Inteligencia artificial: de cara al futuro

La humanidad frente a la inteligencia artificial. / RR SS
La humanidad frente a la inteligencia artificial. / RR SS

La Inteligencia Artificial ha venido para quedarse, y con ello, a cambiar la forma de vida del ser humano, lo cual supone múltiples interrogantes en el marco de lo legal, lo ético, lo bueno y lo malo

Inteligencia artificial: de cara al futuro

Hablar de Inteligencia Artificial o IA supone muchas interrogantes, muchas dudas en el marco de lo desconocido de cara al futuro, de lo que habrá de venir y de lo que llega constantemente con base en los avances tecnológicos que caminan a pasos acelerados en nuestros días. Avances que, quizá, unos asumen como progreso y otros no tanto. Sea como fuere, lo cierto es que la Inteligencia Artificial ha venido a cambiar la forma de vida del ser humano sin que siquiera lo percibamos. Hoy encontramos IA en todas partes, desde los teléfonos móviles a los que nos hemos acostumbrado como si de una extensión de nuestro cuerpo se tratara, hasta los algoritmos que muchas veces deciden por nosotros en las denominadas redes sociales de Internet. Los autos de última generación; los televisores en los que disfrutamos las series de moda; las tablets; los dispositivos para escuchar música y hasta las cafeteras y los hornos de microondas tan comunes actualmente en muchos hogares, cuentan con algún artilugio (o gadget, para utilizar un término más sofisticado o de moda quizá), que utiliza algún tipo de Inteligencia Artificial cuyo funcionamiento o propósito verdadero seguramente desconocemos las más de las veces. No obstante, nos hemos acostumbrado a su existencia y lo hemos aceptado ―insisto― sin que siquiera nos percatemos de ello. Y, como todo en la vida, siempre habrá quienes estén a favor y quienes en contra.

Ahora bien, existen en esa dinámica de la discusión provocada por algunas reflexiones con respecto a la vida humana en sociedad dada la existencia de la IA en nuestra cotidianidad, preguntas que remiten a cuestionar el futuro de la humanidad, es decir, preguntas como: qué ocurrirá con los trabajos que hoy existen y que paulatinamente empiezan a ser realizados por máquinas que sustituyen a uno o más individuos; qué sucederá cuando los algoritmos diseminados por el ciberespacio nos digan exactamente lo que debemos hacer; qué sucederá cuando, como producto de la identificación facial ya no podamos disponer de nuestra privacidad porque podremos ser ubicados en cualquier sitio en tiempo real… Todo ello, de hecho, ya es posible. Está ocurriendo ahora mismo. Y lo cierto es que el cuestionamiento trasciende lo simplista. Sobre todo, cuando intentamos encontrar respuestas a aquello que eventualmente podría ocurrir como producto de un error. El ser humano comete errores (evidentemente), y, aunque pueda parecer exagerado o incluso excesivamente fantasioso, la pregunta es válida: ¿qué ocurriría, por ejemplo, si con base en un error humano, la IA cobrara una suerte de conciencia que el mismo ser humano no fuera capaz siquiera de intuir?... Los escenarios, ciertamente, pueden ser diversos. Y ello puede conducirnos a nuevos cuestionamientos e incluso al aparecimiento de nuevos derechos y nuevas obligaciones.

La existencia de la denominada Inteligencia Artificial, sin duda, supone en sí misma un cúmulo de interrogantes con respecto al futuro, de lo que habrá de venir conforme el tiempo sigue su curso, más allá de los escenarios de ficción o incluso apocalípticos que puedan conjeturarse en virtud de los avances tecnológicos. Hace pocos días, Sophía, androide con ciudadanía saudí, declaró en una entrevista a un medio internacional que le gustaría tener un bebé y formar una familia. Aunque para muchos, tal aseveración suene disparatada o distópica, lo cierto es que ello pone sobre la mesa varios temas cuya discusión seria y concienzuda tendrá que sostenerse tarde o temprano, queramos o no. La Inteligencia Artificial ha venido para quedarse y con ello a cambiar la forma de vida del ser humano. El avance de la tecnología es un proceso que no se puede detener puesto que es una de las razones que mueven el desarrollo humano, así ha sido desde el inicio de la humanidad y así seguirá siendo, sin duda. Y, como ya se adelantaba, para todo en la vida, independientemente de las razones, siempre habrá quienes estén a favor y quienes en contra.

Ahora bien, ello también supone otras múltiples interrogantes en el marco de las dicotomías de lo legal y lo ilegal, lo ético y lo no ético, lo bueno y lo malo, etc. Y aunque en algunos casos los temores pueden ser infundados o carezcan de importancia en el corto plazo, en otros, la preocupación e incertidumbre pueden ser una cuestión legítima cuya pretensión quizá simplemente vaya en la dirección que marca algún instinto de protección y supervivencia. Quién sabe. Hoy, las preocupaciones del mundo puede que sean otras. No obstante, mientras unos vemos en una dirección sin prestar atención a un panorama más amplio, otros (parafraseando un viejo refrán popular) ya vienen de regreso cuando muchos apenas empezamos a caminar el trayecto. @mundiario

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