ocurrió con la entrega de Dahmer, reside en su tono. La serie no busca el gore ni la explotación, sino que se concentra en el drama psicológico y social. El guion argumenta la defensa de los hermanos: no fue un crimen por dinero (aunque la evidencia forense lo sugiera), sino un acto de supervivencia y de "miedo a que los mataran antes". Esta narrativa ha generado un intenso debate sobre si Netflix está "humanizando" a los asesinos o, por el contrario, dando voz a las víctimas de una dinámica familiar tóxica que fue ignorada durante el juicio original.
El juicio y la espectacularización de la tragedia
El acierto más notable de la serie es su detallada recreación de la espectacularización del crimen en los años noventa. El juicio de los Menendez fue uno de los primeros casos judiciales transmitidos íntegramente por televisión, convirtiendo la tragedia en entretenimiento de prime time. La abogada defensora, Leslie Abramson (interpretada por Chloë Sevigny), se convierte en el ancla del espectador, luchando por validar la versión de los hermanos frente a la incredulidad y hostilidad del sistema legal y del público.
No obstante, la serie cae a veces en la fórmula del true crime ficcionado de Murphy. La meticulosa producción, las secuencias flashback detalladas y la banda sonora dramática, aunque efectivos para el binge-watching, a veces se sienten más diseñados para la controversia que para el análisis imparcial. Al dar un peso tan significativo a la perspectiva de los hermanos, la serie corre el riesgo de simplificar la complejidad del caso y obviar, o minimizar, el dolor de las víctimas indirectas.
En resumen, Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menendez es un true crime televisivo muy bien producido que consigue su objetivo: reabrir la conversación. Es una exploración fascinante, aunque sesgada, de cómo la riqueza, el abuso familiar y el poder de la televisión pueden distorsionar la percepción pública de la justicia. Es una serie obligatoria para los fans del género y para cualquiera interesado en el oscuro vínculo entre el crimen y el show business.