Los niños con síndrome de Down eran tratados con aprecio en la Prehistoria
Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva han revelado un intrigante descubrimiento relacionado con antiguas prácticas funerarias en el valle del Ebro. Hace más de 3.000 años, una comunidad que practicaba la incineración de sus muertos, perteneciente a la cultura de los pueblos de Campos de Urnas, enterraba de manera especial a niños con trisomías cromosómicas. La revelación se basa en un novedoso análisis de ADN antiguo desarrollado por científicos del instituto alemán.
El estudio, publicado en Nature Communications, examinó datos genéticos de 9.855 individuos de diversas épocas, identificando siete casos de trisomía, todos ellos en niños de corta edad. Cuatro de estos casos provienen de yacimientos en Navarra, España, datando entre 2.800 y 2.400 años. El hallazgo más antiguo corresponde a un niño de seis meses encontrado en Bulgaria hace unos 4.900 años, mientras que el más reciente es del siglo XVII en Helsinki, Finlandia.
Los científicos emplearon un método innovador que analiza el porcentaje de ADN en una muestra comparado con otras, identificando trisomías en los cromosomas 18 y 21. Este enfoque ha permitido confirmar malformaciones cromosómicas en los restos óseos de estos niños, proporcionando evidencia de la existencia de trisomías 18 y 21 en poblaciones antiguas.
El peculiar patrón de enterramiento observado en estos niños sugiere que, a pesar de la elevada mortalidad infantil en el pasado, estos individuos fueron seleccionados para ser enterrados de manera especial. La práctica de enterrar a los más pequeños bajo el suelo de las casas, en lugar de incinerarlos, resalta la importancia que la comunidad otorgaba a estos niños.
Este descubrimiento arroja luz sobre las complejidades de las prácticas funerarias y la percepción de diferencias genéticas en sociedades antiguas. Aunque el análisis genético ofrece valiosa información, la interpretación de la relación entre estas trisomías y el tratamiento especial requiere más investigación multidisciplinaria. Este estudio contribuye no solo a la arqueología genética, sino también a la comprensión de las complejas interacciones entre la genética, la cultura y las prácticas sociales en el pasado. @mundiario