Soñando con leones: el retrato tragicómico sobre la dignidad y el final de la vida

Póster de Soñando con leones. / RR SS
El largometraje Soñando con leones, del director Paolo Marinou-Blanco es una coproducción hispano-lusa-brasileña, combina humor y drama en una historia que reflexiona sobre la enfermedad, la muerte y la necesidad humana de enfrentar el dolor con ironía.

La trama gira en torno a un hombre enfermo terminal que decide poner fin a su vida sin sufrimiento, pero cuyos intentos de suicidio fracasan una y otra vez. A través de esta premisa, el filme plantea una paradoja entre el deseo de morir con dignidad y la obstinación de la vida misma, que parece resistirse incluso a la voluntad de quien sufre. Aunque el punto de partida es profundamente trágico, Marinou-Blanco introduce una capa de comedia que transforma la historia en una reflexión lúcida sobre la fragilidad humana.

El propio director explica que la película nació de una experiencia personal con su padre, quien padeció una larga enfermedad. Durante aquel proceso, el humor se convirtió en una forma de resistencia frente al dolor. Marinou-Blanco recuerda que su padre, aun postrado en cama, conservaba la capacidad de reírse de la situación y de quienes intentaban mantenerle con vida. Esa mezcla de ternura, tragedia y comicidad fue la semilla del proyecto y define el tono singular de Soñando con leones.

En este sentido, el cineasta portugués reconoce que la obra aborda también un debate de fondo: el de la eutanasia y el suicidio asistido. En Portugal, explica, ambos procedimientos se encuentran «teóricamente legalizados» tras un largo proceso legislativo, pero su aplicación práctica sigue siendo casi inexistente. Marinou-Blanco considera que la sociedad necesita una legislación que atienda la diversidad de opiniones y circunstancias, sin desatender el derecho a decidir sobre el final de la propia vida.

Soñando con leones se estructura en dos partes diferenciadas. La primera, de tono surrealista e histriónico, introduce al espectador en la absurda lucha del protagonista por alcanzar una muerte sin sufrimiento. La segunda parte, rodada y ambientada en Mallorca, adquiere un tono más contemplativo y emocional.

El director eligió la isla por lo que describe como una «contradicción aparente»: el contraste entre un lugar asociado al placer y al turismo, y el propósito último del viaje de los protagonistas, que es morir. Esta dualidad refuerza la carga simbólica de la historia, donde la luz y la belleza del paisaje mediterráneo se enfrentan a la oscuridad interior de los personajes.

El filme, rodado parcialmente en localizaciones mallorquinas, combina elementos de comedia negra y drama existencial con una mirada poética hacia el final de la vida. Marinou-Blanco, conocido por su sensibilidad narrativa y su interés por los dilemas morales, explora aquí los límites entre la tragedia y la risa, entre el deseo de libertad y el peso de la existencia. Soñando con leones  llega a salas de cine el 28 de noviembre. @mundiario