Un pequeño murciélago desafía la biología: caza como un león y logra el doble de éxito

Murciélago de labios con flecos (Trachops cirrhosus). / Lars Heiden - STRI - Fundación Nacional de Ciencias de EE UU
Un estudio revela que un diminuto murciélago de Panamá redefine las reglas de la depredación al emplear una estrategia similar a la de los grandes felinos para cazar presas casi tan grandes como él.

Un equipo de científicos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) ha descubierto que el murciélago de labios con flecos (Trachops cirrhosus), un pequeño carnívoro de apenas 30 gramos, caza con la precisión, la paciencia y la eficacia de un león.

El estudio, publicado en la revista Current Biology, demuestra que este pequeño depredador ha perfeccionado una estrategia energética que desafía las leyes biológicas conocidas: consumir casi su propio peso en una sola comida y hacerlo con un gasto mínimo de energía.

Para desentrañar cómo cazan estos animales en la selva panameña, los investigadores equiparon a veinte murciélagos con diminutas mochilas electrónicas —“biologgers”— capaces de registrar cada movimiento y sonido del entorno. Los datos revelaron un comportamiento insólito: los murciélagos no persiguen a sus presas, sino que adoptan una táctica de “esperar y atacar”, similar a la de los grandes felinos. Suspendidos en la oscuridad, escuchan los sonidos de sus víctimas —principalmente ranas, aves o pequeños mamíferos— y, cuando detectan la oportunidad, lanzan un ataque rápido y preciso.

En el reino animal, el tamaño suele determinar la estrategia de caza. Los grandes depredadores, como los leones o los osos polares, pueden permitirse largas esperas y fracasos repetidos, gracias a sus reservas energéticas y su metabolismo más lento. Los pequeños, por el contrario, dependen de presas abundantes y fáciles de atrapar para mantener su ritmo vital acelerado. Sin embargo, Trachops cirrhosus rompe esa norma: es un carnívoro minúsculo que elige presas grandes, escasas y difíciles de cazar.

La clave, según el estudio, está en su eficiencia. Los sensores mostraron que los murciélagos pasaron el 89% de su tiempo inmóviles, conservando energía. Sus ataques, en cambio, son breves y certeros: el vuelo de caza promedio dura apenas ocho segundos, y su tasa de éxito alcanza el 50%, muy por encima del 14% de los leones o el 2% de los osos polares.

La paciencia del cazador invisible

Los científicos descubrieron que estos murciélagos combinan tres sistemas de percepción para detectar a sus presas: ecolocalización, visión y una audición de baja frecuencia extremadamente sensible. Esta última les permite “espiar” los sonidos que emiten sus presas, especialmente las llamadas de apareamiento de las ranas.

“Fue increíble descubrir que estos murciélagos cazan como grandes depredadores atrapados en cuerpos diminutos”, explicó la investigadora principal, Leonie Baier, becaria Marie Skłodowska-Curie en la Universidad de Aarhus y asociada al STRI. “En lugar de pasar toda la noche volando, esperan pacientemente, atacan con gran precisión y, a veces, logran capturar presas enormes y ricas en energía. El hecho de que un animal tan pequeño pueda hacerlo nos obliga a replantear muchas de nuestras suposiciones sobre la caza y la fisiología”.

El equipo documentó que las presas podían llegar a representar hasta el 7% del peso corporal del murciélago; es decir, un equivalente humano sería una persona de 70 kilos devorando una comida de cinco. En casos extremos, los murciélagos lograron capturar ranas casi tan grandes como ellos mismos, como la rana gladiadora de Rosenberg, que puede alcanzar los 20 gramos.

Los registros acústicos también revelaron que las comidas podían durar hasta 84 minutos, y que los murciélagos más viejos manejaban mejor las presas grandes, lo que sugiere un proceso de aprendizaje progresivo. La especie, de hecho, es conocida por su capacidad de recordar los sonidos de las ranas durante años y aprender nuevas técnicas observando a otros individuos.

“Queríamos entender qué hacen realmente estos murciélagos en la oscuridad, así que decidimos escucharlos, tal como ellos escuchan a sus presas”, señaló Laura Stidsholt, profesora asistente en Aarhus y autora principal del estudio. “Gracias a nuestros registradores de sonido y movimiento de alta resolución, pudimos reconstruir secuencias completas de caza en libertad. De ese modo, experimentamos el bosque a través de los oídos del murciélago, y descubrimos un mundo oculto de paciencia, precisión y supervivencia en la noche”.

El hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre la biología de los murciélagos, sino que cuestiona una idea central de la ecología: que el tamaño corporal determina la estrategia de caza. Trachops cirrhosus demuestra que la inteligencia sensorial, la eficiencia energética y la capacidad de aprendizaje pueden compensar la desventaja del tamaño. @mundiario