En Norteamérica, el cambio climático debilita el néctar y pone en riesgo a las mariposas monarcas
La migración de la mariposa monarca es uno de los fenómenos naturales más estudiados y admirados del continente americano. Cada otoño, millones de estos insectos recorren hasta 3.000 kilómetros desde Canadá y el norte de Estados Unidos hasta los bosques montañosos de México.
Durante décadas, la ciencia ha documentado las múltiples amenazas que enfrenta esta especie: pérdida de hábitat, uso de pesticidas y eventos climáticos extremos. Sin embargo, una nueva investigación apunta a un factor menos visible, pero potencialmente decisivo: el deterioro del néctar de las flores provocado por el calentamiento global.
El estudio, liderado por la ecóloga Heather Kharouba, de la Universidad de Ottawa, y publicado en Global Change Biology Communications, analiza cómo el aumento de la temperatura puede alterar la calidad y el suministro de néctar, el principal combustible energético de las monarcas durante su migración.
La conclusión central es inquietante: incluso un incremento térmico moderado puede reducir el valor nutricional de este recurso, con consecuencias directas sobre la capacidad de las mariposas para acumular reservas de grasa.
A diferencia de otros trabajos centrados exclusivamente en los insectos, esta investigación puso el foco en las plantas de las que dependen las monarcas. Durante el verano de 2023, el equipo diseñó un experimento de campo en el Fletcher Wildlife Garden, en Ottawa, donde calentaron de forma controlada plantas nectaríferas de floración tardía, sin alterar la temperatura ambiente que experimentaban las mariposas. El aumento fue de apenas 0,6 grados centígrados, una cifra que encaja con escenarios realistas de calentamiento regional.
El diseño experimental permitió aislar un factor clave: no se trataba de que las mariposas sufrieran estrés térmico directo, sino de que su alimento cambiaba.
Los resultados mostraron que las flores expuestas a temperaturas ligeramente más altas producían menos néctar y que este contenía menores concentraciones de azúcar. Como consecuencia, las monarcas que se alimentaron de estas flores acumularon cerca de un 25 % menos de grasa corporal que aquellas que se nutrieron de plantas no calentadas.
Este hallazgo es especialmente relevante porque la grasa es el “combustible” que sostiene la migración. Las monarcas no solo necesitan energía para volar largas distancias, sino también para sobrevivir durante el invierno en sus áreas de hibernación. El estudio demuestra que, aunque las mariposas podían alimentarse libremente, no lograban compensar la menor calidad del néctar simplemente comiendo más. En términos ecológicos, el recurso seguía presente, pero había perdido valor funcional.
Los investigadores interpretan estos resultados como un ejemplo de impacto indirecto del cambio climático. No es la temperatura elevada la que afecta directamente a las mariposas, sino la forma en que el clima altera las interacciones entre especies, en este caso entre plantas e insectos. Este tipo de efectos secundarios es más difícil de detectar, pero puede ser igual o más determinante que los impactos directos.
El trabajo también sugiere implicaciones más amplias. Si las plantas reducen la producción o la calidad del néctar en condiciones más cálidas, no solo las monarcas se verán afectadas, sino también otros polinizadores migratorios o residentes que dependen de los mismos recursos.
Además, el estudio pone el acento en un momento crítico del año: el final del verano y el inicio del otoño, cuando las monarcas necesitan maximizar sus reservas energéticas antes de emprender el viaje hacia el sur.
Aunque la investigación se desarrolló a escala local, sus conclusiones apuntan a procesos que podrían estar ocurriendo en amplias regiones de Norteamérica. El valor del estudio reside precisamente en su enfoque experimental y en la claridad con la que conecta un cambio climático aparentemente pequeño con una respuesta biológica medible.
Como señalan los autores, entender estas dinámicas es esencial para interpretar por qué las poblaciones de monarca siguen mostrando vulnerabilidad pese a los esfuerzos de conservación centrados en el hábitat. @mundiario