Crítica a Oppenheimer, el gran vencedor de los Oscar

Cillian Murphy en Oppenheimer

Tenía todas consigo y finalmente Oppenheimer se convierte en el gran vencedor de los Oscar con 7 estatuillas

Hace ya unos años ( más de los que me gustaría)  mi profesora Concha tras explicar una de las numerosas guerras que se incluyen en el extenso curriculum de la asignatura de Historia, lejos de mandarnos realizar ejercicios superfluos (esos cuya respuesta viene subrayada en el propio libro de texto) terminó su intervención de la siguiente manera:

“Hemos estudiado el impacto que esta guerra tuvo a nivel social, económico y político. La pregunta: teniendo en cuenta el contexto ¿el fin justifica los medios?”

Por supuesto la situación no era nueva. Concha era de esas profesoras que entendía que su papel era la de hacernos pensar, algo que por cierto, desgraciadamente se ve cada vez menos en nuestras aulas.

Como decía, aunque ya pasaron algunos años, cuando empecé a ver la película que hoy nos trae hasta aquí, no sabía que me recordaría tanto a aquella clase de historia, porque si de algo trata Oppenheimer es precisamente sobre la cuestión de si el fin justifica los medios.

Por supuesto no podíamos esperar menos de un director, Christopher Nolan, al que le apasiona tratar la moralidad y la psique humana. Para tratar ambos temas no pudo haber escogido una historia mejor: la vida de J. Robert Oppenheimer y la obsesión que lo llevó a diseñar la bomba atómica así como el castigo sufrido al intentar alertar a su gobierno del nefasto efecto dominó que conllevaba.

Cillian Murphy, el protagonista, otorga a la película aún más brillantez que la lograda por la labor técnica de Nolan; en sus ojos, tan brillantes como los del Oppenheimer real, se puede ver a un genio en crisis permanente con fracturas emocionales que le provocan reacciones como la que se puede ver al principio de la película cuando envenena  la manzana de un profesor que se burla de él.

Esta película es una adaptación del libro American Prometheus de Bird y Sherwin contada durante tres horas de película durante las cuales, conviene tener encima papel y bolígrafo para no perderse entre la multitud de personajes que aparecen y donde por supuesto la música es otro actor más solo ausente en dos momentos en los que el silencio es el mejor acompañamiento.

En definitiva, Nolan nos presenta una historia que nos recuerda a una de las frases de Malcolm, el matemático de Jurassic Park cuando decía que los científicos estaban tan preocupados en saber si “podrían” que olvidaban pensar si “debían”. No se la pierdan. @mundiario