Europa, centro del discurso en la entrega del I Premio Mundiario de Periodismo

Ángel García Seoane, María Cadaval, José Luis Gónez, Carsten Moser, Fernando González Laxe y Antonio Sangiao. / Xurxo Lobato
Ángel García Seoane, María Cadaval, José Luis Gónez, Carsten Moser, Fernando González Laxe y Antonio Sangiao. / Xurxo Lobato

El economista y periodista alemán ganador del I Premio Mundiario de Periodismo hizo vibrante discurso europeísta en la entrega del galardón. / Texto íntegro

Europa, centro del discurso en la entrega del I Premio Mundiario de Periodismo

Excelentísimo Alcalde de Oleiros, ilustrísimas autoridades, honorable Jurado, apreciado José Luis Gómez, fundador y director de MUNDIARIO, amigos, señoras y señores, hoy, 19 de enero, en el salón de actos de A Fábrica, centro cultural del Concello de Oleiros, se celebra el X Aniversario del primer periódico global de análisis y opinión. La aventura de poner en marcha MUNDIARIO la viví muy de cerca, ya que con José Luis Gómez me une una amistad que viene de lejos. Trabajamos juntos cuando él era director de la revista Capital, editada por G + J España. Le he acompañado como colaborador de Xornal de Galicia y MUNDIARIO. Y fue él el que editó el libro ¿Quo vadis, Europa?, publicado hace poco más de un año y que es un compendio de artículos míos entre 2010 y 2021, con reflexiones sobre acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales relevantes en España, Alemania, Europa y el mundo.

Así que tengo mucho que agradecer a MUNDIARIO, a Mundiediciones y a José Luis. Déjenme pues empezar con una loa al valor de un periodista y empresario que apostó hace diez años por una nueva publicación de calidad. En la segunda mitad del siglo pasado, una de las fuentes de información más fiables eran los diarios, porque filtraban el exceso de noticias de tal forma que el lector se enteraba de lo que estaba pasando a su alrededor – la cabecera era para él sinónimo de confianza, ya que se fiaba de la experiencia, del conocimiento y del periodismo de investigación de la redacción. Hoy, el grado de credibilidad de los diarios convencionales ha disminuido: a pesar de que sus periodistas siguen informando y opinando con mucho más valor añadido que farsantes y charlatanes que inundan la Red con noticias falsas y bulos, las cabeceras sufren, porque un alto porcentaje de sus lectores se ha mudado al “gratis total”. Por eso es de destacar que MUNDIARIO buscara una fórmula diferente: la de ser un diario digital que publica artículos de calidad con tanto gancho que logra posicionarlos por todo lo alto en los rankings de Google y otras plataformas, convirtiéndose por esta vía en un vehículo interesante para la publicidad. Apostando por el pluralismo como su principal seña de identidad. Cita del propio diario digital: “No solo hemos creado un periódico diferente a todos los demás, donde ahora escriben periodistas con experiencia de grandes cabeceras, profesionales capacitados y jóvenes emergentes, sino también a nuestra manera hemos puesto los cimientos para una nueva red de periodismo, donde las mujeres están al mismo nivel que los hombres en todos los aspectos, incluido el cuantitativo, para garantizar la paridad” (fin de la cita). Me lo pueden creer, una tarea dificilísima, pero lograda por el equipo de redacción y dirección con José Luis Gómez al frente. ¿La mejor prueba de lo dicho? Que su invento cumple en este año 10 años. Un logro que se merece un aplauso largo y tendido.

Ha tenido a bien un jurado de lujo pensar que yo debo ser hoy galardonado con el I Premio Mundiario de Periodismo. Ya en una ocasión anterior, cuando me jubilé de Bertelsmann, recordé unas palabras de Julio Caro Baroja en el Círculo de Lectores, agradeciendo su nombramiento como socio de honor ya hace bastantes décadas. Contó la anécdota de Miguel de Unamuno, que, al recibir un premio de manos del Rey de turno, dijo: “Muchas gracias, Majestad, por la distinción que me merezco”. A lo que el Rey respondió: “Pero Unamuno, me sorprende. Los premiados suelen comentar: Muchas gracias por la distinción que no me merezco”. A lo que Unamuno contestó: “¡Y tienen razón!”.

Desde luego no estoy seguro de que me merezco la distinción que recibo. Pero sí me siento muy honrado y además, como me comentaba un distinguido periodista y amigo, los reconocimientos no hay que merecerlos, son para agradecerlos. Pues bien, en este sentido mil gracias por haberme concedido este I Premio Mundiario de Periodismo. Y por poder dirigirme esta noche a todos ustedes en Oleiros.

