Rock Bottom: la animación que desvela el lado más oscuro de este un músico británico
Hay biopics musicales que se limitan a narrar los éxitos de sus protagonistas. Rock Bottom hace justo lo contrario. Esta película de animación dirigida por María Trénor no busca ensalzar la figura del legendario Robert Wyatt, fundador de Soft Machine y referente del sonido Canterbury, sino sumergirse en sus momentos más oscuros: los excesos, las caídas —literal y figurada—, el desgarro emocional y la transformación forzada que siguió a su accidente.
Y lo hace con una honestidad descarnada, con una estética 2D que desborda imaginación y psicodelia, y con un guion que huye del sentimentalismo para ofrecernos un retrato complejo, incómodo y profundamente humano.
Desde el 6 de mayo, Rock Bottom puede verse en Movistar Plus+, tras su paso por festivales y su flamante nominación a mejor película de animación en los Goya 2025. Un reconocimiento merecido para una obra arriesgada y personal, que opta por la animación tradicional —cada vez más inusual en el cine español— para contar una historia de amor y autodestrucción ambientada en el convulso universo contracultural de los años 70.
La cinta bebe directamente de la música y la experiencia vital de Wyatt, en especial de los acontecimientos que rodearon la gestación de Rock Bottom, el disco que da nombre a la película y que muchos consideran su obra maestra. El guion estructura la narración en dos planos temporales: su estancia en Mallorca junto a su pareja, una etapa marcada por la creatividad, la experimentación con drogas y un amor tórrido y fugaz; y el periodo posterior a su accidente, cuando una caída desde un cuarto piso lo dejó parapléjico y cambió su vida para siempre.
Este suceso, lejos de ser el final de su carrera, fue interpretado por el propio Wyatt como el inicio de su madurez artística. Desde entonces, su música adquirió una profundidad emocional y una búsqueda expresiva que no había alcanzado antes. Trénor recoge esa visión y la convierte en el núcleo de la película: Rock Bottom no es solo una historia de caída, sino también de reconstrucción. De un cuerpo, sí, pero sobre todo de una mente creativa que aprendió a mirar el mundo desde otro ángulo.
La animación, de corte artesanal, no se limita a ilustrar lo que ocurre, sino que se convierte en lenguaje narrativo por derecho propio. El estilo visual cambia según el estado mental de los personajes, los paisajes se distorsionan, los colores se saturan o se apagan según el tono emocional de cada escena. Hay momentos de belleza desbordante, especialmente en las secuencias musicales, donde la cinta alcanza una dimensión casi hipnótica, digna del mejor videoclip progresivo.
El reparto de voces, encabezado por Oriol Pla, Miranda Gas y Roger Pera, consigue dotar de alma a unos personajes que se mueven entre la ternura y la desesperación. @mundiario