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MUNDIARIO

Creación literaria

 La creación es la única manera de que no sea estéril la existencia del hombre.

Creación literaria
Jesús María Flores Luna, en catedral de Sevilla / Alejandro Garza Cano.
Jesús María Flores Luna, en catedral de Sevilla / Alejandro Garza Cano.

La creación literaria es encuentro, revelación, ruptura, implosión, transformación, elección, construcción. Es ojos, cristal, espejo, luz y oscuridad, apertura de incontables puertas.

Es el encuentro del que escribe y del universo. Encuentro de realidades. La creación literaria es espermatozoides y óvulo, y Dios mirando; cerrando con su calor solar la bóveda y espacio, de un nuevo universo.

Parece lo anterior, metáforas e imágenes tomadas por un anzuelo al aire, que pesca estrellas luminosas. Y en verdad que son metáfora e imagen, del mismo modo que son hechos y conceptos, en toda una extensión de realidad y verdad.

La creación literaria también es oficio, trabajo, rigor, terquedad, paciencia, desesperanza...

Sin embargo, la creación literaria no sólo son esas verdades y sucesos grandiosos. Prefiero decir, no lo son, si antes no le pre suceden los siguientes términos, hechos, objetos y conceptos que mencionaré, que también son realidad y verdad, con la misma dignidad y compromiso de los anteriores. Así pues, la creación literaria también es oficio, trabajo, rigor, terquedad, paciencia, desesperanza, cordura, obsesión, silla y escritorio, pluma o teclado, manos, perdición y salvación de uno mismo, hambre y sed de la palabra nueva y la frase exacta.

El creador, por su parte, es aquel que vive, experimenta, posee y procura, todas o algunas de las anteriores mencionadas desde el inicio.

La creación es una necesidad y placer de encuentro, de verdad, de hacer que suceda. Lo que es prueba fiel de que la creación es acompañada de la revelación.

La revelación es sentencia, profecía, agua nueva, mirar lo antes visto con ojos nuevos: ojos creadores. La revelación también es profecía continua y en constante movimiento y transformación, ya no sólo se refiere a lo que acontecerá en un futuro, sino a lo que ya acontece en la cotidianidad; lo que ya es profecía cumplida día con día. La revelación, es también un ser nuevo; no sólo venido del pasado o del futuro, sino nacido de su propio presente.

La revelación, en cualquiera de sus formas, viene al encuentro del creador, ya sea por voluntad de ella misma o por gestación en el trabajo del que crea. Y aparece pues, siendo puente y luz fundida con la creación, que juntas darán un fruto, un nuevo ser: la obra.

La obra, hija de la creación y de la revelación, es existente, palpable, visible. La obra existe en sí misma, por la función empalmada de la creación y la revelación. Sin que existir, tenga que ver con calidad.

Formación del creador y sus espacios

El creador se forma en soledad. No una soledad total, sino una acompañada. Es cierto que escribe y lee en su espacio, sea cuál sea: su soledad. Pero hablo del acompañamiento, porque el creador literario en formación, suele nutrirse por lo general y comúnmente, en espacios donde se le permite la reflexión,  comparación, aprendizaje, crítica, construcción de conocimiento, y entre muchas otras cosas, se le permite “ser” fuera de su soledad, lo que es o lo que aspira ser: un creador literario. Estos espacios son los talleres, seminarios y cursos literarios. Sin importar el tipo de metodología.

El taller literario, seminario, o curso literario es encuentro con la palabra. Con el conocimiento. Una de las cosas positivas y ricas de estos, es el acompañamiento de alguien que lo dirige, alguien con experiencia y camino recorrido. No para crear en el tallerista o alumno una conciencia repetida o copia del que imparte, sino para que cada individuo, en ese acompañamiento de pensamientos, logre acercarse cada vez más a una conciencia personal de la literatura y su creación. Cuando hablo de taller quiero decirlo como un lugar en el que se acompaña y se comparte, no un lugar donde se pretende “enseñar a escribir”.

