Así funciona Neo, el robot humanoide que aprende del hombre a través de la realidad virtual
La llegada de Neo, el primer robot humanoide diseñado para convivir con humanos en casa, marca un punto de inflexión en la carrera de la inteligencia artificial aplicada al entorno doméstico. Fabricado por la compañía noruega 1X, este androide mide 1,70 metros, pesa unos 30 kilos y promete encargarse de labores tan diversas como limpiar, regar plantas, ordenar la casa o guardar la compra.
A la venta a partir de 2026 por 20.000 dólares (17.060 euros) —o mediante suscripción por 499 dólares mensuales—, Neo busca ser lo que los ordenadores personales fueron en los años ochenta: una tecnología de vanguardia con potencial de transformación social.
Pero tras la apariencia futurista del proyecto se esconde una estrategia de aprendizaje que ha generado debate. Neo no llegará al mercado sabiendo hacer todo lo que promete. Aunque cuenta con un modo autónomo básico, su aprendizaje depende inicialmente del control remoto de teleoperadores humanos equipados con cascos de realidad virtual.
Estos operadores —ubicados en distintos países— se conectarán a los robots en los hogares de los primeros clientes para ejecutar las tareas en su lugar. Mientras tanto, el sistema de inteligencia artificial de Neo, denominado EVE, observará y aprenderá cada movimiento.
El planteamiento de 1X es radicalmente diferente al de competidores como Tesla y su robot Optimus. En lugar de dejar que la IA aprenda por ensayo y error, un proceso costoso y arriesgado, 1X apuesta por que los humanos enseñen directamente a las máquinas.
Según su fundador, Bernt Bornich, esta metodología permitirá a Neo desarrollar una inteligencia práctica basada en la observación y la repetición, más parecida al aprendizaje humano. El objetivo final, asegura, no es solo limpiar cocinas, sino acercar a la industria al ideal de la Inteligencia Artificial General (AGI): una IA capaz de pensar y actuar como una persona.
Sin embargo, esta estrategia implica una consecuencia delicada: para aprender, Neo debe observar. Y esa observación puede incluir la vida privada de los usuarios. Durante las fases iniciales de aprendizaje, los teleoperadores humanos podrán ver lo que Neo ve, accediendo a espacios domésticos y registrando datos que la compañía usará para mejorar su sistema. Según The Wall Street Journal, que tuvo acceso a una prueba del robot, un representante de 1X podría incluso “asomarse al hogar” a través de los ojos del androide para realizar determinadas tareas.
Ante las preocupaciones sobre la privacidad, 1X ha desarrollado una aplicación que permite definir cuándo y cómo el teleoperador puede acceder al robot. La app incluye herramientas para difuminar rostros, restringir zonas del hogar e impedir que se recojan imágenes sensibles. Bornich reconoce que el sistema podría no ser infalible, pero sostiene que cuenta con “múltiples salvaguardas” para proteger al usuario.
A nivel técnico, Neo integra un modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM), similar al de los chatbots más avanzados, lo que le permite aprender preferencias, hacer recomendaciones y mantener una conversación fluida. Está equipado con conexión WiFi, Bluetooth, altavoces y manos robóticas capaces de levantar hasta 70 kilos, un nivel de fuerza que refuerza tanto sus posibilidades como los temores sobre su control y seguridad.
En el contexto competitivo, 1X se adelanta a Tesla, cuyo robot Optimus sigue en fase de desarrollo. Mientras Elon Musk afirma que la robótica será “el producto más grande jamás creado”, 1X busca adelantarse con un modelo que mezcla automatización y supervisión humana. Neo es, en ese sentido, tanto un avance tecnológico como un experimento social: la materialización del deseo de trasladar la inteligencia artificial del mundo digital al físico.
Pero la pregunta sigue abierta: ¿es Neo realmente autónomo o simplemente un intermediario entre los humanos y las máquinas? Su éxito inicial dependerá no solo de su eficiencia técnica, sino también de la confianza que logre generar entre los consumidores. En última instancia, el reto no es solo que la inteligencia artificial piense o actúe, sino que lo haga sin convertir los hogares en un laboratorio de datos global. @mundiario