Fingiendo ser Punk: la tragicomedia que puedes ver hoy mismo
Fingiendo ser Punk es una tragicomedia que captura la esencia de la adolescencia en una época de gran efervescencia musical y social. Dirigida por Jonathan Ogilvie, esta semi autobiografía sigue los pasos de Angus, un estudiante de secundaria de Christchurch cuyo mundo está cambiando rápidamente. Con la reciente partida de su madre y el descubrimiento de la música pospunk 'underground', Angus se ve inmerso en un torbellino de emociones y nuevas experiencias que marcarán su transición a la adultez.
Ambientada en la vibrante escena pospunk de Christchurch, Fingiendo ser Punk nos transporta a finales de los años 70, un periodo en el que la música y la cultura juvenil estaban en plena transformación. La película recrea la atmósfera de la época, desde la moda hasta la música, ofreciendo una visión nostálgica y auténtica de una era que definió a una generación.
Protagonizada por Ed Oxenbould, conocido por su papel en La visita, y la cantante neozelandesa Benee en su debut cinematográfico, la película cuenta también con la participación de Marton Csokas, recordado por su papel de Celeborn en El señor de los Anillos. La interpretación de Oxenbould como Angus es conmovedora y llena de matices, capturando la vulnerabilidad y la determinación de un adolescente en busca de su identidad.
La cinta tuvo su estreno en el prestigioso Festival de Róterdam de 2024, donde recibió elogios por su estilo visual y su narrativa emotiva. La película combina elementos de comedia y drama para ofrecer una experiencia cinematográfica rica y gratificante, que resuena tanto con los jóvenes como con aquellos que vivieron la era del pospunk.
¿De qué va la cinta?
La historia sigue a Angus, un joven que, en su intento de encajar y encontrar su lugar en el mundo, se ve atrapado en una serie de mentiras bien intencionadas que comienzan a alejarlo de sus verdaderos amigos. Su fascinación por la música pospunk y su deseo de pertenencia lo llevan a formar parte de una banda inexistente, lo que desencadena una serie de eventos cómicos y dramáticos que lo obligan a enfrentar la realidad de su vida y sus relaciones.
La película es un tributo a la subcultura pospunk y a la escena musical independiente de Nueva Zelanda, en particular al sello Flying Nun, conocido por su influencia en la música alternativa. Jonathan Ogilvie, quien comenzó su carrera filmando videos musicales para grupos icónicos como Straitjacket Fits, aporta su visión personal y su experiencia para crear un retrato vívido y auténtico de la época. @mundiario