Bradley Cooper explora el divorcio y la reinvención en Sin conexión, su nuevo filme

Póster de Sin conexión. / RR SS
Sin conexión, protagonizada por Will Arnett y Laura Dern, aborda la crisis personal y profesional de sus personajes, inspirándose libremente en la trayectoria vital del cómico británico John Bishop.

Bradley Cooper amplía su trayectoria como cineasta con Sin conexión, un proyecto que supone su tercer largometraje como director después de Ha nacido una estrella y Maestro. Aunque en esta ocasión no se trata de un biopic convencional, la película mantiene un vínculo con hechos y figuras reales al inspirarse de manera libre en la vida del humorista británico John Bishop.

El relato sitúa en el centro a Alex y Tess, una pareja que ha superado los cincuenta años y que se enfrenta al deterioro definitivo de su matrimonio. La historia arranca en un momento de fractura: la relación se desmorona y ambos deben afrontar el proceso de divorcio, así como las consecuencias emocionales y familiares que conlleva.

Alex, interpretado por Will Arnett, atraviesa una crisis que combina el desgaste sentimental con la sensación de estancamiento profesional. En medio de la separación, toma la decisión de dar un giro radical a su vida laboral y probar suerte como monologuista en la escena de la comedia neoyorquina. Este cambio de rumbo implica empezar desde cero en un entorno competitivo, marcado por las actuaciones en locales de micrófono abierto y por la necesidad de construir una voz propia ante el público.

Por su parte, Tess Novak, encarnada por Laura Dern, revisa su trayectoria vital mientras asume el final de la relación. En su juventud formó parte del equipo olímpico de voleibol de Estados Unidos, pero abandonó su carrera deportiva para centrarse en la familia. Ahora, en plena crisis de mediana edad, recibe propuestas para reincorporarse al mundo del voleibol como entrenadora, aunque esas ofertas no parecen alinearse con sus prioridades actuales.

La película se adentra en los ajustes cotidianos que conlleva la ruptura, desde la reorganización familiar hasta la crianza compartida. Ambos personajes deben redefinir su identidad individual tras años de vida en común, al tiempo que gestionan las responsabilidades derivadas de su historia compartida.

Inspiración en la vida de John Bishop

Sin conexión toma como punto de partida la experiencia de John Bishop, antiguo futbolista profesional en la segunda división inglesa que, tras divorciarse y haber tenido tres hijos, decidió reconvertirse en dramaturgo, guionista, actor y cómico de stand up. Su debut en la comedia tuvo lugar hace 25 años en una noche de micrófono abierto en un pub de Manchester, donde recibió el impulso necesario para continuar. El propio divorcio se convirtió en material recurrente para sus monólogos.

La película no reproduce de forma literal su biografía, pero sí recoge elementos relacionados con la reinvención profesional en la madurez y con el uso de la experiencia personal como materia prima creativa. En este sentido, el proyecto mantiene una línea temática reconocible dentro de la filmografía de Bradley Cooper, que ya había abordado trayectorias vitales y artísticas en sus trabajos anteriores.

La historia se desarrolla principalmente en Nueva York, en el entorno de los clubes de comedia y los espacios culturales donde Alex inicia su nueva etapa profesional. Paralelamente, la narración alterna con la perspectiva de Tess, centrada en su proceso de redefinición personal y en las decisiones que afectan a su futuro tras años dedicados a la familia.

Sin conexión se estrenará en cines de España el 20 de febrero, antes de que finalice el año, incorporándose a la cartelera como un drama centrado en la madurez, el divorcio y la búsqueda de un nuevo propósito vital. @mundiario