El rastro del lobo explora una distopía marcada por la escasez, la memoria familiar y el control político
La historia se articula a partir del regreso de Sofía a su pueblo natal diez años después de haberse marchado. El detonante es doble: la reciente muerte de su hermano y el hecho de haberse convertido en madre. Su vuelta la conduce a la única casa del pueblo que aún conserva cierta autonomía gracias a un pozo de agua propio, capaz de sostener un huerto y el ganado en un contexto generalizado de escasez. Ese espacio se presenta como un enclave clave dentro de una comunidad afectada por la falta de agua y por una creciente tensión social.
En el reencuentro con su padre, Gabriel, Sofía se enfrenta a una situación límite. Él se encuentra gravemente enfermo y próximo a la muerte como consecuencia de una vacuna inoculada veinticinco años atrás. Dicha vacuna, conocida como Saturn25, fue aplicada por un gobierno de corte fascista que, ante la superpoblación y el deterioro del planeta, impuso la política del hijo único. La medida condenaba a quienes incumplieran la norma a una muerte programada mediante la inyección de este compuesto.
El pasado familiar se revela como un elemento central del relato. Gabriel y su esposa, fallecida durante el segundo parto, no tuvieron opción de elegir. La enfermedad de su hijo mayor, Xavier, les llevó a concebir a una segunda hija con la esperanza de que pudiera salvar la vida del primogénito. Sofía nace así en un contexto de urgencia médica y presión política, una circunstancia que marcará su identidad y su relación con el entorno.
A medida que la narración avanza, se describe cómo los llamados héroes del sistema, es decir, las personas vacunadas décadas atrás, comienzan a sufrir graves efectos secundarios. Sus cuerpos se degradan de forma progresiva, acompañados de dolor y un deterioro físico evidente. Este fenómeno coincide con el vigésimo quinto aniversario de la vacunación masiva, momento en el que las consecuencias del sistema se hacen visibles de manera colectiva.
En este escenario, la población del pueblo empieza a rebelarse ante la escasez de agua y el abandono institucional. El pozo de la familia de Sofía adquiere entonces un valor estratégico y simbólico, al convertirse en una fuente de vida en medio de un territorio cada vez más hostil. Paralelamente, la protagonista se debate entre su pasado, su presente como madre y la incertidumbre del futuro, mientras intenta conseguir uno de los antídotos que el nuevo gobierno afirma haber desarrollado para frenar los efectos del veneno.
El rastro del lobo cuenta con un reparto encabezado por Elisabet Casanovas en el papel de Sofía, acompañada por Andrés Herrera, Carlos Francino, Carlos Cuevas, Elena Gadel y Miki Núñez, entre otros. La película llegará a los cines el 6 de febrero con distribución de Alfa Pictures. @mundiario.