El taller, el seminario y el curso, brinda la posibilidad de llevar la conciencia que ahí se adquiere, a ese trabajo en soledad, que es donde el creador, como tal, se forma realmente.

Al mismo tiempo se lleva ahí (al taller), no sólo en textos, sino en oralidad y comprensión, la conciencia que también surge en soledad. Trabajo de creación en soledad y taller, seminario o curso, son indispensables para la formación del nuevo creador. Yo me he referido al taller y curso, digamos “grupal”, pero incluso dentro de la soledad, no puedo dejar de mencionar, pues es el más importante, existe un taller y curso que se hace uno a uno: libro y creador. Me refiero a ese diálogo y aprendizaje que el creador obtiene a través de la buena literatura y los grandes autores que la han hecho, que en la distancia, pero en la perdurabilidad y el presente de sus obras se vuelven el profesor personal: uno a uno. Así pues, se puede prescindir del taller y curso grupal, como también del seminario, pero jamás del taller y curso uno a uno, jamás del taller y curso en soledad.

A lo anterior, trabajo en soledad, taller y curso grupal, bien conjugado y con trabajo serio yo le nombro pequeña universidad.

Para ser creador no importa qué estudie o qué no estudie un individuo; ninguna carrera está peleada con la creación literaria, cualquier carrera y todo conocimiento sirve para la creación.

Años de taller, curso, seminario y trabajo en creación literaria con seriedad, llegan a graduar al individuo en la materia. Y como en cualquier carrera, el aprendizaje continúa extensamente después de los años de clases. La única diferencia entre la creación literaria (ya sea tomada como diplomado o en talleres diversos) y cualquier otra carrera cursada, es que la creación literaria no tendrá un papel lo suficientemente válido para que se reconozca como estudio; digamos como licenciatura. En México, sólo tengo conocimiento de dos universidades en las que se imparte como licenciatura. Una de ellas es privada y la otra pública. Sin embargo, la creación literaria no forma parte de la oferta académica impartida por el estado. No existe, por tanto, para la sociedad.

El que aspira a ser creador, está obligado a formarse en la soledad (cosa necesaria, aunque hubiese academia) y quizá en los talleres literarios o diplomados, o en una de las dos universidades donde se imparte la creación literaria (en el caso de México), por no dejar de mencionarlas. Lo que vuelve a la creación literaria “un rango de segunda mano” en el sentido de una segunda opción. Pues en la sociedad y en el sistema, se busca la academia. Y no se ha preocupado por introducir a la academia, una de las materias y conocimientos más importantes de la historia. Y que debería serlo, hoy en nuestros días, algo indispensable y necesario en la sociedad.

Se ha pensado, sobre todo por los que no escriben, que la licenciatura en letras es el lugar exacto para los que pretenden escribir. La respuesta para los que saben sobre creación literaria es natural y rotunda: No. Es verdad que la licenciatura en letras, ayuda en algunos casos al que pretende escribir. Incluso se imparten como materias optativas algunos talleres de creación literaria; que también pasan a ser secundarios, pues el estudiante que desea escribir, primero tiene que asegurar la inmensa carga de tarea de todas las materias, antes de pensar y tener tiempo para lograr un buen texto; para entender la creación. Lo que vuelve al futuro creador, estudie la carrera que estudie, o se dedique a lo que se dedique, en un individuo que debe tener la capacidad de desdoblarse para realizar dos cosas: la una y “la de segunda mano” o invertidamente para algunos, primero la literatura y la creación, y después cualquier otra cosa; naturalmente los segundos, son los que después de poner al frente el amor y la terquedad, terminan siendo algunos de los escritores mejor formados, con justicia, pues se espera que todo sacrificio traiga una recompensa.

