Un error catastrófico dejó a Disney sin los derechos de El Señor de los Anillos

Frodo en una de las escenas más míticas de la trilogía. / Productora
El gigante del entretenimiento se quedó con las manos vacías por una batalla de egos entre grandes ejecutivos. 

En el vertiginoso universo de Hollywood, donde las decisiones empresariales a menudo resultan más enigmáticas que desentrañar el final de una película de Christopher Nolan, Disney se erige como la monarca del dominio cinematográfico. No obstante, como en cualquier relato intrigante, hubo un capítulo que dejó a Mickey Mouse y sus colegas más penitentes que a un villano tras cometer una fechoría. La crónica de este episodio singular la desgrana Espinof en uno de sus trabajos especiales.

Corría la década de los 90, cuando Peter Jackson, el mago detrás de la adaptación cinematográfica de "El Señor de los Anillos", estaba dando los toques finales a su plan maestro. Miramax, bajo el manto de Harvey Weinstein y recién adquirida por Disney, estaba preparada para lanzarse al épico viaje de la Tierra Media.

La trama se complica más que un guion de Tarantino cuando Miramax, con los bolsillos más vacíos que el presupuesto de una película indie, pide ayuda financiera a Disney. ¿La respuesta del ratón más famoso? Un rotundo "no" que resonó en la industria como el golpe de un martillo de Thor.

Michael Eisner, el director ejecutivo de Disney en ese momento, alega que fue por la política de reducción de gastos, pero la versión de Weinstein sostiene que ni siquiera le dieron la oportunidad de presentar el plan. ¿Estrategia empresarial o simplemente una batalla de egos en el reino mágico de Hollywood?

El proyecto se desmorona como un castillo de naipes gigante cuando Miramax no encuentra otro compañero de juego para cubrir los gastos. Las presiones para hacer una única película y las amenazas de reemplazar a Jackson por Tarantino llevaron la situación al borde del abismo.

El giro del destino llega con una filtración astuta del guion, convenciendo a New Line de tomar las riendas del proyecto y dejando a Miramax y a Disney en el banquillo. La compensación: 10 millones de dólares por los gastos y un pequeño porcentaje de los beneficios de la trilogía y de un futuro viaje inesperado llamado "El Hobbit". Pero aquí viene la vuelta de tuerca final: Disney se queda sin su parte del tesoro, ya que para cuando "El Hobbit" llega a la pantalla, Mickey Mouse ya había vendido Miramax.

Moraleja de la historia: incluso los gigantes del entretenimiento pueden perderse el festín del éxito cuando rechazan el anillo adecuado. Y así, mientras los hermanos Weinstein cuentan sus monedas de oro, Disney se lamenta en un rincón, preguntándose si alguna vez podrán encontrar un genio mágico para resucitar esa oportunidad perdida en la Tierra Media. ¡Hakuna Matata, pero con un toque de remordimiento! @mundiario