Crítica a La zona de interés: cuando lo cotidiano inquieta

La adaptación al cine de la obra homónima de Martin Amis resulta imperdible para los amantes del cine, aun no siendo una película para masas.
La zona de interés. / A24
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La adaptación cinematográfica de La zona de interés de Jonathan Glazer, basada en la novela homónima de Martin Amis, se atreve a adentrase en uno de los capítulos más tristes de la historia desde una perspectiva inquietante y sin precedentes. La historia nos sumerge en la vida cotidiana del comandante del campo de exterminio de Auschwitz, Rudolf Höss, su esposa Hedwig y el resto de su familia durante los años en que Höss dirigió este infierno en Polonia.

Glazer adopta un enfoque radicalmente minimalista con considerable valentía. En lugar de mostrar de forma explícita el horror del Holocausto, lo mantiene totalmente fuera de la pantalla, creando una atmósfera de horror omnipresente a través de detalles sutiles pero aterradores. Este enfoque no sólo es refrescante, sino también muy inquietante. Las chimeneas del crematorio aparecen brevemente, acompañadas de turbias pesadillas, disparos lejanos, gritos dispersos o escenas como la que muestra pequeñas pero reveladoras manchas de sangre en las botas del comandante, que los sirvientes se encargan de limpiar cuidadosamente.

La cotidianidad frente al horror

Mientras tanto, la rutina de Höss continúa tranquilamente con normalidad. Rudolf se reúne con compañeros de “trabajo”, y su familia disfruta de actividades triviales como la jardinería, nadar en la piscina y salir a caminar. Esta yuxtaposición de la vida doméstica en paralelo  al horror indescriptible que se produce a pocos metros, crea una tensión permanente y una reflexión sobre la banalidad del mal.

La decisión de Glazer de abandonar las escenas gráficas y dejar que los horrores se filtren a través de pequeñas pistas es un acierto que se suma al impacto emocional de la película. Los elementos sonoros tienen un papel principal, con sonidos lejanos y gritos que evocan sentimientos de impotencia y desesperación. Esto invita al espectador a usar la imaginación, lo que  conduce a una sensación aún más aterradora que una actuación en vivo.

Destaca una actuación fría

Los actores y actrices ofrecen una actuación moderada pero poderosa que enfatiza la frialdad de la vida de los personajes y la normalización de la barbarie. La falta de dramatismo exagerado y sobriedad actoral añade autenticidad e impacto a la historia.

El final de la película es a la vez poderoso y venenoso, dejando al espectador con una inquietud persistente y una profunda reflexión sobre la indiferencia humana y la capacidad de hacer el mal.

En definitiva, La zona de Interés es una película que cuestiona los principios del cine del Holocausto y opta por una investigación de terror indirecta pero igualmente devastadora. La dirección de Jonathan Glazer, con capas visuales y sonoras sutiles pero efectivas, crea una experiencia cinematográfica que es tan inquietante como esencial, una meditación sobre la banalidad del mal y la capacidad de la sociedad de coexistir con el horror, aunque para llegar a esta conclusión no es necesario ver la película, basta con ver un telediario. @mundiario