De tal manera, el que decide hacer algo serio y digno en la creación literaria, se vuelve un ser que busca siempre el espacio para lo que realmente le interesa, por consecuencia que también se convierta, en bastantes ocasiones, en un ser al margen y de un círculo que es de otro universo que el de la mayoría de la sociedad, aunque “especial”. El escritor se vuelve un ser “especial”, un ser “extraño”. Y no tendría porque ser “especial”, aunque a muchos escritores les duela esto. Tendría que ser tan normal, de estudios, experiencia y oficio, como cualquier otro. Es cierto, el que crea literatura se avienta al vacío sin saber qué es lo que habrá; si habrá agua, o no, si habrá mucha o poca. Pero lo mismo hace el abogado, el arquitecto, el músico, etc.

Hoy más que nunca, en que la palabra necesita una seriedad y toma de importancia verdadera, los que pretenden algo con la creación literaria merecen aventarse al vacío, como cualquiera que lo hace en otro conocimiento: desde un lugar y espacio en la academia, si así lo decidiera. (Quiero decir, que por lo menos existiera la opción).

 Hay que recordar que la academia no forma únicamente una especialización. Crea y amplia una parte de la conciencia del individuo. Una licenciatura en creación literaria, tendría que estar compuesta de las materias que se crean necesarias, pero sobre todo y como principal eje de trabajo y estudio, la creación literaria en todas sus formas; sin que las demás materias sofoquen el eje principal: la creación. Esto no quiere decir que se vaya a enseñar a escribir, pero se puede acompañar al creador con un programa que le dé horizontes nuevos en el oficio de hacer.

De esta manera, dándole oportunidad en la academia a la mencionada licenciatura, el creador literario tendría más oportunidad y campo de trabajo, como lo tiene el de cualquier otra licenciatura, por el hecho de ser licenciado (independientemente de que haya o no empleos, o de que el empleo pueda tocar otros campos de conocimiento, pero esto es otro tema y lo padecen bastantes individuos en todas las áreas).

La literatura y los que la crean, siempre van existir, con licenciatura en creación literaria o no. Eso lo sabemos. Porque así ha existido y lo seguirá haciendo. Y la va a seguir habiendo de muy buena calidad y con grandes autores. Para ser creador no importa qué estudie o qué no estudie un individuo; ninguna carrera está peleada con la creación literaria, cualquier carrera y todo conocimiento sirve para la creación. Pero también es cierto que un espacio en la academia, desarrollaría talentos que tal vez nunca hubieran emergido. Sembraría además nuevos estímulos y abriría el espacio para una realidad, a aquellos que han nacido para ello, y sin embargo, en muchas ocasiones, no son conscientes de eso más allá de una actividad recreativa, hobby o algún taller interrumpido.

El peso verdadero de la creación literaria, son los creadores los que lo toman con valentía, los que logran desdoblarse o vivir por la literatura dejando muchas cosas. Lo sabemos, en la mayoría de los casos el creador necesita tener otros empleos para vivir, y obligadamente desdoblarse para crear su obra. Sin embargo, considero que si hubiera la oportunidad y así lo decidiera el creador, no tendría porque desdoblarse también, ya desde los años de universidad (en el sentido de estudiar algo distinto) esos años que son de mucha fecundidad para el creador.

Todo lo mencionado, parece terquedad por exponer que la creación literaria se necesita en la academia; pues es cierto, he dicho de distintas maneras que se necesita. Pero si lo vemos desde otro ángulo, también correcto a mi punto de vista, en realidad no se necesita, y lo sostengo con el mismo entusiasmo, pues así ha sido siempre, también lo he mencionado. La necesidad es de crearle su lugar académico, por crear un nuevo espacio para ese dignísimo conocimiento y oficio, como se le dio a la música, a las artes plásticas, a la danza, al cine y a otras artes por igual. Lo que no tiene que ver, por ejemplo, con que un músico que no pasó por la academia de música pueda ser mucho mejor que el que sí lo hizo. Ni que alguien que cursó hasta sexto de primaria, pueda ser un gran creador literario. Pues el arte y el que lo crea tiene distintas maneras de aprendizaje y de ejecución. Pero por qué no, darle el lugar en la academia a la creación literaria y un espacio más, a parte de los talleres y la obligada soledad. Un nuevo espacio para ello, lograría enriquecer y crear más estímulos.

