Jarmusch regresa con un retrato irónico de la familia, brillante en ideas pero frío en sentimientos

Father Mother Sister Brother. / Productora.
En Father Mother Sister Brother, el cineasta estadounidense firma un retrato irónico y melancólico de las relaciones familiares rotas, apoyado en un elenco excepcional, pero incapaz de generar la emoción profunda que promete su planteamiento.

Cinco años después de su último largometraje, Jim Jarmusch regresa a la gran pantalla con Father Mother Sister Brother, una película episódica que se adentra en uno de los territorios más transitados —y a la vez más complejos— del cine de autor: la familia como espacio de conflicto, silencios heredados y afectos mal resueltos. El resultado es una obra reconocible, fiel a su estilo y llena de inteligencia, aunque sorprendentemente distante en lo emocional.

El filme se articula como un tríptico independiente pero conectado por un mismo hilo temático: padres ausentes o erráticos, hijos cargados de reproches y vínculos afectivos erosionados por el paso del tiempo. Jarmusch propone un cine de conversaciones, de miradas y de lo no dicho, donde el resentimiento convive con una ternura soterrada que nunca termina de aflorar del todo.

Como ocurre a menudo en las películas fragmentadas, el conjunto depende del equilibrio entre sus partes, y ahí surge uno de los principales problemas del filme. Los dos primeros episodios funcionan con solvencia, especialmente el inicial, que retrata a un padre oportunista y lleno de zonas oscuras cuya vida intuimos más de lo que llegamos a conocer. Esa primera historia concentra lo mejor de la película: ironía, misterio y una melancolía contenida que engancha al espectador.

Father Mother Sister Brother. / Productora.

Sin embargo, el interés se diluye progresivamente. El segundo segmento, más apoyado en el diálogo continuo, ofrece momentos de humor fino y situaciones brillantes, pero pierde intensidad narrativa. El tercero, centrado en un drama familiar marcado por la ausencia y la muerte, parece el más ambicioso desde el punto de vista emocional, aunque se queda corto de desarrollo y no logra dejar la huella que pretende.

Jarmusch intenta dar cohesión al conjunto a través de símbolos recurrentes —objetos, referencias visuales y pequeños motivos que reaparecen—, pero este juego de autorreferencias acaba distrayendo más de lo que suma. En lugar de reforzar el núcleo emocional, contribuye a una sensación de frialdad que acompaña a la película hasta su desenlace.

Father Mother Sister Brother. / Productora.

Uno de los grandes atractivos de Father Mother Sister Brother es, sin duda, su reparto. Adam Driver, Cate Blanchett, Tom Waits, Charlotte Rampling y Vicky Krieps conforman un elenco de primer nivel que dota de prestigio y solidez a la propuesta. Todos ellos se mueven con comodidad en un registro contenido, casi teatral, acorde con una puesta en escena sobria que renuncia deliberadamente al virtuosismo visual para poner el foco en el guion y las interpretaciones.

Ese clasicismo formal convierte la película en una rareza en el panorama actual, dominado por montajes vertiginosos y narrativas diseñadas para la atención fragmentada. Jarmusch apuesta por un cine adulto, pausado, donde el diálogo y el subtexto mandan. Una elección valiente y coherente con su trayectoria, aunque no exenta de riesgos.

El mayor de ellos es que la película, pese a su tono cálido y compasivo, nunca termina de conmover. Hay tristeza, hay ironía y hay momentos genuinamente divertidos, pero falta una verdad emocional más punzante que permita al espectador sentirse interpelado. El filme observa a sus personajes con lucidez, pero sin llegar a implicarse del todo en su dolor.

A sus 72 años y en su decimocuarta película, Jarmusch demuestra seguir fiel a sí mismo, sin concesiones ni voluntad de reinventarse para agradar. Father Mother Sister Brother gustará especialmente a sus seguidores, que reconocerán intacta su mirada y su sensibilidad. Para el resto, quedará como una obra interesante, elegante y bien interpretada, pero incapaz de alcanzar la hondura emocional que su premisa sugiere.

Con todo, su estreno es una buena noticia. En un contexto cinematográfico poco propicio para propuestas de este tipo, la existencia de una tragicomedia familiar firmada por un autor consagrado y pensada para un público adulto sigue siendo, por sí sola, motivo de celebración. Y en fechas navideñas, su retrato irónico de las familias desunidas funciona, al menos, como un saludable contrapunto. @mundiario