Primeras pruebas de consumo de nuez de areca: lo que revelan unos dientes de 4.000 años

Nueces de areca. / Pixabay
Un equipo de investigadores ha descubierto en Tailandia rastros moleculares en dientes humanos que datan de hace cuatro milenios, lo que constituye la prueba directa más antigua del uso de esta sustancia psicoactiva en el Sudeste Asiático.

La práctica de masticar nueces de areca —una tradición profundamente arraigada en el Sudeste Asiático— ha sido estudiada desde una perspectiva etnográfica y cultural. Sin embargo, hasta ahora no existía evidencia directa que permitiera fechar con precisión su antigüedad. Eso cambió gracias a una investigación liderada por el Dr. Piyawit Moonkham, de la Universidad de Chiang Mai, y la Dra. Shannon Tushingham, del California Academy of Sciences, quienes lograron detectar compuestos psicoactivos en la placa dental de un individuo del yacimiento arqueológico de Nong Ratchawat, en el centro de Tailandia.

Desde 2003, en Nong Ratchawat se han excavado más de 150 enterramientos datados de la Edad del Bronce. De uno de ellos —conocido como “Entierro 11”— los investigadores extrajeron muestras de cálculo dental (placa mineralizada) que luego analizaron químicamente. En tres de esas muestras, todas provenientes de un mismo molar, se identificaron dos compuestos clave: arecolina y arecaidina, ambos presentes en la nuez de areca y con efectos conocidos sobre el sistema nervioso central, como mayor estado de alerta, euforia leve y sensación de bienestar.

Más allá de los efectos psicoactivos, la nuez de areca ha cumplido funciones sociales, rituales y medicinales. Su consumo ha sido tradicionalmente parte de ceremonias, acuerdos sociales e incluso prácticas curativas. El hallazgo sugiere que hace 4.000 años estas prácticas ya estaban presentes, aunque no necesariamente institucionalizadas o restringidas a elites, ya que no se ha encontrado evidencia clara de que el individuo tuviera un estatus especial. No obstante, algunos objetos como cuentas de piedra halladas en su tumba podrían proporcionar indicios sobre su identidad o rol comunitario.

El avance metodológico es otro aspecto clave del estudio. Los investigadores simularon el proceso de masticación de nuez de areca en laboratorio utilizando ingredientes tradicionales: nuez seca, hojas de betel, pasta de cal rosa, corteza del árbol Senegalia catechu y, en algunos casos, tabaco. Esta “reconstrucción experimental” les permitió establecer patrones bioquímicos para comparar con las muestras arqueológicas y confirmar la presencia de compuestos activos.

Esta técnica de análisis de cálculo dental no solo revela prácticas de consumo antiguas, sino que lo hace incluso en ausencia de otros rastros arqueológicos visibles, como dientes teñidos o residuos de plantas. Es una vía prometedora para el estudio de otros comportamientos relacionados con el uso de plantas medicinales o rituales en sociedades prehistóricas.

Aunque el consumo de nuez de areca suele teñir los dientes de rojo oscuro, el individuo en cuestión no presentaba estos rastros. Los autores del estudio proponen varias explicaciones posibles: métodos de consumo alternativos, limpieza dental posterior, o degradación de la coloración con el paso del tiempo. La ausencia de manchas no implica necesariamente la ausencia del hábito, como lo demuestra este análisis químico.

El equipo espera aplicar el mismo método a otros enterramientos de Nong Ratchawat y yacimientos similares para comprobar la extensión y diversidad del uso de la nuez de areca en el pasado. También se contempla la posibilidad de rastrear otras sustancias psicoactivas o medicinales usadas por culturas antiguas.

El hallazgo no solo documenta el uso más antiguo conocido de nuez de areca en el Sudeste Asiático, sino que también pone en valor la capacidad de la ciencia arqueológica para recuperar aspectos cotidianos o simbólicos de la vida antigua que han permanecido ocultos. @mundiario