Europa

Les hablaré a continuación sobre un tema que siempre ha estado en el centro de mis reflexiones: Europa. Quizás si les presento mi currículo, puedan entender mejor por qué soy un europeísta empedernido. Mi familia es originaria de Hamburgo, mi abuelo salvó a judíos durante el Nazismo, por lo que fue reconocido por Yad Vashem de Jerusalén como “Justo de las Naciones”. Mi padre dejó Alemania en dirección al Perú en 1936, porque presentía los terribles acontecimientos que se avecinaban en Alemania y Europa. Mis años escolares los absolví en Lima y Toronto, mis años universitarios en Hamburgo.

En 1965 conocí a mi futura mujer, nacida en Oslo, en el Colegio de Europa, un lugar de encuentro de universitarios de todo el mundo. Asistíamos a charlas, seminarios y conferencias con profesores, políticos y periodistas, propagadores ya en esos años del siglo pasado de las bondades de una Europa unida. Fui corresponsal en Madrid del semanario Die Zeit entre 1973 y 1978, es decir en plena Transición, para después ocupar puestos de responsabilidad en la revista Stern, primero en Hamburgo y después en Londres, nuevamente como corresponsal.

Regresé a Madrid en 1985 para trabajar en el Grupo Bertelsmann, como responsable de su división de revistas G+J España, con cabeceras que se publicaban simultáneamente en muchos países europeos y latinoamericanos como Muy Interesante, Ser Padres, Cosmopolitan, Marie Claire, Geo o Capital, asumiendo además responsabilidades de coordinador de las actividades del grupo en España y de secretario general de la Fundación Bertelsmann.

Como presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España traté de aportar mis granitos de arena para reforzar los lazos hispano-alemanes, lo que sigo haciendo como asesor del Instituto Goethe, así como las relaciones Europa-Iberoamérica, como vicepresidente de la Fundación Euroamérica, cuya finalidad es crear puentes entre ambos continentes. Tengo un hijo que vive en Londres y está casado con una española, así como una hija afincada en Heidelberg y que estuvo casada con un ugandés. Con nuestros nietos hablamos alemán, español o inglés, dependiendo del momento y de las circunstancias.

Si una parte de mi europeísmo se basa en mi currículo, la otra parte es fruto de mi convicción, que hace poco plasmé en un artículo en MUNDIARIO, de que apostar por una Unión Europea cohesionada y fuerte es hoy más importante que nunca,

1. Porque jamás debemos olvidar que ha sido responsable de 78 años de paz entre sus 27 estados miembros actuales.

2. Porque desde el punto de vista económico, ningún país europeo por sí solo será nadie. En menos de tres décadas, ni Alemania seguirá siendo miembro del G-8.

3. Porque desde el punto de vista geopolítico, ya hoy tenemos dificultades de hacernos oír en los desafíos de calado y conflictos internacionales. Por lo tanto, más Europa es necesario en la política exterior y de seguridad.

4. Porque una Europa unida es la mejor defensa de un sistema político basado en la democracia, un Estado de derecho y bienestar, una economía social de mercado que permita una redistribución de la riqueza y una igualdad de oportunidades para sus ciudadanos, así como la seguridad y libertad de todos en el marco de los Derechos Humanos.

5. Porque contra los radicalismos y las autocracias de derecha e izquierda que acechan siempre más nos defendemos juntos mejor que separados. En tiempos difíciles, en los cuales criticar es mucho más fácil que liderar, Bruselas ha demostrado estar a la altura de las circunstancias, impulsando medidas conjuntas contra el cambio climático, la pandemia, la invasión de Rusia en Ucrania, así como la actual crisis económica, por ejemplo, poniendo en marcha el programa Next Generation EU y políticas energéticas comunes.

6. Porque si avanzamos hacia una Unión Europea siempre más cohesionada, corrientes nacionalistas e independentistas lo tendrán más difícil de prosperar.

7. Porque si logramos mejorar la gobernanza de las instituciones europeas, estaremos mejor preparados para afrontar crisis futuras. Hay todavía mucho que hacer, pongámonos pues manos a la obra.

8. Porque hemos avanzado juntos tanto, en campos como el Mercado Común, el euro, Schengen, Erasmus, Bolonia, etc., que dar ahora pasos atrás sería imperdonable. Sirvan como ejemplo los problemas del Reino Unido después de su salida de la UE.

9. Porque tenemos en la historia, ciencia y cultura común una base tan extraordinariamente rica, que perder estos avances del conocimiento y esa fluidez de intercambios para regresar a que cada país solo se mire a su propio ombligo, sería un inmenso error.

