¿Un lenguaje secreto bajo el mar? Las sepias podrían estar “saludándose” con señales de brazos
Las sepias siempre han fascinado a los biólogos por su capacidad para cambiar de color y camuflarse casi instantáneamente. Pero ahora, esta especie podría presentar una habilidad aún más compleja: la comunicación mediante gestos. En una reciente investigación liderada por Sophie Cohen-Bodénès y Peter Neri, neurocientíficos de la Escuela Normal Superior en París, se observó a estos invertebrados marinos realizando movimientos específicos con sus brazos, posiblemente como forma de interacción entre individuos.
El hallazgo, publicado como preprint en el servidor bioRxiv, detalla cuatro señales gestuales principales que las sepias repetían en distintas situaciones: "arriba", "lateral", "enrollado" y de "corona". Cada gesto implica una postura o movimiento singular de sus ocho brazos: desde levantarlos como una antena hasta enrollarlos bajo la cabeza o formar una estructura semejante a una corona.
Aunque los investigadores son cautelosos y evitan afirmar que se trata de un “lenguaje” en sentido estricto, los gestos parecen tener un propósito comunicativo. Las sepias no solo reaccionaron al ver otros individuos realizar los gestos en tiempo real, sino que también respondieron cuando se les mostró vídeos de ellos. Incluso, al reproducir vibraciones submarinas generadas por estos movimientos, las sepias devolvían gestos similares, lo que sugiere una forma de “escucha” háptica o sensorial mediante ondas de presión en el agua.
Estos resultados sugieren que las señales podrían tener significados específicos según el contexto, ya sea para identificar aliados, alertar de depredadores, competir o incluso interactuar con otros individuos o especies durante la caza. La posibilidad de que estas señales sean parte de una “gramática” gestual rudimentaria en sepias aún está por confirmarse, pero el comportamiento observado presenta una coherencia que no parece aleatoria.
El descubrimiento de estos gestos no es menor. En el reino animal, la comunicación suele estar dominada por señales acústicas (como en aves o cetáceos), químicas (como en insectos) o visuales simples (colores, posturas). Sin embargo, encontrar patrones gestuales complejos en invertebrados marinos plantea preguntas fundamentales sobre la evolución de la inteligencia y la comunicación no verbal.
Si estas señales tienen una estructura repetible y contexto-dependiente, podrían considerarse un sistema de signos. Aunque es prematuro hablar de “lenguaje” en un sentido humano, lo observado en las sepias se acerca a los niveles más básicos de simbolismo conductual.
El hecho de que estas conductas se hayan registrado en dos especies diferentes —Sepia officinalis y Sepia bandensis— refuerza la idea de que podrían ser parte de un repertorio más amplio dentro del grupo de los cefalópodos. Cabe destacar que estas dos especies no comparten hábitat, lo que sugiere que estos gestos no son aprendidos por imitación sino innatos, al menos en parte.
Una inteligencia subestimada
El hallazgo también contribuye al creciente reconocimiento de la inteligencia de los cefalópodos, particularmente de las sepias, que han sido tradicionalmente eclipsadas por sus primos, los pulpos. Estudios previos ya han demostrado que las sepias pueden planificar a futuro, resolver problemas complejos y tomar decisiones sociales, capacidades que anteriormente se atribuían solo a mamíferos y aves.
El uso potencial de señales gestuales coordinadas y la percepción de vibraciones subacuáticas apuntan a un grado de sofisticación que obliga a repensar cómo entendemos la inteligencia animal fuera del paradigma mamífero.
La posibilidad de que estas sepias hayan desarrollado un sistema de señales multi-modal —visual y táctil a través de vibraciones— es fascinante. En contextos donde el sonido es difícil de propagar o donde la visibilidad es limitada, este tipo de estrategias comunicativas son poco comunes.
Por el momento, los científicos insisten en que se necesita más investigación para comprender el significado exacto de los gestos y establecer si realmente cumplen con los criterios de un lenguaje funcional. Herramientas como el aprendizaje automático podrían ayudar a analizar grandes cantidades de vídeo y patrones de comportamiento para buscar correlaciones más sólidas. @mundiario