Borau y el cine: un retrato del icónico cineasta aragonés llega esta semana a España
El filme arranca en la Zaragoza de 1930, cuando un niño comienza a dibujar fotogramas en libretas escolares soñando con Hollywood. Ese niño sería, décadas después, director, guionista, productor, actor, crítico, historiador y presidente de la Academia de Cine.
Ganó la Concha de Oro en San Sebastián con Furtivos (1975), obtuvo el Goya al mejor director por Leo (2002), produjo la oscarizada Mi querida señorita (1972) y llegó a rodar en Estados Unidos On the Line con David Carradine y Victoria Abril. Sus storyboards, trazados a lápiz y conservados como piezas de museo, testimonian una obsesión que nunca se apagó.
Germán Roda —con la producción ejecutiva de Patricia Roda— teje el relato combinando entrevistas recientes con imágenes de rodaje, correspondencia personal y fragmentos de películas. La estructura avanza cronológicamente, pero se detiene en los momentos determinantes: la censura que casi frustra Hay que matar a B. (1967), la alianza con Alfredo Matas para levantar Furtivos, la decisión de producir a otros autores mientras luchaba por financiar sus propios proyectos y el paso fugaz por Hollywood, donde comprobó que la meca del cine tampoco era esa arcadia soñada.
Entre los testimonios figuran colegas de generación, técnicos de rodaje, críticos y académicos. Todos coinciden en describir a Borau como un creador heterodoxo que se movía con la misma soltura en un plató que en una tribuna universitaria. Su etapa al frente de la Academia de Cine (1994-1998) se recuerda por la apertura internacional que promovió y por la defensa de una ley de protección a la producción independiente.
Borau y el cine es, sobre todo, la historia de un hombre que nunca renunció a filmar la película que tenía en la cabeza, aunque el coste fuera alto. En palabras del propio director aragonés, rescatadas en uno de los audios del documental: «El cine no admite cobardes; hay que filmar como si fuera la última vez». El estreno del 20 de junio en salas de cine permitirá reexaminar su filmografía y, quizá, situarla en el lugar que le corresponde dentro del patrimonio audiovisual español. @mundiario