Mi postre favorito retrata en clave íntima el amor tardío en el Teherán contemporáneo
Mi postre favorito está dirigida por Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha, cineastas que en 2021 obtuvieron el premio a la mejor dirección novel en la Semana Internacional de Cine de Valladolid por El perdón. En esta nueva propuesta, ambos realizadores se adentran en un relato de tono intimista que combina elementos de comedia y drama romántico.
La protagonista es Mahin, una mujer de 70 años que vive sola en Teherán tras la muerte de su marido y la marcha de su hija a Europa. Su día a día transcurre entre recuerdos y rutinas marcadas por la ausencia, hasta que una reunión con amigas altera su perspectiva. Una tarde de té actúa como detonante para que Mahin cuestione su aislamiento y contemple la posibilidad de rehacer su vida sentimental.
La trama se desarrolla a partir de la decisión de Mahin de utilizar las redes sociales para encontrar compañía. En ese proceso conoce a Faramarz, un taxista de su misma edad, cuya actitud desenfadada y directa contrasta con la cautela inicial de la protagonista. La conexión entre ambos da lugar a un encuentro que evoluciona hacia una velada imprevisible.
La película articula su relato en torno a esa cita y a las conversaciones que surgen entre los dos personajes. A través de diálogos ágiles y situaciones cotidianas, el guion construye un vínculo que se aleja de convencionalismos y que se centra en la necesidad de afecto y comprensión mutua.
El contexto social iraní forma parte del trasfondo narrativo. Sin convertirse en el eje principal de la historia, la presión del régimen sobre la vida cotidiana aparece como un elemento que condiciona las decisiones personales y la libertad individual. A diferencia de El perdón, que abordaba de forma directa la legislación sobre la pena de muerte en Irán, Mi postre favorito se apoya más en la intimidad de sus protagonistas que en la denuncia explícita.
Entre el intimismo y el cambio de tono
La primera parte del filme se centra en el despertar emocional de Mahin y en la construcción progresiva de su relación con Faramarz. El tratamiento visual y narrativo enfatiza los espacios domésticos y los pequeños gestos, reforzando el carácter introspectivo de la propuesta.
En el último tramo, la historia introduce un giro que modifica el tono inicial y amplía el alcance dramático de la narración. Este cambio divide la estructura del largometraje en dos bloques diferenciados, cada uno con entidad propia dentro del conjunto.
La película aborda cuestiones como la soledad en la vejez, la necesidad de compañía y la dificultad de iniciar una nueva etapa sentimental en un entorno social restrictivo. A través de sus personajes, el relato pone el foco en la experiencia individual frente a las convenciones y expectativas externas. Mi postre favorito está disponible en Movistar Plus+ desde el 2 de marzo. @mundiario