Formar creadores literarios, es formar seres habituados a la creación de cualquier índole. Seres que comprenden la creación en cualquiera de sus formas como una necesidad. Creadores (y lo digo fuera de referirme al papel) de pensamientos, creadores de lazos nuevos en los que no exista diferencia negativa de raza y cultura, creadores de nuevas formas de hacer política, de nuevas maneras de vivir, de concebir la vida, de construir vínculos con todo aquello que hemos roto. La creación es la única manera de que no sea estéril la existencia del hombre.

La literatura

La literatura abre senderos. Es necesaria para los seres humanos. Muestra al mundo en su más profundo significado de existencia. Es lo bello de lo hermoso, y aún lo bello de lo catástrofe y lo terrible. Concientiza una parte del individuo que la lee. La literatura no sólo es un medio de entretenimiento creado artificiosamente, sino un compromiso con el lenguaje y la imaginación, con lo estético y lo artístico, capaz de tocar tales fibras, que el que la bebe, no vuelve a ser el mismo después de cada libro. La literatura crea seres humanos más felices, no felices en su estupidez, sino felices en los ojos críticos que adquieren los que la leen, ojos limpios y no lagañosos; destierra la idiotez.

 La literatura nos muestra que a partir de la ficción podemos comprender mejor esta realidad, que ha superado a la ficción en muchos de sus casos. La literatura es refugio de nuevas formas de comprender la vida. Nos desagravia de la realidad que algunas veces es terrible y embustera. La literatura no es refugio de cobardes, de personas que le dan la vuelta a la realidad, muy por el contrario, es lugar de donde se extraen nuevos estímulos y pensamientos para afrontar el presente, que siempre está gestado de futuro.

La literatura abre senderos. Es necesaria para los seres humanos. Muestra al mundo en su más profundo significado de existencia

 La literatura, que crea mundos con el lenguaje, posee al individuo para que éste salga a comprender el mundo en nuevas y más claras dimensiones. La literatura nos permite abandonarnos, vivir nuevos universos y vidas de personajes, sentencias y sensaciones de “yo” poéticos con los que nos identificamos y podemos saber que no estamos solos, que no somos los únicos que pasan por ciertas veredas oscuras y otras veces claras. En ocasiones los personajes son tan “lejanos” para nuestro contexto y nuestro ser, pero con la capacidad de acercarse a nosotros y nosotros a ellos, de tal manera que los suframos ya sea de cerca o en su propia piel, o de la misma forma nos alegremos. La literatura nos permite aceptar y comprender, a los que en la realidad, tal vez no hubiéramos comprendido anteriormente. La literatura también, en sus narraciones o versos en que pudiera parecer vil a algunos ojos, nos refleja para recordarnos terriblemente que también somos viles, que también matamos con las armas o la lengua en todas sus formas; que esas líneas parten del hombre y son reflejo del hombre. La literatura humaniza.

Para operar a corazón abierto, se le da el espacio académico al que pretende meterse un día en un quirófano. A partir de la experiencia y la fe literaria, como una actividad y oficio de revelación y creación original, pues Dios, que es creador se manifiesta en el hombre, que a imagen de Dios y conocimiento de lo que aprendió en el paraíso antes de caer en la tierra, también es un creador, puedo decir confiadamente y con certeza, que la creación literaria tiene el mismo grado de importancia y transcendencia que abrir y restaurar un corazón.

Jesús María Flores Luna. Noviembre del 2013, Guadalajara, Jalisco, México. @mundiario