Pepe Mujica y el cine: la vida como alegoría ética

Pepe Mujica. / Excelsior
El expresidente de Uruguay ha muerto a los 89 años, pero su historia —convertida en símbolo, espejo y mito— sigue viva en el cine. / Homenaje a a un personaje cinematográfico por derecho propio.

José Pepe Mujica ha muerto a los 89 años, pero su historia —convertida en símbolo, espejo y mito— sigue viva en el cine. No es común que un expresidente se vuelva protagonista de una narrativa fílmica tan amplia y compleja, menos aún que lo haga desde la autenticidad y no desde el marketing político. Mujica no solo fue un actor clave del progresismo latinoamericano, sino también un personaje cinematográfico por derecho propio. Las películas y documentales que lo retratan no se limitan a contar su biografía: la interrogan, la celebran y, en el proceso, interpelan al espectador.

La trayectoria de Mujica parece escrita para la pantalla: militancia armada, persecución, tortura, cárcel, libertad, perdón, ascenso al poder y renuncia a los privilegios. Ese arco narrativo —habitual en las ficciones de redención— en Mujica fue real. Y por eso atrae tanto a cineastas como a públicos diversos, fascinados con la idea de que alguien pueda salir del barro de la historia sin ensuciar el alma.

En tiempos donde la política suele actuar como espectáculo vacío, Mujica se convirtió en una anomalía: dormía en una chacra, cultivaba flores y hablaba de la sobriedad como clave de la libertad. Su lenguaje era sencillo, pero no simplón; su discurso, despojado de afectación, apuntaba a lo esencial. Esa coherencia ética, ese rechazo al oropel del poder, lo volvieron protagonista de una filmografía que hoy se lee también como testamento.

1. La noche de 12 años: El infierno de los rehenes

La película que mejor encapsula el drama fundacional de Mujica es La noche de 12 años (2018), dirigida por Álvaro Brechner. Basada en el libro Memorias del calabozo, cuenta los años de prisión —de 1973 a 1985— que él y sus compañeros Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro vivieron bajo la dictadura uruguaya. El régimen militar los convirtió en “rehenes”: si el movimiento Tupamaros volvía a actuar, serían ejecutados.

El film, protagonizado por Antonio de la Torre (Mujica), Chino Darín (Rosencof) y Alfonso Tort (Huidobro), no solo reconstruye hechos: los encarna. Las interpretaciones exigen una degradación física y emocional profunda, reflejando el aislamiento extremo, la incomunicación, las alucinaciones y la resistencia psicológica al límite.

“No era una película sobre la cárcel, era un viaje hacia lo más profundo del alma humana”, explicó Brechner. Y ese viaje lo es también para el espectador. La cinta no busca héroes, sino humanos que sobreviven sin perder la dignidad.

2. El Pepe, una vida suprema: el filósofo campesino

Rodado en clave observacional, El Pepe, una vida suprema (2018), del cineasta serbio Emir Kusturica, ofrece un retrato íntimo del Mujica postpresidencial. Convivió durante meses con él en su chacra, capturando escenas domésticas, reflexiones filosóficas, silencios significativos. El documental evita el tono épico: en cambio, propone una mirada paciente, casi contemplativa.

Kusturica no retrata a un político sino a un pensador. Mujica habla del amor, de la muerte, del poder, de la vejez. Su voz, a veces quebrada por el tiempo, se alza clara contra el ruido del mundo. Lo que emerge no es un retrato oficial sino una meditación sobre el sentido de la vida.

Disponible en Netflix, este film no es una biografía. Es una conversación que Mujica mantiene con la cámara y, por extensión, con nosotros.

3. Pepe Mujica: El Presidente Pobre: austeridad en tiempos de cinismo

El documental Pepe Mujica: El Presidente Pobre (2014), de la realizadora suiza Heidi Specogna, se centra en los años de Mujica como presidente (2010–2015). Fue en ese período cuando el mundo lo conoció por su estilo austero: sin escoltas, sin trajes, renunciando al 90% del sueldo presidencial. En un momento de descrédito de la política, Mujica encarnó lo contrario al cinismo institucionalizado.

La cinta muestra sus giras internacionales, sus momentos en casa con su compañera Lucía Topolansky, y las contradicciones de gobernar sin perder el alma. A través de un acceso sin adornos, Specogna pinta el retrato de un mandatario que no interpreta un personaje: simplemente es.

4. La revolución tranquila: el giro ético del guerrillero

José Mujica: La revolución tranquila (2011), producida por Canal Encuentro, traza el itinerario político del líder tupamaro que pasó de empuñar armas en los años 60 a abrazar el diálogo y la democracia en el siglo XXI. Breve pero incisivo, el documental analiza su rol dentro del progresismo latinoamericano.

Testimonios de amigos, académicos y políticos muestran la tensión entre la violencia revolucionaria de antaño y la ética reconciliadora del Mujica presidente. Más que justificar su pasado, la cinta busca comprender el tránsito moral que lo define.

5. El presidente de los pobres: la figura global

Menos conocido, pero igualmente revelador, el documental mexicano El presidente de los pobres (2020), dirigido por Santiago Díaz, retrata a Mujica como referente global. En un tiempo marcado por el hiperconsumo, la desigualdad y el descrédito de las élites, su figura funciona como contramodelo: vivir con lo justo, decir lo necesario, actuar con consecuencia.

Imágenes de archivo, entrevistas y análisis cruzan la figura de Mujica con debates contemporáneos sobre ecología, justicia global y alternativas al capitalismo. Más allá del personaje, lo que se proyecta aquí es un ideal.

Pepe Mujica. / RR SS

Mujica frente al espejo del cine

A diferencia de muchos líderes contemporáneos, cuya imagen se construye con filtros, asesores y algoritmos, Pepe Mujica se dejó filmar con todas sus arrugas, silencios y contradicciones. Las películas y documentales sobre su vida no solo relatan una historia. La interpretan. Y, al hacerlo, invitan al espectador a mirar más allá de la anécdota.

Ver cine sobre Mujica no es solo conocerlo a él. Es preguntarnos por el poder, por la ética, por nuestra forma de habitar el mundo. Mujica incomoda porque no actúa. Es. Su sobriedad no es impostura, sino filosofía. Su discurso no es guion, sino convicción. Por eso el cine lo busca: porque en su figura, el arte encuentra algo que escasea —verdad— y una forma radical de esperanza. @mundiario