10. Porque, como proclamaba hace poco Josep Borrell, alto representante para Política Exterior de la Unión Europea, Europa es “un jardín” frente a la mayoría del resto del mundo, que calificaba de “jungla”. Otro entusiasta del invento es el presidente brasileño Lula da Silva, que en su día nombró a la Unión Europea “patrimonio democrático de la humanidad”. Defendamos pues este “jardín” o “patrimonio” contra enemigos internos y externos para no perder lo que hemos logrado desde el final de la II Guerra Mundial. 

El catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid Juan Francisco Fuentes ha publicado hace poco, por encargo del Círculo Cívico de Opinión, un excelente análisis con el título Meritocracia y Cuestión Territorial (En el centenario de España invertebrada), ensayo que José Ortega y Gasset escribió en 1922, en el cual añade una razón más. Dixit Fuentes: “Aunque al sistema de gobernanza de la UE y sus cuadros dirigentes se les suele reprochar su carácter tecnocrático, su falta de alma, por así decir, las élites comunitarias ganan claramente la batalla del mérito en comparación con la clase política que gobierna en muchos países europeos, exponente de un populismo al alza. Si hay algo que hoy puede identificarse con las “minorías egregias” (o selectas) reivindicadas por Ortega probablemente hay que buscarlo en las instituciones europeas, mucho más que en la estructura de poder de sus Estados miembros.” 

Por suerte, el europeísmo es un sentimiento ampliamente compartido por los españoles. El profesor Fuentes cita una encuesta de Metroscopia de enero de 2019, en la que el 81% declara que formar parte de la Unión Europea ha sido beneficioso para España. Para añadir: “En mayo de 2022, en plena guerra de Ucrania, el 68% de los encuestados respondía afirmativamente a la pregunta de si el conflicto había ´reforzado el espíritu europeísta´”. 

Al final de mis reflexiones sobre Europa dos fervientes deseos: que Bruselas siga liderando el proceso de una Unión Europea siempre más cohesionada con el mismo entusiasmo que en el pasado reciente. Y que nosotros, los europeístas, sigamos apoyando a la Comisión, al Consejo Europeo y al Euro parlamento en este esfuerzo. Porque, como pronosticaba el ex canciller alemán Helmut Schmidt en su libro Mi Europa, si tanto la ciudadanía como los políticos pierden la pasión por este proyecto: “En ninguna Biblia está escrita que la Unión Europea en su forma actual sobrevivirá el siglo XXI”.

Estando donde estamos esta noche, celebrando a un medio de comunicación, déjenme presentarles al final una idea atrevida de Ferdinand von Schirach, que me fascinó cuando la leí la primera vez: el jurista y escritor alemán de libros como El caso Collini o la obra de teatro Dios propuso 2021 en un ensayo corto seis nuevos derechos fundamentales europeos. Y que me llevó a escribir en MUNDIARIO un artículo que a continuación les leo en parte

“El semanario alemán Der Spiegel se preguntaba en su último número: ¿por qué ahora la propuesta de Ferdinand von Schirach? Dado el momento actual de la Unión Europea, a la defensiva ya mucho antes de la crisis de su proyecto de vacunación, podría parecer más bien un mal momento para inflarla nueva vida.

Von Schirach opina todo lo contrario: ese gran sueño de la Unión Europea, del que en tiempos pasados la mayoría de sus ciudadanos estaba orgulloso, necesita ser revitalizado, mejor pronto que tarde. ¿Y qué mejor manera de ponerse manos a la obra, definiendo unos derechos fundamentales de relevancia en los tiempos que corren? Los ha redactado con otros juristas distinguidos, consiguiendo que además muchas personalidades alemanas apoyen la iniciativa. Entre ellas, la vicepresidenta del Parlamento Europeo Katarina Barley y el filósofo Jürgen Habermas.

Los pasos posteriores a la publicación del libro Jeder Mensch (Cada persona) el 13 de abril debe ser, según von Schirach: una invitación a los ciudadanos europeos a que accedan a la web jeder-mensch.eu para firmar la petición. Y una convención constitucional de los jefes de Estado europeos para certificarlos, en su versión actual o con los cambios que consideren oportunos.

La redacción de los seis artículos es corta, precisa y de gran actualidad:

Artículo 1.- Medio Ambiente. Cada persona tiene el derecho de vivir en un medio ambiente sano y protegido.

Artículo 2.- Autodeterminación digital. Cada persona tiene el derecho a la autodeterminación digital.

Artículo 3.- Inteligencia artificial. Cada persona tiene el derecho a que algoritmos que le puedan perjudicar sean transparentes, verificables y justos. Decisiones importantes tienen que ser tomadas por una persona.

