La memoria olvidada: ¿qué pasa con los recuerdos de la infancia temprana?

Un niño con sus juguetes. / Pixabay.
Un nuevo estudio sugiere que los bebés realmente forman recuerdos, pero estos parecen desvanecerse antes de los seis años.

Durante mucho tiempo, los expertos han debatido sobre el fenómeno de la amnesia infantil: esa extraña incapacidad de recordar eventos significativos de nuestra primera infancia. Mientras que algunos, como Sigmund Freud, atribuyeron esta falta de recuerdos a la represión de experiencias consideradas inaceptables, otros se han enfocado en la inmadurez del cerebro infantil como causa principal. La hipótesis más aceptada hasta ahora sugería que el hipocampo, la región cerebral encargada de almacenar recuerdos, no estaba lo suficientemente desarrollado en los primeros años de vida para almacenar memorias duraderas.

Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Science por un equipo de investigadores de la Universidad de Yale podría cambiar nuestra comprensión de este misterio. Los científicos, utilizando técnicas avanzadas de imágenes cerebrales (fMRI), expusieron a bebés de entre cuatro meses y dos años a una serie de estímulos visuales, como caras y objetos, y monitorizaron su actividad cerebral. Los resultados fueron reveladores: cuando los bebés mostraban un mayor interés en una imagen ya vista, su actividad en el hipocampo indicaba que recordaban la imagen, lo que sugiere que la capacidad de formar recuerdos está presente desde edades muy tempranas.

A pesar de esta capacidad para almacenar memorias, la gran pregunta sigue siendo: ¿por qué no recordamos estos eventos cuando crecemos? Los investigadores, liderados por Nick Turk-Browne, apuntan a que los recuerdos formados en la primera infancia podrían ser inaccesibles debido a los cambios en la forma en que el cerebro procesa la información a medida que crecemos. A medida que adquirimos lenguaje y conceptos abstractos, los recuerdos infantiles podrían quedar "bloqueados" por un procesamiento cerebral distinto, dificultando su recuperación.

La información si se almacena

Uno de los hallazgos más intrigantes del estudio es que, aunque los recuerdos parecen desvanecerse antes de los seis años, podrían persistir de manera efímera en el cerebro. Según los investigadores, las memorias de la infancia temprana podrían almacenarse de forma temporal, pero los "términos de búsqueda" que permitirían recuperarlas en el futuro no se desarrollan correctamente. Este fenómeno recuerda a lo que ocurre en los adultos con amnesia, donde la información se almacena, pero no se puede acceder a ella.

El neurocientífico Santiago Canals, del Instituto de Neurociencias de Alicante, afirma que este estudio refuerza lo que ya se sabía: que los bebés almacenan recuerdos. Sin embargo, aún queda pendiente responder a la pregunta crucial: ¿qué ocurre con estos recuerdos? ¿Desaparecen de forma natural o se convierten en inaccesibles por un cambio en nuestra capacidad de procesar experiencias?

El estudio también abre una puerta a futuras investigaciones sobre cómo podríamos, en el futuro, acceder a estos recuerdos infantiles. Turk-Browne sugiere que el futuro de la ciencia de la memoria podría centrarse en identificar recuerdos que, aunque formados en la infancia, puedan ser procesados de manera similar en etapas posteriores de la vida, como los olores o los rostros.

En un campo paralelo, la investigación con animales también está logrando avances notables. Investigaciones con ratones han demostrado que, mediante estimulación directa del hipocampo, es posible reactivar memorias perdidas de la infancia. Aunque esta técnica es aún inviable en seres humanos, abre la posibilidad de que algún día podamos recuperar recuerdos que, en teoría, nunca deberíamos haber olvidado. @mundiario