Smart flow: un modelo funcional, flexible, fluido y fácil

Liderazgo smart flow.
Liderazgo smart flow.
La combinación se basa en las competencias emocionales que correctamente gestionadas en clave de roles específicos y efímeros proponen una secuencia sincronizada de procesos y microprocesos.
Smart flow: un modelo funcional, flexible, fluido y fácil

Sabemos que un error en la asignación de tareas causará una desviación en cadena tal que ya no podrá restablecerse la situación de origen. Digamos que la deformación seguirá su curso hasta que la percibamos como normal. Quizás, esto sea lo que está pasando…

Lo cierto es que la actividad funcional, ejecutiva y operativa se ha basado habitualmente en una eficiente aplicación jerárquica combinada con una necesaria formación e información a los individuos, con el objetivo de alcanzar el mayor grado posible de fusión entre “¿Cómo eres?” y “¿Cómo necesita la corporación que seas?”.

Hasta hace bien poco, la primera cuestión ni se plateaba ya que midiendo los “resultados” se decidía si una persona era adecuada o no a lo que la organización requería. Dicha decisión se basaba fundamentalmente en la observación, la cual era alimentada por una empatía creciente potenciada por una actitud infantil y sumisa por parte del evaluado.

En este apartado, el despido era el castigo por la incompetencia y con ello, se conseguía generar miedo y a la vez, elevadas tasas de obediencia.

Con el tiempo, se definió que la procedencia de los resultados provenía de las actividades entre personas. Ante la dificultad de medir los parámetros de carácter individual, la tendencia fue enfocarse a activar medidas colectivas o grupales.

Esto ha tenido una vida corta ya que tardamos poco tiempo en discernir que los resultados grupales eran consecuencia de la conjunción combinada de las actividades individuales.

Aun así, se desarrolló la formación “in company” mientras la actividad de los consultores se dirigía frenéticamente hacia el coaching. Actualmente, se sabe que los resultados no son suficientes para mantener un crecimiento corporativo evolutivo ni para acometer nuevos escenarios. Digamos que “aquello que quieren conseguir las organizaciones no está al alcance de los equipos humanos que poseen”.

Por ello, a menudo, los miembros de un mismo equipo actúan convencidos de su eficacia, acumulando desviaciones con resultados alarmantes.

Esta exigencia competitiva ha desestabilizado la respuesta corporativa ante los retos a los que se enfrenta y se enfrentará. Por ello, se debe asumir que el modelo debe ser modificado ya que se sabe que los resultados no son suficiente garantía de éxito.

Por ello el capital humano deberá estar en condiciones de aportar todo su conocimiento individual para focalizarlo en el trabajo en equipo al margen de la estandarización jerárquica. Estamos ante un escenario donde el liderazgo no puede ser jerárquico. De hecho, cuanto más jerarquía, menos liderazgo.

Se hace preciso aprovechar las competencias, habilidades y destrezas individuales para poder combinarlas adecuadamente. Dicha combinación se basa en las competencias emocionales que correctamente gestionadas en clave de roles específicos y efímeros (con la duración temporal asociada a las tareas y funciones determinadas en el plan de acción), proponen una secuencia sincronizada de procesos y microprocesos. Estamos ante un liderazgo oscilante, combinado y fugaz.

Como puede observar, se trata de un modelo de organización funcional, flexible, fluido y fácil... donde el capital humano participa, colabora y comparte el éxito sin limitaciones jerárquicas.

Por todo ello, tenemos muy claro que el correcto reclutamiento es el origen del éxito o del fracaso.

La matriz recompensa/tiempo en las corporaciones

Según las investigaciones del psicólogo austriaco de origen judío, Walter Mischel, la gratificación aplazada o la demora de gratificación, conocida en inglés como “delay discounting”, representa la capacidad para resistir la tentación de una recompensa pequeña pero inmediata, con el fin de conseguir una mayor recompensa demorada en el tiempo.

Un ejemplo sencillo sería el experimento escolar de poner diferentes niños y niñas, en solitario y en una habitación exenta de decoración, ante el dilema de comerse una “chuchería” y salir corriendo a pegarle patadas a un balón o bien, a recibir dos “chucherías” dentro de un rato, especificando que ese “rato” será dentro de un “buen rato”.

¿Su cálculo? Estadístico, partiendo de la reacción observada utilizando como único patrón, un cronómetro.

El caso es que parece ser que recientemente se han encontrado similitudes genéticas entre personas impulsivas, hiperactivas, fumadoras y obesas. Todo ello ha sido publicado por un equipo de investigadores en una prestigiosa revista científica, aludiendo a que sabemos que el sistema nervioso necesita de un método para discernir entre la gratificación inmediata o la demorada en el tiempo. Digamos que se confrontan la impaciencia y la paciencia.

La verdad es que si un niño elige la opción “pájaro que vuela a la cazuela” y sabiendo que hay muchos pájaros volando, sacará la conclusión que “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Si además sus glándulas salivares se activan como en el caso de los perritos de Pavlov, ya está todo claro. Este joven será tildado de impaciente, hiperactivo, glotón, víctima potencial del vicio fumador y candidato a incrementar sensiblemente su peso.

En cambio, si otro individuo selecciona la opción de esperar para obtener el doble de rendimiento, estaremos ante un ser reflexivo, inteligente y calculador, pero igualmente candidato a engordar. Incluso con mayor pecado, por la alevosía mostrada y demostrada.

El tema está en si medimos su paciencia, su inteligencia o su propensión a acumular kilos.

Por lo tanto, exentos de analítica genética sacamos una conclusión incluso más compleja que una mutación: "Tanto los primeros sujetos como los segundos son proclives a engordar, con todos los riesgos que ello conlleva para su salud". Los primeros, además, son impacientes, atrevidos y rápidos; comen muchas veces pocas cantidades. Los segundos en cambio, se muestran más cognitivos, sensatos y aburridos; comiendo mucha cantidad pocas veces.

Como puede apreciar, personas muy diferentes poseen comportamientos comunes e individuos muy parecidos poseen comportamientos diversos. Por ello, el liderazgo aplicado en este modelo Smart Flow, tal y como se entendía hasta hoy, simplemente no existe. @mundiario

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