Artículo 4.- Verdad. Cada persona tiene el derecho a que declaraciones de funcionarios públicos se atengan a la verdad.

Artículo 5.- Globalización. Cada persona tiene el derecho a que se le oferte solo productos y servicios diseñados y manufacturados en consonancia con los Derechos Humanos universales.

Artículo 6.- Exigibilidad. Cada persona tiene derecho a exigir sus cumplimientos ante el Tribunal de Justicia Europeo en caso de que se lesionen estos derechos fundamentales.

¿Quien es Ferdinand von Schirach? Quizás su currículo explica el atrevimiento de poner en marcha este proyecto, primero en Alemania, pero con la ambición de extenderlo a toda Europa. Nacido en 1964, es nieto de Baldur von Schirach, como jefe de las Juventudes Hitlerianas y Gauleiter (Líder de Zona) en Viena uno de los más siniestros personajes del Tercer Reich. Pero también cuenta entre sus antepasados con uno de los fundadores de las Estados Unidos de América… Estudió derecho y ejerció como especialista penal, defendiendo entre otros a Günter Schablowski, ex miembro del Politbüro de la República Democrática de Alemania, que por error anunció la derogación de las leyes que prohibían a los alemanes del este viajar a Europa occidental, lo que puso en marcha la caída del Muro en 1989. 

Solo a partir de 2009 se dedica von Schirach a la literatura… Su primer libro Crimen se mantiene 54 semanas en la lista de los más vendidos de su país. Fenómenos parecidos se repiten con cada nueva obra publicada… ¿Tendrá éxito la iniciativa de Ferdinand von Schirach? Es de desearlo. Porque es hora que la Unión Europea despierte de su letargo.”

Cuento esta pequeña historia, porque demuestra que todos los europeístas podemos hacer algo. Aunque no siempre logremos una gran repercusión. La iniciative de von Schirach la han firmado hasta hoy menos de 500.000 ciudadanos. Pero sí fue un éxito de comunicación, por el inmenso eco que tuvo en los medios, sobre todo en Alemania. Y además llamó la atención de la opinión pública de que existe una Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en vigor desde el 1 de diciembre de 2009, junto con el Tratado de Lisboa, que hasta ese momento casi nadie lo sabía. 

Se necesitarán muchos von Schirach, muchos intelectuales, políticos, empresarios, emprendedores, pero también ciudadanos de a pie que aporten ideas y pasión para lograr que la Unión Europea gane en relevancia externa, eficacia interna y protagonismo sostenible. En todos los países miembros, en cada autonomía, en cada ciudad europea. Para lograr lo que estoy intentando yo esta noche: por lo menos hacer reflexionar a algún que otro euroescéptico que asiste al acto de conmemoración de los 10 años de MUNDIARIO que la Unión Europea sí vale la pena.

Déjenme terminar con unas palabras sobre Oleiros. Conocía la ciudad, pero poco. He disfrutado de ella hoy por la tarde y siempre quedará en mi memoria por el evento de esta noche. Y sobre Galicia: tantas veces la hemos visitado mi mujer y yo, con estancias en ciudades y pueblos como A Coruña, Vigo, Santiago, Ourense, A Toxa, etc., etc., que recordamos con cariño, y con lazos de amistad que hemos podido establecer, por conferencias, seminarios, visitas profesionales y personales, que, si les digo que me siento muy identificado con y cercano a Galicia, pueden creerme. 

José Luis Gómez, Carsten Moser y su nieta Laila. / Xurxo Lobato
José Luis Gómez, Carsten Moser y su nieta Laila. / Xurxo Lobato

Se habrán preguntado quién es esta joven que me acompaña en Oleiros. Es mi nieta Laila, tiene 19 años y estudia Comunicación y Diseño en Milano. A ella casi le toca leer este discurso, porque el domingo pasado no estaba nada claro que podría estar esta noche con ustedes. Arritmias y un pulso demasiado alto complicaban la cosa. Contento estoy. porque Laila haya podido venir a celebrar con nosotros los 10 años de MUNDIARIO. Triste estoy, porque esta vez no me ha podido acompañar mi mujer Tine, también por razones de salud. Ella, que tanto quiere y admira a Galicia. Ella, que tanto disfruta de actos como estos. Ella, que con su carácter positivo, su risa y su buen humor nos alegra nuestra convivencia. Principalmente a ella, compañera de viaje y aventuras desde hace 58 años, pero también a nuestros hijos Christina y Christopher, que tantas alegrías han dado a nuestras vidas, y a nuestros 5 queridos nietos dedico este I Premio Mundiario de Periodismo. De todo corazón. ¡Gracias a ellos y a todos ustedes! @mundiario

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