Halos de materia oscura: la nueva clave para entender los “pequeños puntos rojos” del universo

Las galaxias distantes aparecen dispersas en esta imagen de campo profundo del Telescopio Espacial James Webb son los misteriosos “pequeños puntos rojos”. / NASA - ESA - CSA - STSc
Un estudio sugiere que estas estructuras, con rotación extremadamente lenta, podrían ser la causa de uno de los fenómenos más enigmáticos detectados por el telescopio James Webb: galaxias tempranas, compactas y brillantes.

La reciente investigación publicada en The Astrophysical Journal Letters por el astrofísico Fabio Pacucci y el físico teórico Abraham Loeb introduce una hipótesis que podría resolver un misterio que ha desconcertado a la comunidad científica desde la llegada del telescopio espacial James Webb (JWST). Estas diminutas y lejanas galaxias, invisibles para telescopios anteriores, destacan por su brillo, color rojo intenso y tamaño compacto, características que hasta ahora parecían difíciles de explicar.

Los “pequeños puntos rojos” fueron observados en una etapa temprana de la historia cósmica, cuando el universo tenía alrededor de mil millones de años, en plena “aurora cósmica”. Aunque miden apenas una décima parte de una galaxia típica, presentan una luminosidad inesperadamente alta. El color rojizo sugiere que están envueltas en polvo cósmico o que contienen poblaciones estelares envejecidas, pero su densidad central desafía las teorías actuales sobre la formación galáctica.

Hasta ahora, el debate se centraba en si su luz proviene de estrellas o de agujeros negros supermasivos en su núcleo. Si fuese lo primero, la densidad estelar sería tan elevada que resultaría difícil de sostener en un marco teórico convencional. Si fuese lo segundo, los agujeros negros tendrían un tamaño inusualmente grande para un sistema tan pequeño.

Pacucci y Loeb decidieron apartarse de esa dicotomía para explorar el origen estructural de estos objetos. Su propuesta se basa en la física de los halos de materia oscura, estructuras invisibles que actúan como “andamios” gravitacionales para la formación de galaxias. En particular, se enfocaron en un caso extremo: halos con un momento angular extremadamente bajo, situados en el 1% más lento de toda la distribución de rotaciones.

La idea es simple en su analogía pero profunda en sus implicaciones. Un halo que gira rápido dispersa la materia hacia regiones más externas, generando galaxias más extensas. En cambio, un halo que gira lentamente concentra la masa en el centro, lo que favorece la formación de estructuras mucho más compactas. Esto explicaría tanto el tamaño reducido como la alta densidad observada en los “pequeños puntos rojos”.

El modelo también ofrece una explicación para su rareza. Al representar solo el 1% de la población de halos de materia oscura, estas formaciones serían poco frecuentes, aunque más comunes que los cuásares. Además, su presencia estaría limitada a un periodo específico de la historia del universo: en etapas posteriores, los halos crecen, aumentan su rotación y dejan de poder producir galaxias tan compactas.

Otro punto relevante del estudio es que, aunque no determina de forma definitiva si estas galaxias están impulsadas por estrellas o agujeros negros, sí sugiere que el entorno de un halo de baja rotación es ideal para el crecimiento rápido de ambos. La concentración de materia en el núcleo central facilita la formación acelerada de estrellas o la alimentación eficiente de un agujero negro incipiente.

Observaciones espectrales han detectado en algunos de estos puntos líneas de emisión anchas, posibles indicios de actividad de agujeros negros, aunque sin la radiación de rayos X típica de estos fenómenos. Esto abre nuevas preguntas sobre su naturaleza energética y evolución futura.

La investigación de Pacucci y Loeb es, en palabras de sus autores, un paso inicial para comprender mejor la relación entre la formación de las primeras galaxias y la aparición de los primeros agujeros negros supermasivos. El equipo planea ahora buscar galaxias cercanas con propiedades similares para determinar en qué se transforman con el paso del tiempo.

Si la hipótesis de los halos de baja rotación se confirma, los “pequeños puntos rojos” dejarían de ser una rareza inexplicable para convertirse en piezas clave del rompecabezas cósmico, ofreciendo pistas sobre cómo las condiciones iniciales del universo moldearon su arquitectura a gran escala. @mundiario